¡Qué vergüenza!

Podríamos añadir otros calificativos: ¡qué hipocresía, qué corrupción, que desfachatez, que chanterío! Otra vez (y van...) los pobres deben pagar los platos rotos de la mala política y de los malos políticos.

Palabras por aquí, retruques por allá, pateadas de pelota de unos a otros y en el medio los ciudadanos que han sido excluidos, por otros ciudadanos, del plato de la vida.

Conozco personalmente la Villa 31 de Retiro. Con amigos sacerdotes hemos caminado sus callejuelas, hemos comprobado el hacinamiento y la falta de servicios esenciales, hemos compartido una conversación con algunos de sus habitantes.

El problema no es de ayer ni de anteayer. Desde los tiempos del régimen de Onganía y de los sucesivos desgobiernos que pasaron por la Ciudad de Buenos Aires y por la República Argentina se han intentado distintas “soluciones” para ese asentamiento y para muchos otros que existen en el territorio nacional.

* Algunos intentaron, e intentan, “borrarlos del mapa”.

Nada nuevo para los mendocinos que, ufanos porque nuestra provincia era una de las sedes del Campeonato Mundial de Fútbol del ’78, permitimos que los militares “limpiaran” el entorno del Parque y del Cerro de la Gloria del mal aspecto que darían a los foráneos “esas casuchas y esa gente pobre” que habitaban en el lugar.

* Otros, “miran para otro lado” para no enterarse de que existen los pobres y la pobreza. Como si el negar esta realidad tuviera la magia de hacerla desaparecer o, por lo menos, nos hiciera el favor de no cargarnos de culpabilidad.

* Desde los sucesivos gobiernos, provinciales y nacionales, la perorata es siempre la misma: “estamos trabajando denodadamente para bajar los índices de pobreza y de marginalidad”. Pero la terca realidad se empeña en demostrar todo lo contrario. A no ser que hagamos causa común con los indicadores proporcionados por el INDEC. Parece ser que la consigna es “patear la pelota para adelante”.

Tiempo atrás hice público un trabajo de investigación realizado por la UCA (Universidad Católica Argentina) y por la Fundación Arcor en el que se afirmaba que: “de diez (10) pesos destinados por el gobierno nacional y por los gobiernos provinciales a los planes sociales, solo cuatro (4) pesos llegaban a los beneficiarios directos; los otros seis (6) se quedaban por el camino”. El dar a conocer estas cifras enojó mucho a varios funcionarios, pero ninguno de ellos las desmintió.

Conclusión  1:  dineros públicos hay, pero sólo para algunos.

Conclusión 2: evidentemente falta voluntad política para acabar con la corrupción enquistada en nuestra sociedad, sobre todo en la administración de los fondos públicos.

Conclusión  3:  a mis hermanos católicos que siguen pensando que lo más importante  de la vida cristiana es ir a Misa, rezar o recibir algunos Sacramentos, los invito a que vuelvan a leer y meditar las palabras de Jesús que se encuentran en Mateo cap. 25,34-43.

Conclusión  4: dentro de este panorama, es muy valiente y esperanzadora la actitud de los habitantes de la Villa 31 que reclaman su derecho a la vida y que en sus planteos han demostrado ser más íntegros e inteligentes que los dirigentes políticos.

Opiniones (1)
21 de abril de 2018 | 05:26
2
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21 de abril de 2018 | 05:26
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  1. Estas son las voces necesarias en la sociedad para sacudirnos la ceguera y la insensibilidad en la que caemos muchas veces
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