Presenta:

Errores que cuestan caro: preámbulo de un descenso

¿Puede un dirigente traer a un jugador pensando que es otro? La respuesta es sí, aunque suena raro imaginar la situación. Ocurrió en Godoy Cruz, más de una vez.
Foto: NA
Foto: NA

Una hermosa tarde de otoño, mientras disfrutábamos de una linda picada en la plaza departamental de Godoy Cruz, un allegado al club Bodeguero nos comentó algunas distracciones dirigenciales que le costaron el descenso al Expreso en su primera participación en el circulo de privilegio del fútbol argentino.

Mientras se ensañaba vilmente con las aceitunas negras comentó que Rolando Bogado llegó al Tomba a comienzos de la temporada 2006/07 por un error. Este individuo, que aún no sabemos en que puesto se destacaba, nunca jugó.

El entrenador de turno, en aquel tiempo, Juan Manuel Llop, no les habrá pedido a los dirigentes un A-bogado para arreglar algunos temitas legales, preguntamos con sorna, a lo que el compañero de mesa respondió: “Hay dos versiones: una es que se equivocaron de Bogado, porque al que querían era Víctor Bogado que jugaba en Olimpia. Y la otra es que era ese jugador, pero venía de una lesión y nunca se recuperó".

De igual manera el error es grave. Contratar a un jugador sin saber como está en la actualidad puede costar la categoría, y eso pasó.

A esta altura, nuestro informante era dueño absoluto de la charla, la picada y la bebida. El tipo se envalentonó cuando pedimos otro trago y aseguró que nos iba a contar algo que no tenía en planes vociferar.

Confesó que cuando Llop pidió a Buján para jugar en Primera, los dirigentes cansados de errarle a las peticiones del entrenador, contrataron a los dos: Esteban y Hernán.

Lo positivo es que más allá de traer a los dos, el que pidieron llegó. Menos mal que Arturo Bujan se retiró del fútbol sino hubiesen sido tres.

Quedaba un solo queso en el plato y los tres palillos quisieron capturarlo. Me resigne a la causa y pregunté. ¿Qué fue de la vida de Julio Martínez? porque el delantero llegó este campeonato y tampoco se colocó la casaca del Expreso. ¿Equivocación dirigencial o simple capricho del DT, en ese momento Oldrá?. Me clavó los ojos y me dijo: “La verdad no sé... para colmo ese paraguayo fue carísimo”.

La charla seguía y nuestras expresiones eran cada vez más alargadas. La picada quedó corta, tuvimos que redoblar la apuesta. Sin que nadie preguntara se largó a la ruta de la confesión.

Luis Armando Ovelar también fue una equivocación; el pretendido era Roberto Ovelar, su hermano goleador de Cerro Porteño y en San Martín de Perú. Pero otra vez hubo un error de comunicación.

Eso fue todo. Nuestro John Watson miró el reloj, prendió un cigarro y salió presuroso para cumplir las reglas del local. Ya sin el pucho en la mano nos comunicó su partida. Una reunión de último momento suspendió la charla.

Nos quedamos mirando la mesa ya vacía, dudando de todo. Sin creer en tales equivocaciones. Sólo algo quedó claro, si esta confesión es real: ojalá no se repita. Si una vez se pagó caro, la segunda vez vendrá con intereses.