Alejandro Ortiz: "Lo que realmente importa, o existe, es lo que no hemos construido"

"Hoy, inevitablemente el espacio natural donde nos desenvolvemos e interactuamos, es el del mundo urbano", expresa el pintor chileno en esta entrevista. El artista centra su interés en este tipo de paisaje y está interesado en ver cómo los habitantes se apropian de la arquitectura. 

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Camila Reveco

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En lo que va del siglo XXI, lo urbano sigue formando parte de la escena artística, y hoy tiene a excelentes referentes en todo el mundo que, a través de sus pinturas, reflejan temáticas absolutamente contemporáneas acerca del desarrollo de las ciudades y de los habitantes que allí se asientan, como autoafirmación y referente necesario de lo que se ha creado. 

En la pintura de Alejandro Ortiz (Talca, 1971)  y especialmente en su serie “Contraste material”, vemos edificios, azoteas, paredes, ventanas… vemos también cielos con su aspecto cambiante, y nubes que parecen estar dotadas de movimiento. Todo surge a partir de una evidente y rigurosa observación de la atmósfera, de la luz y las texturas. Hay allí un componente poético en su interés por la observación del cielo y lo más alto -propio del movimiento romántico-. 

En la obra del pintor, licenciado en artes por la Universidad de Chile, el silencio que allí habita, habla. Estamos frente a un trabajo que manifiesta en su génesis emociones melancólicas, de cierta nostalgia. Sus cuadros son un refugio entre tanto bullicio; un día lento, un parpadeo… un seductor espectáculo arquitectónico y nuboso en donde se condensa una sensación de vacío en un mundo cubierto de hormigón. 

Alejandro nos invita a mirar el entorno desde las alturas, donde el aire se percibe más liviano, y donde las contradicciones de la ciudad moderna, sus valores y significados, se revelan. 

-¿Cómo te vinculaste al arte, a la pintura? 
-Mi vínculo con el arte y particularmente con las artes plásticas, se remonta los 10 u 11 años por gestión de mi madre, quién por ese entonces y a raíz de que mostraba habilidades e interés, me incentivo a ingresar en una escuela de pintura paralela al colegio. Antes de entrar a la Universidad pasé siete u 8 ocho años en esos talleres donde tuve la suerte de tener un excelente profesor: Don Gastón Pérez, él me enseñó muchísimo de lo que hasta el día de hoy aplico y enseño en mis talleres. 

-¿Por qué te interesa el paisaje urbano? 
-Al paisaje urbano llegué por la observación de ciertas vistas aéreas que uno aprecia desde las ventanas o balcones de los edificios. En un momento se dio la casualidad de vivir y trabajar en el centro de Santiago donde tenía siempre acceso a ese tipo de perspectivas. Desde esa ubicación se veía un mundo deshabitado, repleto de espacios y elementos insólitos acumulados en techumbres desiertas: una especie de periferia de alturas, de patio trasero vertical que gozaba de particulares luces durante distintas horas del día. Me interesan esos detalles no planeados en la racionalista proyección las edificaciones urbanas, aspectos donde el uso o el habitar dobla o tuerce ese encuadre que implica todo intento de enmarcar con arquitectura, la actividad humana. 

-¿Qué crees que dice la arquitectura funcional acerca de la gente, acerca de la configuración de un pueblo? 
-Más que lo que diga la arquitectura misma, que frecuentemente para nosotros ha estado sujeta a la imitación de corrientes europeas, me interesa lo que sucede en su apropiación por parte del habitante, es en este aspecto donde se desnuda una identidad particular, una expresión inevitable donde se desvelan, muchas veces en contraste, aspectos culturares bellísimos. 

-¿Cómo es la convivencia entre los edificios (la Tierra, lo hecho por el hombre) y las nubes (el cielo)? ¿La fealdad y la belleza…a la inversa? 
-En esta serie que denomino “Contraste Material”, lo que me interesó fue justamente la percepción de ese antagonismo entre lo racionalmente edificado que representan las construcciones y lo azaroso u orgánico; entre lo cerrado y lo abierto por nombrar algunas de las múltiples tensiones simbólicas y materiales que se producen entre estos dos elementos presentes en nuestro imaginario. 

-¿Hay cierta mirada apocalíptica? 
-No, para nada. La visión apocalíptica es una interpretación bastante común, pero radica en el tratamiento que hago en esa serie de los edificios. Visto de ese modo también podría ser una mirada de esperanza, donde lo que realmente importa o existe es lo que no hemos construido… no sé. Me gustan las múltiples interpretaciones. 

-Los edificios siempre están desolados…
-Es un poco porque siempre me interesó la vista superior, las azoteas donde las características funcionales se hacen más evidentes. 

-¿Por qué en tus ciudades no hay figura humana? 
-Me gustan esas vistas donde hay un silencio visual, donde el ser humano se denota en lo construido, en su huella más que en su presencia física, como en De Chirico o Hopper. 

-¿Cuáles “pintores de nubes”, de los clásicos, te han servido de inspiración? 
-Uf… John Constable, Caspar David Friedrich, son dos de los referentes universales. 

-¿En dónde crees que radica el aspecto más poético de tu pintura? 
-Creo que en que mis obras, a pesar de ser figurativas, pretenden ser signos abiertos a la interpretación en múltiples direcciones. 

-¿Qué implica ser un pintor figurativo en el siglo XXI? 
-Es un poco más difícil, creo. Hay instalado un menosprecio intelectual a la pintura figurativa o realista, creo que ese menosprecio viene de la incapacidad de ver juntos oficio y valor intelectual. Como si el tratamiento pulcro o el buen dibujo u oficio tradicional estuvieran escindidos del peso intelectual, la reflexión o la capacidad de ser “contemporáneo”.

Yo creo en la pintura como un medio absolutamente vigente para la expresión del arte. Por más que existan hoy soportes casi infinitos, creo que estos conviven de modo paralelo, no excluyentes entre sí". 

-¿Te sentís parte de un grupo, o camada, de pintores figurativos chilenos? ¿O, por el contrario, trabajas en solitario? 
-No, la verdad es que como mi obra ha sido cambiante a lo largo de mi vida como artista, no me considero parte de un grupo generacional de artistas, no por lo menos un grupo reconocido o definido por el sistema cultural chileno. Amigos pintores si tengo muchos, pero no necesariamente pintan como yo, esa es una ventaja de este oficio. 

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  • Entrevista y producción: Camila Reveco, editora Revista Ophelia ([email protected])
     
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