Laura Rudman: La nostalgia hecha pintura

Hoy presentamos a una artista plástica mendocina, que vive y trabaja desde Maipú, y lleva años desplegando su oficio en la pintura. Sus cuadros, bien podrían trasladarte a recuerdos  de la infancia. Allí, hay escenas cargadas de nostalgia y silencio. A vos, ¿qué historias te sugieren?  

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Camila Reveco

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Cada pintura de Laura Rudman es un hogar lleno de historias.

Cada pintura de Laura Rudman es un hogar lleno de historias.

Laura Rudman: La nostalgia hecha pintura

Laura Rudman: La nostalgia hecha pintura

Laura Rudman: La nostalgia hecha pintura

Laura Rudman: La nostalgia hecha pintura

Laura Rudman: La nostalgia hecha pintura

Laura Rudman: La nostalgia hecha pintura

Laura Rudman: La nostalgia hecha pintura

Laura Rudman: La nostalgia hecha pintura

Los bares y cafés, los patios y las baldosas; las mesas, sillas y tazas de café… los barcos y grullas de papel. Son todos lugares, o elementos que movilizan profundamente a la artista plástica mendocina. Cada pintura es para ella una casa (un hogar) lleno de historias. “Me inspiro en una palabra, en un pedacito de una canción, en alguna poesía… Está dentro de mí lo que yo quiero decir, lo que quiero hacer. Casi te podría decir que para mí, “artista”, es aquel que se vale del oficio y de la herramienta para expresar profundamente lo que es único, lo que es interior. Toda la obra es un camino para poder desentrañar conceptos e ideas en el papel, en el volumen, en lo que sea”, asevera.

En esta entrevista, Laura Rudman recordó sus inicios en el mundo del arte: “Todo empezó en un espacio donde lo importante era el desarrollo de la creatividad. Lo demás, lo que se aprende en el camino, sirve como herramienta para llegar siempre a ese lugar, el lugar de lo creativo”. “Todo empezó” en el espacio de pintura de Adelina Tarditti, recordada como “Deli”. Con el tiempo llegarían a su vida otros maestros, pero en aquel lugar y con sólo seis años, encontró lo más importante: su verdadera vocación.

-¿Cómo empezaste a incursionar en el arte?

-Empecé de muy chiquita en el taller de pintura de Adelina Tarditti. Un taller que hacía mucho hincapié, más que en la cuestión técnica, en el desarrollo de la creatividad. Con Adelina tenía una relación especial, como de madre e hija… ella siempre me decía que yo había sido como su primer parto. Tengo un recuerdo de cuando iba al taller anual de Chiquita… yo era una pintora con diez u once años exitosamente precoz (risas). Recuerdo que en esa exposición mostré una obra que llamaba mucho la atención (un caballo negro relinchando con un cielo detrás de rojos, naranjas… y amarillos). Alfredo Ceverino, en el medio de todas las felicitaciones, se acercó y me dijo que si bien era un trabajo muy interesante, debería probar con que los colores no salieran directamente del pomo. Yo era chiquita para recibir una crítica de esas características y que alguien como Ceverino me dijera algo así, significaba que él creía que yo daba para más. Fue fantástico. Porque eso que me dijo lo entendí después, no en el momento. Pero marcó ese camino de buscar al Maestro que te diga: “Es muy interesante, pero….”. No al que te da la palmada en el hombro.  Eso hoy me pasa con Leandro (Pintos) y con mi grupo de amigas artistas; buscamos lo mismo. La opinión y la honestidad brutal del otro para poder avanzar.

-¿Cuál es tu relación con la crítica? Imagino que escuchar comentarios negativos puede desalentar…

-Pueden ser un golpe al estómago. Pero si uno es honesto con uno mismo, respira hondo y ve que del otro lado te lo dicen con amor… Es un ejercicio de aceptación, porque no sale naturalmente. Si estas rodeado de gente que te quiere, hay buena onda.

-Me da la impresión de que en Mendoza hay cada vez más espacios que le dan lugar al arte figurativo ¿lo ves así?

-Sí, sí. Lo veo, y veo con mucha satisfacción la aparición de galerías, como Mandrágora y Piazza Galería de arte, y la presencia, en éstos y en otros espacios, de lo figurativo… esa obra hecha con tiempo ¿no? Donde hay un oficio muy cuidado; que se lo tenga en cuenta me parece buenísimo. A mi naturalmente me sale disfrutar del arte figurativo. Sin embargo he visto experiencias de arte no figurativo o conceptual que me resultan conmovedoras. Uno que viene de la “vieja escuela” habla del oficio, de la búsqueda y esto de no quedarse con lo que aparece de forma espontánea, pero hay propuestas para todos…

-Pienso que el oficio no debería pertenecer sólo a la “vieja escuela”, su vigencia justamente permite evitar caer en la mera ocurrencia…

-Es importante esto de la “no improvisación”. Aunque de la mera ocurrencia puede circunstancialmente surgir una obra de arte maravillosa, aunque, sí: básicamente creo en el trabajo de todos los días. Mi obra, que tiene mucho de conceptual, la logro  a través del oficio (no es necesario caer en el purismo del realismo, hay mil maneras de representar la realidad). Pero hay que trabajar, no hay demasiados secretos.

-¿La inspiración se encuentra trabajando?

-Absolutamente. Cuando logro que lo quiero está genial ser pintora, pero muchas veces las cosas no salen, o no hay suficientes ganas de hacer y ahí es cuando te das cuenta que hay que mantener “actitud de taller”. No se puede perder la continuidad y el compromiso con el trabajo. La persistencia es fundamental. La frase “Que la inspiración te encuentre trabajando”, puede sonar hoy frase hecha, pero no; la dijo alguien que sabía y se dio cuenta que ése era el mecanismo. Hay que buscar todos los días la forma de conectarse mental y espiritualmente con el trabajo, si no es pintando entonces es en la biblioteca entre libros de arte viendo material, o en un café con una libretita anotando ideas…. La cuestión creativa es como el dibujo del electro cardiograma. Yo hago el ejercicio diario de hacer una obra en papel y venderla por Facebook a partir de esta idea que inició Osvaldo Chiavazza hace más de tres años, y ha sido una experiencia fantástica, que no sólo te permite romper con la idea de la elite, sobre todo sirve para estar conectado diariamente al oficio.

-La das un carácter muy nostálgico a tus composiciones y a los objetos que representás…

-Yo creo que sí. Hay una cosa que tengo, de enamorarme de hacia ciertos objetos. Parece que hay historias encerradas ahí, hay una cosa literaria, algo escondido en los objetos de antes. Y también sucede en el otro, abre en el otro, en el que ve, evocación de cosas y me encanta generar eso también.

-¿Necesitás hacer en papel las grullas, los barcos para después pintarlos?

-No. Ya aprendí, después de mucho tiempo haciéndolos, como se ven desde muchas perspectivas así que no necesito hacerlos, pero en un principio sí. Ahora es parte del oficio. Ya incorporé esa forma como natural, igual que la visión de una silla desde distintos lugares. Si tuviese que representar este momento entre nosotras, probablemente haría una silla, un grabador y una grulla…  como esta cosa de la idea que circula, que fluye.

-¿Cómo organizás normalmente tu trabajo?

-Trabajo con mucha obra a la vez. Tengo como cuatro o cinco obras empezadas. Voy tomando uno o dos, mientras voy relojeando las otras, y así voy avanzando. A veces encaro tres obras y hay una que fluyó y sale. Suele ser la última que termino. Hay que pelearse con las otras hasta que salgan. Voy construyendo mi obra desde el fondo hacia delante. Suelo generar todo ese escenario primero, para después ir incorporando la historia. Hago un patio y trabajo durante un día en esas baldosas, después al día siguiente, trabajo con las paredes y las puertas, y voy entendiendo que esa historia viene por determinado lugar, así que sé que necesitaré una mesa y dos sillas que están enfrentadas. Y esa mesa y esa silla irán ubicadas en un sitio específico, aunque esa decisión implique tapar la mitad de las baldosas que había hecho en un principio.

-Tu pintura es decorativa…

-Sí. No creo que esté mal la pintura decorativa.

-No, pero la categoría es usada a veces de modo peyorativo…

–Sí, como también pasa cuando se habla del “arte accesible”. Es la misma cuestión. Pero yo lo considero también un ejercicio creativo y no muestro nada en las redes para vender que no me guste. Ahí es donde yo pongo el límite. Si me interesa lo muestro, sino no. Hay distintas maneras populares de entender y hacer arte. Hace algo “decorativo”, o mostrar tu trabajo en las redes con precios accesibles… Uno es al fin y al cabo, un laburante de la pintura.

-Tu pintura no es una pintura moderna, es costumbrista ¿Cómo se entiende que una artista joven se interese en estos temas?

-La herencia de la “escuela”… Como cuando uno hereda gestos de los padres, también hereda de los Maestros. Obsesiones, formas. También esta idea del oficio del que venimos hablando. Mis baldosas, la repetición de los patrones… pasa como con la música, la que escuchamos ahora. Los músicos contemporáneos han tomado el folklore más tradicional y lo han convertido, lo han llevado a un modo de interpretar mucho más actual, más cercano a nuestra cabeza. Creo que está presente en lo mío, la idea de correr el foco de la visión clásica del paisaje o de la naturaleza muerta. Correr, mover un poquito el foco de la cámara. Hay detalles que  pueden darle a una obra una visión contemporánea. Pero sí, hay allí una forma nostálgica de la pintura, del oficio, de los colores, esa cosa terrosa que une todo.

  • Para leer esta entrevista completa y conocer a otros artistas podés visitar Revista Ophelia (www.revistaophelia.com) o seguir esta publicación en las redes sociales: www.facebook.com/revistaophelia/  twitter.com/revistaophelia e instagram.com/revistaophelia/
  • Entrevista y producción: Camila Reveco, editora de Ophelia, [email protected]
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