Claudia, la retratista que se reencontró con el talento familiar

Muchos artistas descubren su vocación tempranamente, pero a Claudia Subirats le ocurrió apenas hace un año y medio, cuando supo que quería dibujar retratos. Proveniente de una familia de reconocidos artistas, tomó papel y lápiz y se dedicó a aprender en forma autodidacta, hasta que su esfuerzo y vocación se transformó en una serie de 36 retratos expuesta en la sede del Club de Gimnasia y Esgrima.

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Nicolás Munilla

Claudia, la retratista que se reencontró con el talento familiar

ALF PONCE / MDZ

Además de ser una pieza única, una obra de arte se configura como la expresión de un artista que busca no solo manifestar un concepto a partir de una visión de la realidad o la imaginación, sino además trazar un encuentro con su propio yo, un circuito que nace como una idea abstracta y finaliza en la materialidad definitiva, donde puede (re)descubrir alguna parte su esencia y reflejar aquello que piensa, sueña o percibe.

Muchos artistas llevan ese ímpetu de ‘viaje’ desde siempre, mientras que otros lo descubren en distintas etapas de su vida. A Claudia Subirats (63) le ocurrió apenas hace un año y medio, cuando supo que quería dibujar retratos. Proveniente de una familia de reconocidos artistas, Claudia tomó papel y lápiz y se dedicó a aprender en forma autodidacta, hasta que su esfuerzo y vocación se transformó en una serie de 36 retratos expuesta en la sede del Club de Gimnasia y Esgrima.

Claudia Subirats muestra en Club Gimnasia y Esgrima

Los cuadros se componen de rostros de empleados y socios del club que se ofrecieron voluntariamente como modelos. En ellos, Subirats plasma un fuerte realismo: facciones, ojos e incluso cabellos que evocan una gama de actitudes y sentimientos, desde la franqueza y la soberbia hasta la serenidad y la humildad, donde la composición cromática y la iluminación se complementan en figuras delicadas y expresivas.

“El club es mi entorno diario, ya que antes de artista soy deportista, por lo que fue mi primera fuente de inspiración. Elegí a varios socios y empleados después de observarlos y cuando se enteraban que quería dibujarlos, accedían encantados en colaborar”, cuenta Claudia en una charla con MDZ. Así, sumó más ‘modelos’ hasta que tuvo la cantidad suficiente de retratos como para animarse a exponerlos, idea que transmitió a la comisión directiva del club que le dio el visto bueno pese a que nunca se había hecho algo semejante en esa institución.

Claudia Subirats muestra en Club Gimnasia y Esgrima

A la hora de elegir un rostro, Subirats se enfoca en la precisión: “Mientras hablo con las personas, observo atentamente todas sus facciones y detalles, y si me parecen interesantes para retratar les pido permiso y les tomo fotografías”. Luego sube las imágenes a su computadora, las examina con férrea escrupulosidad para seleccionar las mejores y se pone a dibujar con sus lápices profesionales de colores policromáticos, un proceso que le lleva varios días hasta lograr el retrato ideal.

Si bien el producto artístico en su conjunto es de gran calidad, se destaca sobre todo el cabello, al que logra capturar visualmente con un nivel de flujo, coloración y densidad sorprendente. “Busco que los retratos sean lo más realista posible”, sostiene.

Claudia Subirats muestra en Club Gimnasia y Esgrima

Después de dedicarse enteramente a su familia y a la crianza de sus hijos, Claudia se animó a un arte que siempre la rodeó y abrazó con fuerza. Su abuelo fue Ramón Subirats (1891-1942), un catalán que vivió muchos años en Mendoza y cuyo legado artístico más reconocible en la provincia es la decoración de murales y vitrales de la iglesia del Buen Pastor, ubicada en la Quinta Sección capitalina, aunque se consideraba más como un carbonista interesado en los retratos. Los padres, hermanos y el hijo mayor de Claudia también se volcaron a diversas artes visuales.

“Una vez me preguntaron qué define a tu familia y yo respondí ‘los retratos’, porque todos en cierta forma se abocaron a ello. Crecí entre papeles, lápices, pinturas y carbones, y ahora estoy recuperando un poco de eso desde otro punto de vista”, confiesa.

Claudia Subirats muestra en Club Gimnasia y Esgrima

En su aprendizaje autodidacta, Subirats centró su esfuerzo en el poder de la observación: “A lo largo de este año y medio me he dado cuenta que se tiene que educar el ojo, la mente y la mano. Esa combinación debe funcionar de forma simbiótica, ya que la práctica hace que cada vez se observe mejor y más profundo, y esa percepción se debe transmitir a la mano, que también se va educando y formando”.

La exposición de Claudia Subirats estará en el Club de Gimnasia y Esgrima (Gutiérrez 400, Ciudad) hasta este fin de semana, aunque espera que la institución autorice a prolongarla al menos unas semanas más ya que tuvo mucho éxito en público y comentarios incluso de otros artistas y especialistas. Mientras tanto, Claudia va diseñando sus próximos trabajos, siempre relacionados con retratos: “Este es el punto de partida, mi primer escaloncito, y veré hasta dónde llegue”.

Claudia Subirats muestra en Club Gimnasia y Esgrima
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