Sociedad

El autismo, o la otra forma de ser

Dificultad para comunicarse, conductas rutinarias, no poder ponerse en el lugar del otro.
Características de un mundo que nos aparece extraño. La otra forma de ser que merece comprensión. Te la contamos ahora.

Por Cecilia Ortiz

El autismo, o la otra forma de ser

Imagina que tu hijo nace con alas”, Carolyn Parkhurs. 

“Ya no me duelen las conductas extrañas de mi hija, la quiero muchísimo. Sus sonidos son señales evidentes de sus caprichos, sus manos, un indicador de su entusiasmo. Además, ella sonríe todo el tiempo. Cuando no puede comunicarse, sonríe. Eso resulta envolvente, y nos empuja a todos dentro del misterio de su mutismo”.
El misterio es el fascinante condimento del universo autista. El misterio que rodea a su mundo distante. 
¿Qué podrían tener en común Bob Dylan, Woody Allen, Mozart, Newton, Beethoven, Tim Burton, Einstein? Además de destacarse fantásticamente en su ámbito, padecieron algún trastorno del espectro autista.
Autismo deriva del griego “autos”, que significa “propio, uno mismo”, y fue usado por primera vez por el psiquiatra Eugene Bleuler en 1912. Recién en el año 1943, el doctor Leo Kanner realizó una clasificación exhaustiva del trastorno, e introdujo el concepto de autismo infantil temprano, aludiendo a que el origen del cuadro debía buscarse en las primeras etapas del desarrollo infantil.
El doctor Daniel Santiago, psiquiatra infanto juvenil director de IMNA (Instituto Modelo de atención al Niño con Autismo) nos aclara que el autismo forma parte de lo que se conoce como trastornos del espectro autista (TEA), que es una condición neurológica y de desarrollo que comienza en la niñez y se extiende a lo largo de la vida. Además, dentro de esta clasificación está el síndrome de Asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado.
El término espectro hace referencia al amplio rango de síntomas, deterioro y fortalezas de los pacientes.
El origen es aún desconocido. Se cree que la genética y el contexto de desarrollo juegan papeles importantes. Se han detectado alteraciones en diferentes áreas cerebrales que, se presume, podrían interrumpir el desarrollo normal desde etapas tempranas, alterando la comunicación entre neuronas.
Las estadísticas indican que en los últimos 20 años los casos de TEA han aumentado un 700%. En Argentina se calcula que un niño cada 68, recibe el diagnóstico; el 63% de los TEA son autismo, el 6% Asperger y el resto, TGA no identificado. Se da más en varones que en nenas, con una proporción 4:1, aunque esta tendencia está cambiando, nos cuenta el Dr. Santiago.
¿Cuáles son los síntomas?
El paciente no establece contacto visual.
No tiene lenguaje, y si lo tiene, presenta alteraciones.
Conductas motoras repetitivas.
Apego a rituales.
Hiperactivo o muy pasivo.
Apego inusual a objetos.
Dificultad para adaptarse a los cambios.
Ríe sin motivos.
Crisis de llanto, tristeza o “caprichos” sin motivos.
Parece “sordo”.
Indica sus necesidades llevando de la mano a las otras personas.
Dificultad para relacionarse con chicos de su edad.
Aparente insensibilidad al dolor.
No manifiesta temor ante peligros reales.
Interés intenso y prolongado sobre ciertos temas, como números, datos históricos, etc.
Repetir palabras o frases que se escuchan.
Dificultad para compartir objetos.
Problemas para entender el punto de vista de otros.
También pueden tener habilidades positivas, como inteligencia superior a la media, ser capaces de aprender mínimos detalles y recordar esa información puntillosamente durante largos períodos de tiempo, tener marcada memoria visual y/o auditiva, sobresalir en matemáticas, ciencias, física, arte, música.
¿Cómo se diagnostica?
Lamentablemente, no existen pruebas específicas (como análisis de sangre, imágenes, etc.) para llegar al diagnóstico, al cual se llega a partir de la observación y de la realización de tests.
¿En qué consiste el tratamiento?
El tratamiento ayuda a mejorar las capacidades, aumentar habilidades y disminuir los problemas. En este sentido, el doctor Santiago nos dice que el diagnóstico precoz resulta fundamental, para ello, los médicos pediatras deberían detectar los primeros síntomas. Existe medicación que ayuda a reducir posibles síntomas negativos, como la irritabilidad, agresión, conductas repetitivas, hiperactividad, déficit atencional, ansiedad y depresión.
Las terapias ocupacionales, la laborterapia, la equinoterapia, han dado resultados sumamente alentadores. Las últimas investigaciones apuntan a fortalecer el entorno familiar y educativo, para mejorar la calidad de vida del paciente y sus allegados.
Séneca dijo que la armonía total de este mundo está formada por una natural aglomeración de discordancias. El entender lo distinto, el misterio de sus miradas distantes, podrá hacernos aceptar que hay otras formas de ser posibles.
Lic. Cecilia C. Ortiz / Mat.: 1296 / licceciortiz@hotmail.com

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