¿Los bibliotecarios tenemos corazón?

En el marco del Día del Bibliotecario argentino, que se celebra cada 13 de septiembre, es importante recordar que los bibliotecarios y gestores de la documentación estamos recibiendo una invitación a desestructurarnos, alejarnos del miedo a interactuar con otros, trabajar en equipos multidisciplinarios, empezar a pensar la biblioteca como un espacio de reunión y encuentro, y por qué no, traspasar sus muros he instalarnos en escenarios inimaginados o que tradicionalmente nos fueron vedados.

sergio terrera (*)

¿Los bibliotecarios tenemos corazón?

En un mundo en constante cambio, en un mundo donde se debate si sobrevivirá el libro en papel, muchas veces se señala como que la innovación pareciera ser sólo lo que está vinculado con la tecnología, dejando de lado excelentes ideas que bien pueden estar ligadas a aspectos más humanos, y ahí, la biblioteca se transforma en el lugar donde la empatía, sinergia y cooperación son protagonistas.

Estos tres ejes, estimo, son centrales para poder entender que las bibliotecas son un organismo vivo, inserto en un gran ecosistema y que sobrevivirán sólo aquellas que tengan capacidad de adaptación. En este sentido, el futuro debería verse como un gran desafío, en donde analizar cuál es la misión de cada una en estos tiempos y buscar las mejores opciones para estar cerca de todos sus usuarios, será en parte la garantía para continuar prestando servicios, crecer y fortalecerse.

En estos tiempos, los bibliotecarios y gestores de la documentación estamos recibiendo una invitación a desestructurarnos, alejarnos del miedo a interactuar con otros, trabajar en equipos multidisciplinarios, empezar a pensar la biblioteca como un espacio de reunión y encuentro, y por qué no, traspasar sus muros he instalarnos en escenarios inimaginados o que tradicionalmente nos fueron vedados.

Ese desestructurarnos, es también darnos la oportunidad de pensar si está bien seguir haciendo las cosas como siempre bajo la rígida estructura de los pilares de la bibliotecología tradicional y empezar a plantear la necesidad de un análisis más serio y profundo. Es investigar, probar nuevas fórmulas y abrir caminos. Generar ideas creativas y confrontarlas continuamente con los usuarios.

Es una invitación a combatir a los “bibliotecarios asesinos” que definió la colega Myrna Lee en uno de sus posts. Por un lado, el bibliotecario asesino con el que muchas veces nos toca compartir el lugar de trabajo, esos que son los que siempre le ven algo malo a lo que se propone, o predicen un futuro catastrófico en caso de aceptar un cambio. Pero también cada uno de nosotros llevamos dentro nuestro un bibliotecario asesino, esa rara mezcla entre el miedo que nos inmoviliza y el desánimo por la falta de valoración de nuestras bibliotecas y, en consecuencia, los escasos recursos con que contamos.

Una de las maneras de combatirlo, es haciendo que cada una de nuestras bibliotecas sean lugares bulliciosos, lugares donde cada uno de los que componen el equipo de trabajo den rienda suelta a la creatividad para facilitar el acceso a la información. Otra es la cooperación y el trabajo en red con bibliotecas similares, compartiendo experiencia en el camino recorrido, material y muchas veces creando un espacio para reflexionar y encontrar soluciones a problemas comunes.

Sinergia, empatía y cooperación. Apuesto por empezar desde lo humano a conocernos y estrechar lazos, con la seguridad de que entre todos podemos imaginarnos importantes espacios que ocupará en el corto plazo nuestra profesión.

(*) Sergio Terrera es Licenciado en Documentación y Gestión de la Información, encargado de la Biblioteca y Archivo Histórico del Agua del Departamento General de Irrigación y Delegado por Mendoza ante la Asociación de Bibliotecarios Graduados de la República Argentina (ABGRA)

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