Cinco claves para entender cómo surgirá el delfín de Cornejo

El oficialismo entró en la recta final para la definición de su candidato a gobernador que llegará en enero. Rodolfo Suárez y Martín Kerchner son las opciones de Alfredo Cornejo. Omar De Marchi insiste en que se presentará a las PASO y logró el respaldo de Julio Cobos, enemistado a muerte con el gobernador. Los riesgos de que los radicales, en el poder, terminen devorados otra vez por la interna que ya les hizo perder en el pasado elecciones que creían tener ganadas.

 

Marcelo Arce

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La definición

Es muy probable que hacia mediados de enero Alfredo Cornejo ya haya decidido a quien impulsará como candidato a gobernador en 2019. Todavía no lo anuncia públicamente, pero es un hecho que el gobierno apostará al desdoblamiento de las elecciones. Por ley, la provincia estableció en abril del año pasado que las elecciones se realizarán de manera diferenciada con la Nación y en los meses de junio (para las PASO) y de setiembre (para la elección general) y la norma dejó abierta, asimismo, la atribución al gobernador para modificar ese esquema.  Nunca estuvo en estos últimos meses en la cabeza, dada la situación política nacional actual, hacer uso de esa decisión que está a tiro de decreto. Aquí Cornejo no escapa demasiado del resto de sus antecesores, quienes siempre manipularon el calendario electoral de acuerdo a la coyuntura y sometería a la ciudadanía a un calendario electoral bastante agitado, nuevamente, como sucedió en 2015. Los argumentos de votar separado son simples: si bien repuntó en el último mes, Macri conserva en Mendoza un 30% de imagen positiva, aunque acumula un 50% de imagen negativa. Las mediciones en la provincia no arrojan cifras muy distintas de las que marca el escenario nacional: el presidente tuvo una baja fuerte en el segundo semestre, básicamente, por el quiebre de las expectativas en buena parte de la sociedad como consecuencia de la situación económica. Y, en cambio, el gobierno provincial vuela en las encuestas. Por otra parte continúa siendo improbable que Cornejo apueste su futuro político a una aventura presidencial. Y por las mismas razones que se bajó de una candidatura a gobernador  en 2011: sabe que no va a llegar. Siempre estuvo convencido de que a un candidato del interior se le dificulta mucho más un triunfo a nivel nacional si el país, más allá de las dificultades económicas, no llega a las elecciones en una crisis profunda. Los triunfos de Carlos Menem en 1989 y de Néstor Kirchner en 2003 son prueba de ello. Esta semana lo dijo sin demasiadas vueltas: “Lo veo difícil (una candidatura a presidente) y por múltiples motivos, aunque me gustaría. El nuevo diseño constitucional del ´94, en un país que funcione normalmente, hace que los candidatos vayan a salir o de la provincia de Buenos Aire o de la farándula, englobando allí a personajes muy mediáticos a nivel nacional”, sostuvo en declaraciones a MDZ Radio. Cornejo no será candidato, pero se suma a la lista de radicales que quieren presentar uno propio contra Macri en las internas abiertas de Cambiemos de agosto.  Allí, quizás, quien encabece esa campaña sea Martín Lousteau. El desdoblamiento de las elecciones era un tema de debate político con la Casa Rosada hasta hace no mucho tiempo. Ante los planteos que se generaron en Buenos Aires por la unificación, el gobernador mendocino ensayaba siempre la misma respuesta: que el efecto arrastre de las provincias no será necesario en una candidatura de Macri, que lleva atada su suerte más a la situación económica o al desempeño del peronismo que a la tracción de los gobernadores. En la actualidad ese panorama cambió: se negocia con las provincias gobernadas por Cambiemos los adelantamientos de las elecciones, para buscar tener cataratas de triunfos oficialistas que mostrar antes de las presidenciales y contrarrestar los seguros triunfos del Justicialismo en buena parte de los distritos en los que son gobierno y que también votarán antes de octubre.

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El candidato

Desde hace más de dos meses al menos, que la disputa interna para determinar quien será el delfín de Cornejo la dan el intendente de Capital, Rodolfo Suárez y el ministro de Producción, Martín Kerchner. Suárez es quien mejor mide en las encuestas y será seguramente así hasta el momento de la definición: el año prácticamente ya se cerró desde lo político y no hay nada que Kerchner pueda hacer en un mes para revertir ese punto en contra. Pero las mediciones de opinión pública, si bien suman, no serán el punto decisivo. Cornejo apuesta a hacer subir en las encuestas a quien elija, tal como hizo con Claudia Najul en 2017. El gobernador apostará, como el año pasado, a un candidato que se deje llevar. Por eso cobra algún sentido la posibilidad de la existencia de un tapado. El intendente capitalino tiene una luz de ventaja en el final de la carrera porque tiene otro asunto que le juega a favor: su candidatura cierra en el círculo rojo y en el de los dirigentes de peso de la UCR mendocina. Kerchner siente que su fuerte está en demostrar que es el garante al cien por cien de la continuidad de las políticas de Cornejo, elemento clave para el gobernador. Pero su bajo conocimiento le sigue jugando en contra: para tener una transferencia aún más fuerte de los votos de Cornejo, necesitará que el gobernador esté en la boleta, por caso como diputado nacional, hecho que difícilmente ocurrirá porque el propio Cornejo (que incluso podría tomarse dos años sabáticos de la política) no define su futuro todavía. Y además las elecciones serán desdobladas.

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Los errores del pasado

Una consigna bajó en las últimas semanas a la militancia radical: “La elección no está ganada ni mucho menos. Todavía hay que ganarle al peronismo”. Las disputas internas que se vieron esta última semana en el seno de Cambia Mendoza, más los enconos personales de algunos de sus dirigentes, están llevando al Gobierno a cometer los mismos errores que le hicieron perder, por caso, las elecciones mientras estaban en el poder en 1987 a manos de José Octavio Bordón. Y lo que fue la peor derrota, la de César Biffi en 2007 a manos de Celso Jaque. El peronismo le ganó a Santiago Felipe Llaver en el ´87 luego de una disputa en la UCR ( el entonces ministro de Economía le disputó el control a Llaver de un Congreso Partidario) y esa riña interna derivó en un acuerdo entre el entonces mandatario y José Genoud que terminó impulsando la candidatura de Raúl Baglini. En 2007 fue la catástrofe: Biffi perdió con Jaque luego de una ruptura histórica del radicalismo, de la cual Cornejo fue protagonista central tras armar la Concertación con Kirchner. La sangre de las peleas intestinas de los radicales en la actualidad todavía no llega al río, aunque podría suceder. Cornejo se juró a sí mismo no cometer el peor de los errores que vio en su carrera política y promete, se lo dijo a los posibles delfines, que no tendrá el mismo comportamiento que tuvo Roberto Iglesias  luego de que eligió e hizo ganar a Cobos en 2003. El “Mula” pretendió entonces conservar su cuota de poder en las decisiones de su sucesor y eso desencadenó una interna tan feroz que se llevó al menos tres años del tiempo de aquél gobierno. Será difícil la convivencia a futuro, en caso de que un radical siga en la gobernación. El actual mandatario se presenta como un cancerbero de sus políticas aún después de ido y el que venga tendrá una libertad de maniobra limitada. Un riesgo: Suárez, por ejemplo, ya planteó que a él no le interesa el control del partido, que seguirá en manos de Cornejo. El armado de las listas para la Legislatura, determinará qué cantidad de diputados y senadores tendrá el que venga. No es de extrañar que el actual, en su posición de “toma todo”, también dispute esa cuota de poder a partir del año que viene.


 

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Los enconos personales

Es parte de la historia de los errores del pasado. La foto  que algunos dirigentes como Julio Cobos o Laura Montero se sacaron el martes en Las Heras (estaba el intendente Daniel Orozco también) es un claro desafío a la intención del gobernador de imponer un candidato. Cobos no se presentará a competir, pero está dispuesto a respaldar a quien se le ponga enfrente a Cornejo. Y en ese escenario esa figura es Omar De Marchi. En al intimidad, Cleto acusa al Gobierno como el responsable de haber difundido la información de que su pareja Natalia Obón había sido designada en la Justicia Federal. Ese episodio golpeó como nunca al ex vicepresidente: con la designación fallida de su pareja, Cobos rifó su carrera política. Según una medición realizada en octubre, luego del escándalo, su imagen se desplomó 15 puntos. A decir verdad, Cornejo poco tuvo que ver en la difusión de aquella noticia que terminó dando vuelta al país. Aunque  está claro que desprecia a su ex referente político y desde un principio estuvo dispuesto a bloquearle una candidatura. Cleto se mueve hoy con el mismo resentimiento: hará todo lo que este a su alcance para que lo que Cornejo quiera, no suceda. La vicegobernadora juega el mismo juego, aunque con matices. En ella no hay resentimientos personales, aunque sí una sensación de que siempre fue ninguneada desde lo político por el gobernador. Y además siempre estará del lado de Cobos. En el encuentro del martes se dijo de todo acerca de Cornejo. Pero la línea de argumentación fue solo una: que es un gobernador con autoridad, pero con rasgos autoritarios también. Algo de razón hay en el resongo. Cornejo no permite ningún tipo de reuniones políticas, salvo que sean las suyas. Para saber cómo seguirá esta historia falta saber qué hará un dirigente clave: Marcelino Iglesias. El intendente de Guaymallén es amigo personal de Cobos y si bien no fue invitado a esa reunión del martes, en caso de que haber asistido, su presencia hubiera sido de minutos nada más.  Marcelino no está dispuesto a compartir ninguna mesa chica en la que esté también esta sentado Carlos Balter. Más allá de que mantiene su vínculo con Cobos, no está dispuesto a sacar los pies del plato y seguirá lo que el gobernador y el resto de los intendentes del oficialismo acuerden con respecto al candidato.


 

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La candidatura de De Marchi

El intendente de Luján es una piedra en el zapato del gobernador en todo este juego. Con el respaldo de Cobos y de un grupo de dirigentes heridos por Cornejo en Cambia Mendoza, está dispuesto a sostener su candidatura a gobernador hasta el final. De Marchi sabe una cosa: Cornejo jamás lo tendrá en cuenta como a uno de sus sucesores y el único camino que tiene para llegar es presentarse a la PASO y ganarla. ¿Lo hará?  El reafirma que sí. Está convencido, aunque hoy es difícil saberlo. Una cosa es cierta: el propio gobernador le fue cambiando el reglamento de la partida. Hasta hace unos meses se hablaba de que todo se resolvería democráticamente a través de una interna abierta. Pero Cornejo es Cornejo. Hace tres días nada más, según publicó MDZ, se acordó con la Casa Rosada de que en las provincias gobernadas por Cambiemos se respetará la decisión del gobernador en cuanto al candidato. En Luján desestiman este posible acuerdo con el Jefe de Gabinete, Marcos Peña. Pero de ser así, las aspiraciones de De Marchi terminarán por complicarse.