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¿Qué nos diría el cuerpo de un triatleta si pudiera hablar?

El cuerpo de un triatleta, le escribe a su dueño. En esta carta el cuerpo de un triatleta expone la tortura que tiene que soportar cada día

Por: Eiras Enrique

Querido dueño cruel:

Tenemos que hablar. Sé que piensas que somos un equipo y que mi único objetivo en la vida es ayudarte a correr, nadar y andar en bici lo más rápido y más lejos posible. Pero si quieres saber mi opinión esta relación es un poco unilateral. En realidad nunca me preguntas nada, por eso he decidido escribir esta carta.

Para empezar, vos sos el que recibe los aplausos pero soy yo el que se enfrenta al ejercicio y al dolor. ¿Quién demonios diseña estos eventos? ¡Auténticos sádicos! Nunca nadie tiene el detalle de decir: “Cuerpo, ¡has hecho un buen trabajo!”. Siempre todo gira alrededor tuyo.

A veces miro el cuerpo de otras personas, gente que se pasa el día sentada y me pongo a llorar. Los cuerpos de los demás se ven felices y relajados. Me siento fibroso, duro, agarrotado y dolorido. ¿Por qué no podemos sentarnos un rato, hartarnos de comida basura y ver “ The Walking Dead ”?

Sé que te encanta tener un cuerpo atlético y es algo que me parece fantástico. Pues bien, hay gente a la que le fascina comer un a tortita raspada aunque  no quiere decir que tengas que empacharte de tortitas todos los días hasta reventar. Hay que encontrar el punto medio, tener una relación equilibrada.

Son las 5 de la mañana. Flexiones de brazos y piernas. Bicicleta. Tablas de ejercicios. Pesas y mancuernas. Correr. Saltos. Verdura, huevos y pescado. Yoga. Baño de agua helada. Y a repetirlo todo una y otra vez.

Intento hacerte ver que las cosas no pueden seguir así, pero no escuchas. Haces por dormirte pero no lo conseguís porque esas punzadas en las piernas no te dejan pegar un ojo. Cuando te levantas por la mañana notas que tenes las extremidades inferiores como si fuesen plastilina. Al caminar te duelen las rodillas. Soy yo intentando decirte que necesito unas vacaciones. A ser posible en un lugar llano, donde estén prohibidos no solo los gimnasios sino también ir en bici, nadar y correr. Un sitio donde todo el mundo sea feliz.

Llevo haciendo todo esto años. Cada uno ha sido más duro y agotador que el anterior. Sí, hemos conseguido hacer algunas cosas geniales. Hazañas que a la mayoría de los cuerpos ni siquiera se les pasa por la cabeza. A veces, cuando estamos en medio de alguna de esas estúpidas competiciones, me doy cuenta de que todo esto es simplemente una locura.

Llegamos al final de la prueba y en la mayoría de las ocasiones lo hemos hecho muy bien. Entonces, por un momento, entre la sensación de: “creo que me voy a morir” y los dolores... Hay un instante en el que lo único que tenemos que hacer es recuperarnos y disfrutar de la gloria. Lo entiendo. Sé que todo esto te hace muy feliz. Y por mucho que yo me queje, sé que no te rendirás hasta que sea yo el que se rinda.

Así que, por Dios, si quieres que siga a tu lado, un “gracias” de vez en cuando se agradecería. Al igual que unas vacaciones. Además de un par de masajes más cada semana. Sin olvidar la subscripción a Netflix y la comida de Mac Donald.

Sinceramente (y dolorido hasta en el carné de identidad),

Tu cuerpo

Por Oliver Pelling

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