La democracia comienza en la cuna

“En todos los contextos, en todos los países estudiados existe poca participación del niño en la familia”.

“La democracia comienza en la cuna. La ciudadanía comienza en los primeros meses y años de vida del ser humano.” Con esas palabras Gary Barker, director de la ONG brasileña Promundo, introduce el estudio investigativo “Prácticas familiares y participación infantil a partir de la visión de niños y adultos”, que explora las prácticas familiares que promueven la participación infantil con base en el diálogo y la escucha entre adultos y niños en seis países de la región.

Durante los años de 2006 y 2007, bajo la coordinación de Promundo, que analizó el caso de Brasil, la consulta involucró también organizaciones de Jamaica, México, Nicaragua, Perú y Venezuela. “Puede parecer un pensamiento corriente, pero es importante afirmar que es a partir de las interacciones e intercambio entre los niños, niñas y sus padres, madres, responsables y cuidadores que se forman las primeras impresiones del mundo”, dice Gary.

Para el coordinador son en estos momentos y procesos que las personas aprenden estilos y formas de interactuar con el mundo y con los demás, expresar los deseos y también escuchar y negociar, “los cuales son los fundamentos de la ciudadanía”, enfatiza.

Pero, ¿qué significa la participación infantil?

Según el estudio significa escuchar e incentivar a niños y niñas a participar sobre asuntos que los afectan, en todas sus diferentes formas de comunicación, asegurando la libertad infantil de expresar y tener sus opiniones tomadas en cuenta. “La participación del niño debe ser auténtica y significativa, o sea, debe permitir que los adultos substituyan la visión que excluye las opiniones infantiles para una que las incluya, respetando sus capacidades”, define.

Fueron escuchados padres, madres y cuidadores de distintas clases sociales (clase media urbana, clase popular urbana y clase popular rural), para que el cuadro presentado fuese lo más amplio posible. “La metodología consistió en escuchar a los padres y a los niños en grupos focales independientes para entonces comparar los discursos, seguido por una entrevista da mayor profundidad”, explica Isadora García, que hizo parte del equipo investigativo de Brasil.

Infelizmente los resultados no son muy optimistas. “En todos los contextos, en todos los países estudiados existe poca participación del niño en la familia”, dice Isadora. La investigadora señala que mismo en escenarios más participativos es posible notar que los padres y responsables detienen el poder en la mayoría de las elecciones referentes a los niños, especialmente los menores, que no están considerados aptos a opinar sobre la dirección de sus propias vidas.

“En la clase media el discurso es un poco más favorable. Los niños toman algunas decisiones, como la ropa con que va a la escuela, por ejemplo, pero son decisiones que no afectan la familia propiamente dicho”, observa.

Diálogo que abre caminos

Entre los factores que interfieren en las prácticas familiares, Isadora resalta el contexto socioeconómico, la edad del niño, el género y la edad de los padres cuando tuvieron a determinado hijo.

“Si por un lado nos damos cuenta que altos índices de escolaridad y recursos socioeconómicos de los padres y responsables son favorables a mayores espacios de participación infantil en los contextos de clase media urbana, por otro lado, menores índices de escolaridad, la precariedad de una red de apoyo y la violencia urbana parecen estar vinculados a concepciones de prácticas familiares tradicionales y autoritarias, más comunes en los contextos rurales y populares urbanos”, resume.

Ya para Gary las familias con prácticas más democráticas y participativas en las relaciones adulto–niño/a generalmente presentan mayor equidad de género y demuestran haber tenido más acceso a otros ambientes participativos o con oportunidades de ejercitar su propia ciudadanía. “Puede parecer obvio, pero vale afirmar que para crear y ofrecer ciudadanía para los niños y las niñas, es necesario ofrecer ciudadanía también para los padres”, subraya.

El estudio demuestra que en los niños y niñas que tuvieron oportunidades de participación efectiva, sea en sus familias, o en la escuela, el resultado fue motivador: los niños asumen una postura asertiva y positiva frente a la vida, que difiere en mucho de una posición subalterna y resignada. “O sea, los niños y las niñas con oportunidades para participar aprenden y actúan desde temprano con respeto hacia los otros y enfrentan el mundo con mayor autoestima”, observa Gary.

Más afecto y escucha

Pese a las diferencias, para Gary queda claro que los niños de todos los contextos quieren más afecto, quieren ser escuchados y contar con ambientes seguros para encontrar a sus amigos. “Es importante resaltar que no están hablando necesariamente de más tiempo con sus padres, sino de más momentos en que sus padres estén totalmente dedicados a ellos”, señala.

Para el coordinador es necesario crear espacios de ciudadanía para los propios padres y cuidadores, pues la violencia urbana, el desempleo, los problemas de habitación, de salud, de educación, de ocio, de seguridad pública, entre otros, limitan la capacidad de los adultos de expresarse. “Teniendo eso en vista, intente dejar los problemas en el local de trabajo y, en su tiempo libre, juegue con sus hijos”, recomienda.

Fuente: ComunidadSegura.org

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