Por qué hoy la diabetes es una grave amenaza a la salud mundial

Las causas de que por primera vez en la historia una enfermedad no infecciosa se haya convertido en una epidemia. Qué pasa en Mendoza. Radiografía de un diabético.

No es una enfermedad infecto contagiosa ni tampoco una afección que modifique progresivamente los tejidos del cuerpo. Quien la padece en la calle pasa por desapercibido y según como se la trate día a día es que uno puede llegar a la ancianidad con un mejor estado físico y cuadro de salud que un individuo más, o bien, puede quedar ciego, con pérdida absoluta de sensibilidad en las piernas (que lo llevan a la amputación) o con otras funciones del cuerpo debilitadas.

En Argentina hay casi 1,6 millones de diabéticos. Casi la mitad no sabe que la padece. El 8,3% de la población mundial tiene diabetes. Por debajo de ese promedio (entre 5 y 7%), está Argentina.  Y por arriba (9,2%) América Latina y Central, una región en la que dentro de 17 años la enfermedad crecerá 51% (de 26,4 millones de hoy a 39,39 millones para 2030). El porcentaje de muertes en la región por diabetes es mayor respecto al de enfermos: 12,3% de la población total.

En el mundo hay 371 millones de diabéticos y 4,8 millones de muertes al año por esta afección. La mitad de los fallecimientos atribuibles a la diabetes ocurre en personas con menos de 60 años y los fondos para combatir la misma son altos: 471, 6 millones de dólares.

En el país, al año el Estado destina 966, 44 dólares por diabético y del total de afectados, 1,4 millones son de zonas urbanas y hay más mujeres que hombres: 832.730 contra 737.480 (estas cifras crecen constantemente). 

Estos datos son los últimos brindados por la Federación Internacional de Diabetes y confirma que por primera vez en la historia, una enfermedad no infecciosa es una grave amenaza a la salud mundial: la diabetes mellitus 2 se ha convertido en la principal causa de enfermedad y muerte temprana en la mayoría de los países del mundo.

En Mendoza hay unos 90 mil diabéticos, de los cuales una tercera parte no lo sabe "porque la diabetes tipo 1 es más fácil de detectar, ya que el paciente, al no tener ninguna reserva de insulina, los síntomas aparecen más rápido. En cambio los que tienen diabetes tipo 2 pueden pasar muchos años con un nivel de glucemia de 200 mg y sin darse cuenta eso puede generar complicaciones en la enfermedad", destacó el médico Martín Rodríguez en una entrevista hecha por este medio.

Las complicaciones más visibles de la diabetes son la ceguera y la pérdida de sensibilidad en los pies.

El tema del alto costo se puede entender así: para los que no tienen cobertura social al 100%, por ejemplo, tres cajas de 50 tiras reactivas para medir la glucemia son casi 1.400 pesos al mes. No hay tiras reactivas fabricadas en Argentina (y que pudiera significar una posible disminución del costo). Y a eso hay que sumarle la insulina, que en última instancia los centros de salud lo distribuyen gratis, pero que más allá de este beneficio en sí tienen un alto costo. Si bien hay marcas argentinas, las más recomendadas por los médicos son las de reconocidos laboratorios del exterior (la diferencia de calidad es visible). 

Los diabéticos tipo 2 no usan insulina. En cambio, sí, pastillas para que -explicado en forma sencilla- ayude al páncreas a generar insulina. Pero tanto los que padecen del tipo 1 como del tipo 2 sí o sí requieren las tiras reactivas, para saber en qué momento necesitan más insulina para bajar el nivel de glucemia o bien, tomar una bebida azucarada (Coca Cola, en general) para salir de la hipoglucemia.

La diabetes explicada adentro de un automóvil

Algunos diabéticos entienden así este trastorno del páncreas (que al no producir o limitar la producción de insulina evita que la glucosa de la sangre alimente las células):

"Un individuo sin diabetes es como un vehículo cuyo tanque de combustible se carga automáticamente. El vehículo anda cuando hay combustible. Y cuando se acaba el combustible o el coche está sobrecargado del mismo, el páncreas se encarga de ordenar las cosas. En cambio, el diabético es como un vehículo común, que sólo echará combustible cuando necesite andar: si recorrerá un kilómetro echará combustible para un kilómetro; si va a andar diez o cien kilómetros, la cantidad de combustible será ajustado a ese recorrido. En este ejemplo, el recorrido del vehículo es la actividad física y el combustible, la insulina que necesitará el diabético para hacer ese recorrido. Insulina y recorrido van de la mano, como lo es la alimentación, la actividad física y la insulina en los diabéticos. Ahora, cada conductor de vehículo - a través del medidor del tablero- conoce cuánto combustible dispone y la temperatura del coche desde el volante. El diabético tiene su medidor en el aparato que con tiras reactivas mide el azúcar en la sangre: mientras más veces al día se mida sabrá con certeza cuánta insulina necesita.

Las causas de una enfermedad que no es de ricos

Por primera vez en la historia una enfermedad no infecciosa es una grave amenaza para la salud mundial. Al no ser infecto contagiosa, entonces la diabetes no llega por un virus, sino más bien por los mismos hábitos de vida de las personas, que se traduce en lo siguiente:

Para empezar, en Argentina la obesidad es la causa más importante de la diabetes tipo 2 o insulino independiente. Aquí hay que aclarar que existen dos diabetes: la que padece, en grandes líneas, el 10% de los afectados, que es la tipo I y que usan insulina porque el páncreas directamente no produce insulina. Sus causas son varias, en la que no se descarta las genéticas. Y está la diabetes tipo 2, que alcanza al 90% restante y es la que más creció en los últimos años. Si bien se advierte mucho en la edad adulta, además de la obesidad está llegando ahora de la mano del estrés y también se da en los casos de las embarazadas que no fueron bien alimentadas y no llevan ese proceso con la nutrición adecuada.

En los países latinoamericanos, el bajo peso al nacer para la edad gestacional es un importante problema de salud pública, cuyo origen está asociado principalmente con la malnutrición materna y con alteraciones en la función placentaria debido a infecciones y a preeclampsia. En los sectores sociales empobrecidos de nuestro medio rural o de los suburbios de las grandes ciudades latinoamericanas, es común que el recién nacido tenga bajo peso para la edad gestacional.

Un estudio hecho hace 20 años, los varones británicos que al nacer pesaron menos de 2,5 kilos tuvieron siete veces más riesgo de ser intolerantes a la glucosa o presentar diabetes mellitus tipo 2 en relación a los individuos cuyos pesos al nacer fueron mayores de 4.300g.

Trabajos posteriores en diferentes países corroboraron que existe una interrelación entre peso al nacer y la presencia de obesidad abdominal, hipertensión arterial, prediabetes, HDL bajo y triglicéridos altos.

Es bien conocido que en el ser humano los niveles séricos de folato durante el embarazo se correlacionan positivamente con el contenido de adipocitos del recién nacido y con resistencia a la insulina, tan temprano como a los 6 años de edad, mientras que los niveles séricos de vitamina B12se correlacionan negativamente con resistencia a la insulina, y se conoce además que el mayor grado de resistencia a la insulina se presenta en los niños cuyas madres tuvieron durante el embarazo un exceso en el consumo de folato pero una deficiente ingesta de vitamina B12.

Un ejemplo de esto llevado a la realidad ocurrió hace muchos años, con la población holandesa post Segunda Guerra Mundial, en la que vivió un periódo de hambruna. Los individuos que nacieron de madres que en esos años sufrieron restricciones alimentarias cuando fueron adultos tuvieron mayor prevalencia a la obesidad y a la enfermedad arterial coronaria y sobre todo, los individuos cuyas madres estuvieron expuestas a la carencia de alimentos en etapas más tardías del embarazo tuvieron menor peso al nacer y experimentaron mayor prevalencia en la vida adulta de resistencia a la insulina, hipertensión arterial y diabetes mellitus 2.

Estos párrafos sin dudas echan por tierra a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, cuando en marzo último dijo que "la diabetes es una enfermedad de gente de alto poder adquisitivo".

Y por si faltara algo para agregar, el reciente informe de la Federación Internacional de Diabetes lo dice bien claro: cuatro de cada cinco diabéticos son de paises de ingresos medios o bajos.

En el entorno mendocino

Hace 25 años ser diabético era un problema: los medicamentos para el tipo 2 no eran efectivos como las actuales y los insulinodependientes se valían de la insulina bovina o porcina. Ambas muy lejos de la calidad de la insulina hecha con bacterias humanas, como la actual,  Y no sólo eso: no había mucha diferencia entre una aguja intramuscular (como las de ahora) y una subcutánea (para la insulina, en este caso). Por otra parte, las jeringas tenían un tamaño y un diseño que no mostraban con precisión las diferencias mínimas de unidades de insulina.

Las tiras reactivas no mostraban números precisos, sino colores, por lo que no eran muy exactos los resultados de las mediciones.

Todos estos productos se vendían y no eran completamente cubiertas por las obras sociales.

En esos tiempos no existían las bebidas sin azúcar -la primera de todas llegó en los ochenta, se llamó Tab (una bebida cola) y no duró mucho- y mucho menos, los alimentos bajas calorías.

En este sentido vale destacar que hoy un diabético tiene más chances de llevar su enfermedad porque los medicamentos son más accesibles; los tratamientos médicos, más variados (algunos médicos, por ejemplo, llevan a sus pacientes a correr al Parque o hacer caminatas por las montañas) y la calidad de las insulinas, pastillas y tiras reactivas permiten llevar mejor la diabetes.

Sin embargo, el progreso médico no fue acompañado -en lo que hace a Mendoza y en gran parte, al país- con un progreso cultural. Por ejemplo, cualquier mendocino que vacacione en la costa atlántica o Córdoba encontrará medialunas saladas (que pueden ser consumidas por diabéticos) en cualquier panadería. En Mendoza no es así. Según consultó este diario a algunas panaderías del centro mendocino reconocen que al no ser un producto de consumo masivo -como las facturas dulces o las tortitas- es un riesgo exhibirlas en los mostradores.

Otro aspecto cultural para destacar es el consumo de gaseosas sin azúcar en reuniones familiares, de trabajo o de amigos: al ser hoy las bebidas sin azúcar una moda (por ejemplo, Coca Cola Light es la segunda más consumida del mundo luego de Coca Cola), muchos que pueden consumir gaseosas comunes se vuelcan a las light, limitando así a los diabéticos presentes que no pueden optar por los dos tipos de bebidas.

Están los casos de las heladerías en Mendoza: algunas venden helados sin azúcar y al ser un lote menor y con menos mercado se vende más caro. En este sentido, muchos diabéticos insulinodependientes prefieren inyectarse más insulina y disfrutar de un helado más variado y rico que pagar unos pesos más por un helado menos sabroso y más limitado en sabores.

Por último, no todos los restaurantes de Mendoza -e inclusive comercios- ofrecen gaseosas sin azúcar o alimentos más balanceados en cuanto a carbohidratos. Entonces suceden cosas, como por ejemplo que un diabético tenga que elegir milanesas con papas fritas para comer sólo la milanesa y la mitad de las papas, cuando podría consumir el plato completo si fuera puré de zapallo, en lugar de papas (por la diferencias de carbohidratos entre uno y el otro). En este sentido vale aclarar que hace un tiempo en los supermercados se vendían puré instantáneo de zapallo, algo que no ocurre hoy. Llevado al ejemplo del auto, un plato lleno de puré equivale a mucho combustible para andar pocos kilómetros. En cambio un plato de puré de zapallo equivale al kilometraje justo que se utilizará.

También es visible en el menú de los postres. De todo lo que hoy ofrecen los restaurantes de Mendoza, lo más digerible para un diabético es la ensalada de fruta a secas, sin el almíbar (lo que implica pedírselo expresamente al mozo). No hay tortas dulces o helados sencillos que sean sin azúcar, lo que lleva en muchos casos a pasar directamente al café.

Y ni hablar si hacemos un ejemplo similar con los celíacos, quienes tienen que hacer un verdadero coctel de combinaciones en el menú para hacerse de un plato rico y aceptado por su organismo.

Según la experiencia de diabéticos consultados, se trata de una decisión que hace falta acompañar en forma permanente, ya que hoy los medios permiten hacerla más llevadera respecto de otras etapas de la historia.

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    7 de Diciembre de 2017
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