Increíbles estupideces que hacen algunos youtubers

Los canales de la plataforma de vídeos online son capaces de publicar cualquier atrocidad bajo el lema de "solo es una broma": mirá ejemplos.
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MDZ Curiosas

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Increíbles estupideces que hacen algunos youtubers

Los ataques con ácido en Reino Unido se triplicaron desde el año 2014 hasta el 2017. Cientos de personas fueron atacadas con este corrosivo líquido sin razón alguna y, en la mayor parte, por desconocidos. Dentro de este contexto no es muy acertado realizar un vídeo para Youtube en el que se arroja agua sobre personas aleatorias. Esto es lo que ha hecho Arya Mosallah.

A pesar de que Mosallah en ningún momento haya aclarado la intención de sus actos, el hecho en sí es extremadamente parecido a los conocidos ataques. Lo único que lo diferencia es que lo que el youtuber lanzaba no era ácido sino agua. Las víctimas reales, tras ver la polémica formada, mostraron el enorme rechazo que esta "broma" les provocaba y confirmaron que su experiencia era idéntica a lo que el vídeo de Mosallah mostraba.

La plataforma ya ha borrado el vídeo al entender que violaba sus propias políticas sobre acoso e intimidación. Toda la polémica centró el interés de los medios de comunicación en el joven que se defendió explicando que "solo era una broma" y acusó a dichos medios de difamación contra él y su canal.

En este tipo de controversias no se está hablando de un solo vídeo aislado, existe una red enorme de youtubers que centran la temática de sus grabaciones en hacer "bromas" a desconocidos. Se trata, en el fondo de un tipo de competencia interna que tiene como objetivo captar la mayor cantidad de seguidores y visualizaciones para conseguir que el canal funcione como una entrada de dinero.

Swatting. 

Los casos son incontables: las pasadas semanas sucedió la primera muerte por Swatting, una broma que lleva de moda desde hace años y que consiste en mentir a los servicios de emergencia sobre un posible accidente y dar un domicilio ajeno

Apareció, asimismo, la polémica con el youtuber Logan Paul por mostrar en uno de sus vídeos a un hombre ahorcado, víctima de un suicidio. El nombre de Roman Atwood también destaca por haber dicho en su canal que podría matar a su hijo para conseguir visitas bajo la frase que "solo se trataba de una broma".

Estos son solo tres entre cientos y en España también suceden: el youtuber ReSet fue duramente criticado por darle a un sintecho unas galletas de la marca Oreo con pasta de dientes en el interior. Uno de los casos más recordados es el del famoso Caranchoa, en el que -ahora ya ex youtuber- MrGranBomba comenzó a incordiar a un repartidor que finalmente le soltó una bofetada.

Lo más determinante de estos vídeos y sobre todo de estos youtubers es que la mayoría de ellos cuentan con más de 500 mil seguidores: gran parte adolescentes que encuentran estas "bromas" divertidas y que desean, en algún momento, ser como ellos. Los límites sobre qué es gracioso están en el centro del debate.

No se puede decir que el control que tiene la plataforma de Youtube sobre estos vídeos sea escasa pero, en algunas ocasiones concretas, hasta que el vídeo no alcanza cierta polémica y es denunciado, la plataforma no conoce el contenido y, por tanto, pasa desapercibido.

Ante esta situación de descontrol y de crecimiento de esos tipos de vídeos, Youtube ha comenzado a reforzar sus reglas. Por ejemplo, Logan Paul fue altamente sancionado por su grabación: se cancelaron todos sus proyectos con la plataforma, muchos patrocinadores dejaron de trabajar con él y Youtube le revocó el acceso al contenido premium.

Paul Logan

La directora ejecutiva de Youtube, Susan Wojcicki, explicó que "la plataforma necesita muchos más expertos que intervengan en el contenido que se debería eliminar y cómo se deben rediseñar las políticas para poder manejar de forma correcta toda la información ya que cada minuto se suben más de 400 horas de vídeo a Youtube". Actualmente quienes controlan el contenido no son solo personas sino también máquinas y por ello esta red social debe incrementar la seguridad.

LaVanguardia