Renacionalización de YPF y progreso histórico

“Que no olviden que las dueñas del subsuelo son las provincias; las empresas petroleras son apenas concesionarias”, dijo la presidenta y blanqueó el dato que conmovía en los pasillos oficiales: en 2011, la importación de combustible creció un 110% interanual, hasta los 9.397 millones de dólares, de los cuales 7.500 podrían haber sido producidos en el país lo que significa una de las principales causas de la merma en el superávit comercial. Fue la primera vez en dos décadas que la Argentina importó más energía de la que exportó: el balance negativo fue de 2.931 millones de dólares.

¿Qué debería hacer el Estado frente a tamaño saqueo? ¿Cómo puede ser que siendo nuestro país un gran productor de hidrocarburos tengamos que importarlos? ¡¿Por qué YPF, que fue la primera empresa estatal de petróleo en el mundo está en manos extranjeras?! ¿Es posible renacionalizar YPF? ¿En qué deberíamos reconvertir la renta?

AVANCES Y RETROCESOS ENERGÉTICOS

Basta conocer el Plan de Operaciones de Mariano Moreno, y detenernos en su artículo sexto, para comprender la importancia de la intervención estatal en materia de soberanía energética.

Federico Bernal, Ricardo De Dicco y José Francisco Freda nos describen en “Cien años de petróleo argentino” como se fue gestando la iniciativa petrolífera, y finalmente como se concretó bajo el segundo gobierno de Julio A. Roca, puntualmente en 1902. En este año se crea la Comisión de Estudios de Napas de Agua, Yacimientos Carboníferos e Investigaciones Geológicas, con el objetivo de encontrar carbón mineral, petróleo y agua.

Más adelante agregan: “finalmente el 13 de diciembre de 1907, en Comodoro Rivadavia, se encontró petróleo”. Uno de los grandes impulsores fue el ingeniero Enrique Hermitte, quien manifestaba: “debemos sostener y defender la intervención del Estado en la investigación y valorización de nuestros yacimientos”.

Frente a la falsificación histórica del descubrimiento azaroso (“buscaban agua y salió petróleo”) y en consonancia a la constante disminución de la fe en el país y sus hombres (como una de las tantas técnicas de colonización cultural) los impulsores del desarrollo energético nacional demostraron que no solo buscaban agua (principal elemento en las perforaciones), sino el carbón (para dejar de comprar a Inglaterra, el cual abastecía el 95% de las necesidades energéticas del país) y el petróleo (elemento cuatro veces más barato que el anterior y explotado localmente) para el progreso histórico.

El 3 de julio de 1922, por decreto del presidente Hipólito Yrigoyen, se fundó Yacimiento Petrolíferos Fiscales, la primera petrolera estatal del mundo. YPF continúa con la prospección, exploración e industrialización del petróleo nacional.

“YPF nació de una doble inspiración: la del gobierno nacionalista popular y la del sector militar que profesaba el nacionalismo económico. Sin embargo, sutilmente se sumaría una tercera: el interés británico por detener el avance de la Standard Oil. Los ingleses fundaron la Argentine Gulf Oil Sindicate Ltd, con capitales de accionistas de los ferrocarriles, para impedir la explotación del Estado argentino o de los consorcios norteamericanos.”(1)

El 17 de octubre de 1922, el general Enrique Mosconi asume como primer director de YPF, sin solicitar ni un solo dólar al extranjero, financiando la empresa exclusivamente con el petróleo que extraía. Durante los siete años que estuvo al frente, multiplicó 400 veces el capital inicial de YPF. Para el San Martín del siglo XX, no existía otro camino que el monopolio estatal frente al petróleo. Resaltaba que la defensa de los yacimientos petrolíferos frente a los consorcios extranjeros requiere “una magnífica insensibilidad a todas las solicitaciones de los intereses privados concordantes o no con los intereses colectivos, pero sobre todo hace falta un poder político capaz de contener todas las fuerzas opuestas”.

El 6 de septiembre de 1930 derrocaban a Yrigoyen y detenían a Mosconi. Durante la Década Infame (el Pacto Roca–Runciman, dejó a la Argentina con un cinismo incalificable, en manos británicas), Scalabrini Ortíz sostuvo que la Standard Oil había desempeñado un papel fundamental en la preparación del golpe del ’30.

Las compañías petroleras se aliaron con José Félix Uriburu para remover a Yrigoyen, establecer una dictadura militar y cancelar la proyectada nacionalización petrolera. Sin embargo, las tesis de la nacionalización y la monopolización estatal del petróleo en América Latina se expandieron. En 1938 el presidente mexicano Lázaro Cárdenas, nacionaliza el petróleo. En Brasil (una década después) el gobierno de Getulio Vargas crea PETROBRAS, y en la Argentina, Perón inaugura el primer gasoducto de América Latina, que une Comodoro Rivadavia con Bs. As. La gran obra del ingeniero Canesa (con sus 1700 km de largo), fue la más extensa del mundo.

Con Juan Domingo Perón en el poder, YPF retoma donde había dejado. En 1949, la nueva Constitución argentina declaraba en su artículo 40: “(…) Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y gas, y las demás fuentes de energía, con excepción de los vegetales, son propiedad inalienable e imprescriptible de la Nación…”, otorgando al gobierno central jurisdicción sobre todas las concesiones petroleras por primera vez en la historia argentina.

Tras la Fusiladora de 1955, EE.UU. (gran triunfador de la segunda Guerra Mundial), no permitió que nadie interfiriera en los intereses de sus grandes empresas y en sus capitales financieros y terminaría el definitivo alejamiento argentino de la órbita inglesa, para pasar al campo gravitacional norteamericano. De está manera la política energética de nuestro país quedaría al designo de los intereses extranjeros.

En la década del ‘60 Frondizi otorga concesiones petroleras a las multinacionales. Poco después el presidente Illia anula esos contratos, y ello será una de las razones de su derrocamiento.

La dictadura cívico-militar comenzada en el ‘76, endeuda fraudulentamente a YPF y a Gas del Estado con empréstitos millonarios, los cuales fueron derivados al sistema rentístico-financiero. Uno de sus objetivos era demostrar el carácter deficitario ineficiente y hasta corrupto de la conducción de la misma, del cual colaboraron los medios de comunicación de la mano de Bernardo Neustadt y Mariano Grondona. Las principales zonceras destacadas por Carlos Ortiz en su “Manual de Zonceras Energéticas” fueron: “YPF da pérdidas”, “Es corrupción institucionalizada”, “El Estado no está en condiciones de realizar inversiones de capital de riesgo en exploración hidrocarburíferas”.

Con el objetivo cumplido sólo faltaba el aporte de la dirigencia política vinculada a los intereses contrarios a los del pueblo argentino.

MENEM LO HIZO

El país perdería las empresas que más habían invertido en su industria y obra pública. El pueblo argentino sufrió una de las mayores estafas de su historia, la que está ligada a la ilegitima deuda externa que dejó la dictadura cívico -  militar. El gobierno de Raúl Alfonsín, en lugar de repudiarla, aplicando la legislación vigente, la reconoció y entregó bonos. Luego, el FMI y el gobierno de Menem idearon el Plan de Convertibilidad, que les posibilitó entre otras infamias, privatizar las empresas públicas. Acto seguido, se permitió comprar las dos compañías más grandes de la argentina, YPF y Gas del Estado, con bonos de la deuda externa, que valían apenas el 15% de su valor nominal.

Con la privatización, en 20 años, el país cedió a las petroleras 5000 millones de barriles de crudo, una riqueza equivalente a precios de hoy a 550.000 millones de dólares! Gas del Estado, que había sido la tercer compañía gasífera del mundo, modelo de varios países centrales, fue vendida por la tercera parte de su valor.

Las privatizaciones no fueron dirigidas a la exploración y al respectivo incremento de reservas, sino a la sobreexplotación de los recursos que el país poseía gracias a los enormes esfuerzos exploratorios efectuados por YPF estatal, bajo el argumento de que no respondía a la filosofía de mercado “mantener enterrado el dinero en exploración”. El resultado fue que no invirtieron en ese momento ni tampoco lo hacen ahora, con un nuevo argumento: “necesitamos más años de concesión para recuperar lo que se arriesgue” (renegociación/prórrogas de las concesiones).

En 1999 finalizó el proceso con la venta de la empresa a la española Repsol. El Estado percibió ingresos por la privatización de YPF entre 1992 y 1999 por 20.269 millones de dólares, correspondiendo 15.169 millones de dólares a la adquisición realizada por Repsol en 1999.

Al 30 de octubre de 2011, la distribución del capital accionario de YPF S.A. era la siguiente: 57,4% Grupo Repsol YPF, 25,5% Grupo Petersen y 17,1% capital flotante (el Estado argentino es poseedor de la Acción de Oro de YPF). Según los “Estados Contables al 30 de setiembre de 2011 y Comparativos” de YPF S.A., el Patrimonio Neto de la empresa era de 20.763 millones de pesos (US$ 4.762 millones con dólar a $ 4,36).

RENACIONALIZACIÓN

La necesidad de la renacionalización de los hidrocarburos está dada por su carácter soberano y estratégico. Según “Cien años de petróleo argentino” hoy en día el 86% de las necesidades energéticas de la economía mundial está dada por este recurso natural no renovable.

Desde fines del siglo XIX, el petróleo se transformó en el elemento central de todo proceso económico, emancipador e industrialista. Y ha sido uno de los principales objeto de disputa entre los países.

“El mundo se partirá por la posesión del petróleo” vaticinaba Lenin, no se equivocó y día a día vemos los genocidios y las usurpaciones por parte de los países centrales (agrupados en la OTAN). Dos claros ejemplos son la intervención de EE.UU. en Medio Oriente y Libia, y la usurpación y exploración petrolera por parte de Inglaterra en las Islas Malvinas.

Este conflicto está inmerso en la crisis del sistema rentístico-financiero que no termina de azotar a EE.UU. y Europa, los países centrales buscan, a través de sus corporaciones, que remitan dólares u oro a sus bancos.

Repsol se alista al saqueo y colabora con la fenomenal transferencia de renta nacional al exterior.

Frente a esto la presidenta Cristina Fernández instrumentó una serie de medidas que buscaban terminar con los privilegios, entre otras, obliga a las empresas que explotan los hidrocarburos a liquidar en el país sus divisas.

Sumada a esta exigencia, el Ejecutivo nacional exigió a Repsol YPF a que incremente su producción de crudo y de gas en forma sensible para garantizar el abastecimiento interno y a la vez  reducir el déficit de la balanza energética.

Las actividades del upstream (exploración, extracción y transporte) y downstream (industrialización y comercialización) de los hidrocarburos se encuentran desde 1992 bajo la total gestión del sector privado.

Según los datos disponibles en la Secretaría de Energía, las reservas de gas natural -el recurso energético más usado en el país- cayeron un 53% entre 2001 y 2010; y las de petróleo, un 12%, por lo que las reservas comprobadas totales retrocedieron un 38%, en un contexto de precios internacionales en alza.

Se suma a esto que los sucesivos y reiterados anuncios de hallazgos de hidrocarburos no convencionales nunca llegaron a formar parte de un plan concreto de desarrollo sustentable y creíble de producción, y parecen apuntar más a una especulación bursátil.

Si bien el remanente de las reservas comprobadas de petróleo y gas natural registradas a fines del año 2010 muestran un incremento del 20,4% y 2% respectivamente, como resultado de los incentivos ejecutados por el Ministerio de Planificación Federal, la extracción de petróleo disminuyó, entre enero y noviembre de 2011, 6,4%; y la de gas natural, 2,3%, en relación a igual período del año anterior.

La situación más preocupante se observa en el segmento de refinación de petróleo, mostrando en 2011 una caída del 13,3% respecto al año anterior, debiéndose cubrir las necesidades del mercado local con la importación de algunos combustibles líquidos. A ello debe sumarse que la capacidad instalada de refinación se ha incrementado miserablemente en las últimas décadas; actualmente se encuentra saturada y las compañías petroleras no muestran interés por invertir en nuevas plantas de refinación.

Esto ha producido el desabastecimiento de las estaciones de servicios y la consecuente bronca de los automovilistas. Frente a ello, el gobierno nacional y los gobernadores de las provincias petroleras tomaron una serie de medidas.

Por un lado la Organización Federal de los Estados Productores de Hidrocarburos (OFHEPI), conformada por Chubut, Jujuy, La Pampa, Mendoza, Neuquén, Formosa, Río Negro, Salta, Santa Cruz y de Tierra del Fuego, planteó la necesidad de que las empresas concesionarias de yacimientos "aseguren las inversiones necesarias para explorar y explotar las reservas de crudo y gas con plazos y montos de inversión precisos". Y por el otro, la estatal ENARSA importará combustible para compensar el faltante en las estaciones de servicios.

...

Las consideraciones antecedentes dejan en claro que la cuestión del petróleo y la renacionalización de YPF emerge como un imperativo impostergable y completamente posible.

Téngase en cuenta que todos los países que privatizaron su petróleo lo recuperaron en este siglo. Rusia, Bolivia, Venezuela y Ecuador revocaron las concesiones por no cumplir con los contratos. El único país que no lo hizo y mantiene la política privatista es la Argentina.

La brasilera PETROBRAS pasó a ser líder en explotación marítima (realizando millonarias inversiones con fondos públicos y sociales). La venezolana PDVSA, fue rescatada por el gobierno de Chávez de operaciones de vaciamiento que la habían paralizado, y comenzó la explotación de la franja del Orinoco (una de las mayores reservas del mundo). En Bolivia la renegociación de los contratos le permitió aumentar un 300% su presupuesto. Noruega con su petrolera estatal explotó las reservas del Mar del Norte y ha constituido uno de los tres mayores fondos de inversión del mundo, tranformándose en el país de mayor nivel de vida de Europa.

En sus mejores momentos, en nuestro país la YPF de Mosconi, se autofinanciaba con la emisión de bonos que suscribían los ciudadanos, bajaba varias veces el precio de los combustibles y en los años ’60 el fondo de energía permitió realizar los gasoductos y represas hidroeléctricas.

La renta de los hidrocarburos es tan grande que, descontando las inversiones petroleras, el pueblo argentino podría beneficiarse con más de 12.000 millones de dólares anuales.

Así, con esta renta, más la renta sojera y la minera, podríamos financiar la construcción de modernísimos sistemas ferroviarios de transporte de personas y mercancías, que integren no sólo al país entre sí, insuflando vida a las desvanecidas regiones arrasadas por el desmantelamiento del tren, sino comunicando por caminos de hierro América del Sur, desde el Atlántico al Pacífico, desde el Río de la Plata hasta la Puna.

También estas fuentes de renta, puestas al servicio del país, se deben destinar a la fabricación de automotores ecológicos, sustituyendo los combustibles fósiles. Deberán desarrollarse con estos ingresos las tecnologías energéticas no contaminantes y aplicarse a gran escala.

Por supuesto, con estos cuantiosos fondos, se podría reforestar y establecer planes de arraigo y riego por goteo, cuidando el agua, la tierra y el aire, y realizando las obras hídricas necesarias para dejar de dilapidar el líquido elemento fundamental para la vida humana.

Finalmente, con la transformación de la renta petrolera en renta industrial, junto a las modificaciones profundas de la legislación menemista y su Plan de Convertibilidad, para modificar el sistema financiero y reorientar el crédito (reforma de la Ley de Entidades Financieras, de la Carta Orgánica del BCRA), y la creación de un nuevo sistema tributario, se puede alcanzar el pleno empleo, dotar del  mayor nivel adquisitivo para el pueblo argentino, fortalecer el mercado interno, lograr la integación social y aumentar los presupuestos de educación, salud e investigación científica y técnica. Todo en miras de un plan de integración de los pueblos y países suramericanos.

Decía el Gral. Perón: “la energía es al desarrollo de los países lo que el alimento es al desarrollo del organismo humano”. Si desde 2003 los ciudadanos más postergados dejaron de pasar hambre, ahora toca la hora de “alimentar” nuestro desarrollo con nuestra propio oro negro. Por eso el petróleo debe volver a manos de su único y legítimo dueño: el pueblo argentino.

Publicado por RINacional.



 

1: Federico Bernal, Petróleo, Estado y Soberanía. Biblos, 2005. (Lectura recomendada)

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17 de agosto de 2018 | 04:56
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