¿Arte o chatarra espacial? Debate sobre obras de arte en el espacio

El pintor ruso Kazimir Malévich (1878-1935), uno de los artistas vanguardistas del siglo XX y en el que se inspiró Paglen, ya soñaba con un "sputnik" (satélite en ruso) entre la Luna y la Tierra. Mientras la astronáutica se privatiza cada vez más, también va cambiando la comprensión sobre lo que pertenece al espacio y lo que no. Al fin y al cabo, tampoco se podía hablar de utilidad en el caso del deportivo eléctrico rojo que Elon Musk mandó al espacio en un cohete Falcon Heavy en febrero.

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Johannes Schmitt-Tegge (dpa)

¿Arte o chatarra espacial? Debate sobre obras de arte en el espacio

¿Arte o chatarra espacial? Debate sobre obras de arte en el espacio

Bajo el agua, en el desierto, en el hielo de un glaciar: de vez en cuando, los artistas se atreven a trasladar sus trabajos a terrenos difícilmente accesibles. Trevor Paglen quiere ir un paso más allá. Está previsto que su satélite reflectante y brillante "Orbital Reflector" comience a orbitar alrededor de la Tierra a mediados de noviembre.

La escultura volará 580 kilómetros por encima de la superficie terrestre y transformará el espacio en un museo al aire libre para los habitantes de nuestro planeta. El proyecto, sin embargo, se ha topado con el rechazo de algunos científicos que alertan de los riesgos de tener chatarra espacial inútil.

Chatarra espacial

Según datos de Naciones Unidas (ONU), más de 1.800 satélites orbitan actualmente alrededor de nuestro planeta. Sólo en 2017 se registraron fácilmente 550 nuevos objetos. Recopilan datos meteorológicos, ayudan en la navegación o espían objetivos enemigos. También dirigen el tráfico marítimo o sincronizan el tiempo en las redes eléctricas, los bancos y los circuitos informáticos.

"Orbital Reflector", en cambio, está ideado meramente como "gesto artístico" y "no sirve a fines militares, comerciales o científicos", dice el video de presentación del proyecto. "Es lo contrario de cualquier satélite que haya sido puesto en órbita jamás", añade.

Precisamente esta libertad de objetivos es lo que ha enfadado a algunos astrónomos. Cuando en enero se puso en el espacio un satélite similar a una gran bola de discoteca llamado "Humanity Star", también como objeto artístico, algunos temieron por la exactitud de sus mediciones.

"Es la analogía espacial de una valla publicitaria de color neón directamente frente a tu habitación", dijo entonces el astrofísico Jonathan McDowell, del Centro de Astrofísica (CfA, por sus siglas en inglés), que está gestionado por la Universidad de Harvard y el Instituto Smithsonian. La revista online "Gizmodo" incluso llegó a pedir: "Hey, artistas, dejen de poner mierdas brillantes en el espacio".

Pero la "mierda brillante" de Paglen podría embelesar a al menos algunos entusiastas del espacio. En cuanto la autoridad competente estadounidense, la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), autorice el lanzamiento, un cohete "Falcon 9" de la compañía de Elon Musk Space X servirá de taxi en la órbita, en la que se abrirá un globo de 30 metros de largo con forma de diamante. La superficie reflectante del mismo arrojará luz solar también a la zona de sombra de la Tierra y podría ser visible sin telescopio en el cielo nocturno,

Mediante una llamada a donar en la plataforma de "crowdfunding" (micromecenazgo) Kickstarter, Paglen y el Museo de Arte de Nevada, que apoya el proyecto, lograron recaudar 76.000 dólares (65.000 euros), una parte de los costes totales, que ascienden a 1,3 millones de dólares (1,1 millón de euros).

"Este proyecto no contribuye a lo que ya tenemos", escribió en Twitter el científico Mark McCaughrean, de la Agencia Espacial Europea (ESA). "Muchas personas valorarían un poquito más de respeto al mundo natural en vez de añadir una nueva construcción artística", dice también Caleb Scharf, director del Centro de Astrobiología de Columbia en Nueva York, a la revista "Atlantic". El cielo nocturno es como un "animal amenazado que como mejor se deja observar es en estado natural", añade.

Paglen no comprende por qué el problema es justamente su satélite, que es uno entre cientos. El proyecto promete "no dejar ninguna huella" porque después de varias semanas la escultura penetrará en la atmósfera y se desintegrará.

En la web del proyecto se habla de una "gesta espacial temporal". Paglan quiere animar con ello a "observar el cielo nocturno con un nuevo asombro, comprobar nuestro lugar en el Universo y reflexionar de nuevo sobre cómo convivimos en este planeta". Y si el arte en la Tierra no debe tener otro fin que el suyo propio, ¿no debería ocurrir lo mismo en el espacio?

El pintor ruso Kazimir Malévich (1878-1935), uno de los artistas vanguardistas del siglo XX y en el que se inspiró Paglen, ya soñaba con un "sputnik" (satélite en ruso) entre la Luna y la Tierra. Mientras la astronáutica se privatiza cada vez más, también va cambiando la comprensión sobre lo que pertenece al espacio y lo que no. Al fin y al cabo, tampoco se podía hablar de utilidad en el caso del deportivo eléctrico rojo que Elon Musk mandó al espacio en un cohete Falcon Heavy en febrero.

"¿Quién decide lo que es peligroso y útil, lo que es basura y lo que es un tesoro?", pregunta la becaria de la NASA Lisa Ruth Rand en conversación con "Atlantic". Si la autoridad FCC prohíbe los lanzamientos, los artistas podrían acudir a las barricadas, pero autorizarlos supondría dar luz verde para futuros proyectos artísticos. Según Rand, lo que vale en la Tierra es válido en el espacio: "El grafiti de uno es el arte callejero del otro."

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