¿Pueden los ciudadanos latinoamericanos cambiar la política climática?

Bridget Hoffmann es economista del Departamento de Investigación (RES) del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Sus líneas de investigación son la microeconomía aplicada, economía del desarrollo y economía ambiental. Bridget recibió su doctorado en Economía de la Universidad de Northwestern en el 2015. Tiene una licenciatura en Economía Financiera y Matemática de la Universidad de Rochester. En este informe difundido por el BID (Banco Interamericano de Desarrollo) desde su blog "Ideas que cuentan", propone una serie de acciones y analiza la situación.

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Bridget Hoffmann

¿Pueden los ciudadanos latinoamericanos cambiar la política climática?

¿Pueden los ciudadanos latinoamericanos cambiar la política climática?

En junio de 2015 los latinoamericanos apoyaron con entusiasmo la carta encíclica del papa Francisco, Laudato Si, donde advertía que “uno de los principales desafíos actuales para la humanidad” es el calentamiento global.

En ese entonces, los gobiernos de la región se estaban preparando para desempeñar un papel destacado en la Cumbre del Clima de las Naciones Unidas en París. Entretanto, los ciudadanos del común estaban tomando cada vez más consciencia sobre las amenazas del cambio climático a la agricultura y a las fuentes de sustento, en forma de sequías, inundaciones y tormentas más frecuentes e intensas. “Esta es una alerta a las comunidades, las empresas y los gobiernos”, declaró ante la prensa Gabriel Vallejo, el entonces Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia. “Es impresionante”, expresó el presidente ecuatoriano Rafael Correa sobre la encíclica papal.

Firme apoyo para las medidas en materia de cambio climático

Hoy, la tendencia en la región sigue siendo respaldar firmemente acciones para combatir el calentamiento global, reflejando un profundo conocimiento de la vulnerabilidad de la región. El índice de Global Adaptation Initiative  2016 de la Universidad de Notre Dame revela que muchos países de la región no están preparados para el cambio climático. Por ejemplo, Brasil y México están ubicados en la mitad de los 181 países evaluados en todo el mundo mientras Bolivia y Haiti están entre los menos preparados. Los latinoamericanos del común captan los riesgos intuitivamente. De hecho, la mayoría de ellos consideran que ya están siendo afectados, particularmente por la sequía.

Una encuesta realizada en 2016 por Pew Research Center encontró que, a pesar de tener baja emisión de carbono per cápita, el 77% de los latinoamericanos cree que el cambio climático ya los está afectando, en comparación con el 60% de los europeos y el 41% de los estadounidenses. El 59% tanto de latinoamericanos como de africanos cree que la escasez de agua o las sequías constituyen la mayor amenaza del cambio climático, en comparación con el 50% de los norteamericanos y el 41% de los ciudadanos de la región de Asia y el Pacífico. En Brasil, donde la sequía extrema ha devastado la ganadería y la agricultura, y ha afectado enormemente la energía hidroeléctrica, el 90% de los ciudadanos percibe el cambio climático como un peligro para sus vidas.

Los latinoamericanos en EE.UU. comparten la preocupación 

Incluso los latinoamericanos que han emigrado comparten esta preocupación y no dudan en apoyar acciones individuales y gubernamentales para hacer frente a este fenómeno, según una encuesta publicada este año por Yale Program on Climate Change Communications. A más de tres de cada cuatro latinos hispanohablantes en Estados Unidos les preocupa el cambio climático, en comparación con solo la mitad de los no latinos, según esa misma encuesta. Entre los residentes alarmados, los latinos hispanohablantes están más dispuestos que los no latinos a unirse a campañas para convencer a funcionarios electos de que tomen cartas en el asunto.

No está claro cómo se traduce la evidencia de esa encuesta en medidas concretas. La región, y particularmente América del Sur, ya tiene una enorme capacidad hidroeléctrica. Pero entre 2006 y 2015, la capacidad instalada de las renovables no hidroeléctricas se triplicó en América Latina, pasando de 10 GW a 36 GW, mientras los países ideaban estrategias bien elaboradas para estimular la inversión, según reveló la Agencia Internacional de las Energías Renovables (IRENA).

Una región que sigue dependiendo de los combustibles fósiles

Al mismo tiempo, América Latina sigue aferrada a sistemas energéticos en los que cerca del 40% de la generación de energía proviene del petróleo, gas natural y carbón. Y la deforestación, un factor clave de las emisiones de gases de efecto invernadero, supone una amenaza continua, con pérdida de bosques tanto en Brasil como en Colombia. La capacidad de restringir esa destrucción será una prueba para ambos gobiernos en su intento por lograr la conservación del medio ambiente y el crecimiento económico.

Las encuestas reflejan claramente que los latinoamericanos desean combatir el cambio climático. Pero sigue siendo una incógnita cómo lograrán los ciudadanos del común presionar a sus gobiernos para que tomen medidas de control climático más agresivas. Si bien los temores al cambio climático en América Latina son palpables y bien fundados, se desconoce qué incidencia tendrán en última instancia.

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