La reforma a la Ley del Nombre

"Resulta imperiosa la modificación de la Ley del Nombre para terminar con la preeminencia del uso del apellido del hombre, y reemplazarlo por un régimen más equitativo y respetuoso del principio de igualdad entre los géneros".

Social y culturalmente, se ha otorgado al varón el rol de “jefe de familia”, lo que legislativamente significó conferirle ciertos privilegios sobre el régimen matrimonial y sobre los hijos (así, era el administrador de la sociedad conyugal, tenía la patria potestad exclusiva sobre sus hijos, la mujer necesitaba la autorización del marido para contratar o para disponer sobre sus bienes, etc.).

Como jefe de familia, pasa su apellido a su esposa (antes en forma obligatoria, ahora opcional) e hijos, creándose la identificación y designación de cada integrante del grupo familiar a partir de la identidad del hombre.

El diferente tratamiento otorgado a hombres y mujeres para la utilización y asignación del apellido constituye una regulación discriminatoria de los derechos a la igualdad ante la ley, al nombre, a la identidad y personalidad jurídica, a la dignidad, y a la vida privada de las personas, que viola diversos tratados internacionales incorporados al derecho interno argentino.

Resulta imperiosa la modificación de la Ley del Nombre para terminar con la preeminencia del uso del apellido del hombre, y reemplazarlo por un régimen más equitativo y respetuoso del principio de igualdad entre los géneros. En este sentido tengo presentada, desde la fuerza política que integro, una iniciativa de reforma integral a la ley desde hace unos años, que no fue apoyada por el oficialismo.

Por eso, si bien compartimos el interés del Poder Ejecutivo de modificar la ley, no así el sentido que pretende darle a la reforma. En particular, son problemáticos los cambios que se pretende introducir al uso del apellido marital y la asignación de apellidos a los hijos.

Con relación al apellido marital, acertadamente fija que la opción de agregar el apellido del cónyuge puede ejercerla tanto el marido como la mujer. Pero mantiene que debe estar precedido por la preposición “de”, lo que resulta cuestionable por la connotación de pertenencia que denota.

Respecto a la asignación de apellidos a hijos e hijas, resulta aberrante -simbólica e ideológicamente-, mantener la referencia a hijos extramatrimoniales y matrimoniales. El Código Civil fue reformado para borrar toda diferenciación entre hijos nacidos dentro y fuera del matrimonio, lo cual también está impuesto en la Convención sobre Derechos del Niño.

También es criticable que el apellido materno debe ser agregado pero sólo a continuación del paterno. Esto mantiene la primacía del apellido del varón, no sólo porque es de práctica la utilización del primero de los apellidos, sino porque el apellido materno se perderá en próximas generaciones. Se fundamenta este imperativo legal en “la tradición y costumbre arraigada en nuestro país de inscribir a los hijos con el apellido paterno”, desaprovechando la oportunidad de revertir prácticas desigualitarias y de reconocer mayor libertad a los progenitores.

Es reprochable la propuesta de repetir los dos apellidos de la madre en los casos en que el hijo sea reconocido únicamente por ella, lo que permite conocer las condiciones de filiación de una persona con solo saber su apellido. Promueve un modelo de interpelación oficial de los sujetos que construye su 'identidad' en base a modelos de familia. El 'normal' es el de mama y papa. De esa manera, estigmatiza no solo las familias monoparentales sino también los homosexuales, y las adoptivas.

La reforma a la Ley de Nombre no debe ser utilizada para mantener “tradiciones y costumbres” desigualitarias. Por el contrario, debe aprovecharse esta oportunidad para revertirlas y promover una regulación equitativa en el régimen de asignación de apellidos que contribuya a la construcción de relaciones familiares más equitativas y a la igualdad de hombres y mujeres en su calidad de cónyuges y de progenitores.

 

 

La autora es diputada nacional por el ARI

Opiniones (7)
23 de febrero de 2018 | 12:23
8
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23 de febrero de 2018 | 12:23
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  1. De llevar los 2 apellidos, los apellidos de generaciones futuras serían eponenciales (YO: 2 apellidos, mis hijos 4 (lso mías mi esposa), mis nietos 8...). A partir de la 4º generación (16 apellidos) sería una locura. Y si dicen "NO! Hay que poner alguno de los dos! Volvemos a lo mismo de antes, la elección de uno. Lo que creo que sería 'bueno' es: 1- Que se pongan los 2 apellidos. 2- Que quede a libre elección de los padres cual apellido poner primero. 3- Ante conflicto con el punto 2, se pondrá el apellido del cónyuge con menores posibilidad de desendencia (ej. actual: todas hijas mujeres, se pone el de la mujer) 4- El paso de apellido a hijo, será sólo del primero. Escucho ofertas...
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  2. Me parece muy bien que se discutan estos temas (que no significa ni impide que se discutan y resuelvan otros). Me parece que el punto principal en torno al nombre de los hijos es terminar con la lacra individual y social de "padre desconocido". Esto que hoy, hasta se presenta como un derecho de la mujer a decir o no quién es el padre, en realidad siempre fue para defender a los hombres que andaban dejando hijos por ahí, pero que no querían ver "manchado" su buen nombre y honor, su familia "legítima" y sobre todos su patrimonio. Tener en su partida de nacimiento "padre desconocido" es algo muy pesado para una persona y muchas veces ésta enorme carga, sólo tiene que ver con el egoísmo y los caprichos de sus padres, que privilegiaron sus intereses sobre los del recién nacido. Ya hay países que no admiten la inscripción sin designar a ambos progenitores. La madre está obligada a decir quién es el padre, y si tiene dudas se hacen los correspondientes estudios de ADN para dilucidarla. En esos países se empieza a priorizar los derechos del niño por sobre el de los adultos. El derecho del niño a su identidad tiene en Argentina, desde hace unos años, rango constitucional y la legislación debe adaptarse a esto, obligando a identificar a ambos progenitores. Este es el "interés superior del niño" y los adultos en general y el Estado en particular deben velar por él y tomar las medidas para garantizarlo.
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  3. Realmente es esta una prioridad para nuestros legisladores??... No les parece que a la hora de defender al genero femenino, debemos empezar por combatir la prostitucion, el abuso sexual, el trafico de mujeres y otras tantas formas de degradar a la mujer. Que lejos estan los legisladores y el poder ejecutivo de la realidad.
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  4. vale la pena perder tanto el tiempo en esto, y cumplir luego reglas absurdas?? que pasa si obligan a que el nombre de la madre vaya primero y esa pareja ya tiene un hijo.....los hermanos van a tener apellido distintos? por otro lado, en el caso de las madres solteras, pasa hoy en dia que llevan el apellido de la madre, y cual es el problema? creen que estan estigmatizados??? al contrario, tienen una identidad que los defiene... y hasta q punto le tengo que poner mi apellido a mi hijo si no quiero, si no suena bien con el apellido del padre.... por que me van a obligar??? espero que la ley sea flexible y podamos elegir lo que queramos...
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  5. ...que todo tiempo pasado fue mejor. Y eso todos lo hemos dicho alguna vez. Por tanto, si el futuro es peor, y todos estos cambios que ustedes feministas quieren nos conducen al futuro, mi conclusión es que todos estos cambios son para peor. Al margen de este razonamiento, dejen de perder su tiempo en cosas mínimas, insignificantes y que lo único que hacen es hacer sentir bien a unas 100 o 200 feministas en toda la argentina, y propongamonos trabajar por una patria grande en donde todos podamos comer y dormir bajo techo. Lo de los nombres es algo sin sentido, una pérdida de tiempo.
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  6. Acuerdo con lo expresado en la nota y agrego algo: Como puede ser posible que tenga que llamarme según una lista aprobada por el gobierno de turno? El nombre aquel que llevarás toda la vida depende del uso o del gusto de la mayoría como si yo (o cualquiera) fueramos personas comunitarias y no individuales. Como puede ser que no pueda cambiarme el nombre a mi antojo en un trámite sencillo si es mi propia voluntad individual???? Conozco gente que al dia de hoy no pudo ponerle el nombre de algun antepasado a un hijo porque vaya a saber a que funcionario no le gustó!!! Hasta cuando vamos a dejar que el estado se meta en cosas tan personales como el nombre de uno???? Casi tan ridículo como que para acreditar un cambio de domicilio haya que ir con testigos como si la palabra propia no valiera nada!! Como si no existiera fe pública, y encima me explicaron que era por aquellos casos que lo hacian por "mala fe". Con lo cual me dieron la razón: Sos culpable de mala fe hasta que vengas con testigos!!! Que lindas remoras que tenemos del pasado! Hoy la palabra de un hombre parece no tener valor y para colmo te tenes que llamar como quiere una lista. Sera por eso que hay tantas MONICAS, PEDROS, JUANES Y SILVIAS??? Crezcamos por favor!!!
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  7. Sería un lío bárbaro , ahora si estoy de acuerdo en que los hijos deben llevar los dos apellidos de sus progenitores. En cuanto a la patria potestad tiene que ser compartida. Y en cuanto al régimen matrimonial. Hay que hacer unos cuantos cambios. Sobre todo en las leyes de bienes llevados al matrimonio, bienes adquiridos dentro del mismo y división en caso de divorcio. Otro es el tema del apellido Sra. de..como si perteneciera a.......es como un sello de ganado. Porque?.. si somos todos iguales ante la ley, ahora tengo entendido que es opcional llevarlo. Deben actualizarse, y elaborar una ley de nombre, que sea equitativa y a la igualdad sin distinción de géneros.
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