Por estos milagros, Juan Pablo II será santo

Tras la aprobación de un segundo milagro atribuído a Karol Wojtila, está libre el camino para su canonización. Los detalles.

La reunión plenaria de cardenales y de obispos de la Congragación para las Causas de los Santos aprobó esta mañana el segundo milagro atribuido a la intercesión de Juan Pablo II. Como había anticipado Vatican Insider, el papa Wojtyla será santo, con toda probabilidad, antes de 2014. La ceremonia podría llevarse a cabo en diciembre.

El pronunciamiento de hoy, después de que la comisión médica y la comisión de teólogos hubieran aprobado el segundo milagro, era necesario para certificar que la inexplicable curación se verificó por la efectiva intercesión del papa polaco. Se trata del último paso antes de que Francisco firme el decreto para convocar a un consistorio en el que se anunciará la canonización oficialmente.

El milagro de Wojtyla sucedió justamente el día de su beatificación, el 1 de mayo de 2011. Durante la reunión de esta mañana, los cardenales y los obispos de la Congregación se habrían expresado a favor de la canonización en diciembre, después de que termine el Año de la Fe. Todo, como sea, queda sometido a la voluntad del papa, que podría reservarse alguna sorpresa. El papa podría considerar justamente la proclamación contemporánea de la santidad de Juan Pablo II y de Juan XXIII una buena manera para “cerrar con broche de oro” el Año de la Fe.

Milagroso

El Vaticano ha mantenido un gran hermetismo sobre este camino a los altares y no ha querido ni confirmar ni rechazar la versión, varias fuentes coinciden en que la ceremonia de canonización podría tener lugar el 8 de diciembre.

Tampoco se han informado oficialmente detalles sobre el milagro aprobado, pero también se ha sabido que se trataría de una curación inexplicable de una mujer en Costa Rica, ocurrida el 1 de mayo de 2011.

Pero el diario La Razón de España rompe el secreto existente en torno a los milagros del beato Juan Pablo.  Relata un testimonio concreto:

La mirada le brilla como sólo ocurre con las personas que viven en paz y su sonrisa es reflejo de la firmeza de su historia. "Fue Juan Pablo II el que intercedió por mí". Toma un sorbo de café y comienza a sincerarse. No revela su nombre, porque no quiere protagonismo de lo que considera un pequeño gran milagro. Para él, el protagonista se llama Karol Wojtyla. Recuerda la primera vez que vio al Papa. Fue en 2000, en la Jornada Mundial de la Juventud en Roma. «Me quedé como un niño pequeño, mirándole», comenta. En ese momento, recuerda su infancia: habla de su madre como referente de fe, y de las misas dominicales y las visitas al Santísimo.  

Repasa su adolescencia, cuando se separó de casa para llegar como estudiante a Madrid. Fue la separación de su natal Toledo, donde años después realizaría una visita familiar. En su viaje de regreso, justo en el camino a Villa de Don Fadrique, la muerte intentó cogerlo. «Era una mañana fría. Viajaba con mi padre. Se trató de un choque en cadena. Nos metimos debajo de un camión y ahí empezó todo», relata. En ese momento, regresan a su mente los detalles. «¡Nos matamos!, gritó mi padre». Pero la advertencia pasó de largo ante el recuerdo de las palabras de Juan Pablo II que había escuchado y releído cientos de veces: «No tengáis miedo». 

Luego vinieron las imágenes trágicas. Casi una decena de coches involucrados en el suceso. La muerte parecía rondarle. Se manifestaba en la sangre que perdía a través de las heridas causadas por los cristales del parabrisas incrustados en su rostro. Tenía 21 años.  La escena era violenta, pero las palabras del Pontífice pudieron más. «No tuve miedo a morir», confiesa. Y su mirada cambia. «Acababa de confesarme. Aunque siempre he sido un poco "miedica" ante la muerte, lo viví con mucha calma».

"Sentí una fuerza especial"

Con esta tranquilidad, siguió la llegada del personal de emergencia y el viaje al hospital de 30 minutos. Tal vez era el delirio, o mejor, la fe. El caso es que empezó a rezar y luego a tararear las canciones religiosas de toda la vida. En su aparente inconsciencia se percató que en un bolsillo portaba un rosario. Era el mismo que le habían entregado un año antes en la última visita de Juan Pablo II a España. "Fue como tocarlo y sentir la fuerza especial de no sentirme abandonado".

Después vino el diagnóstico: politraumatismo facial. ¡Intervención quirúrgica urgente! "El último recuerdo fue una estampa del Papa que me entregó mi madre2. A partir de ahí, una operación de ocho horas y la pérdida del conocimiento durante dos semanas. Tras volver en sí, un proceso de recuperación de tres meses. Ahora, varios años después, lleva una vida normal con una fe que parece inquebrantable y que se fortalecerá a buen seguro con la beatificación de su particular Ángel de la Guarda. "Cuando murió, me quedé en casa y lloré como si hubiera muerto alguien muy cercano a mí", concluye.

Eugenio Lira Rugarcía, obispo  auxiliar de Puebla (México), considera abiertamente que los milagros de Juan Pablo II "suman muchos más" que la curación de Parkinson de la religiosa francesa Marie Simon-Pierre, el único reconocido en Roma. Y confiesa que sus 20 años ejerciendo el sacerdocio tuvieron mucho que ver una visita que realizó Karol Wojtyla en enero de 1979 a México. "Fue el primer viaje de todo su pontificado. Era la tercera Conferencia del Episcopado Latinoamericano. Yo logré participar en la misa que celebró". Se trataba de un Eugenio adolescente que, tras esta eucaristía, eligió olvidarse de la ilusión de la infancia de convertirse en dibujante para Walt Disney, y entrar al seminario.

Más testimonios

El mismo diario español hace referencia a una cadena de hechos que todavía no han sido aceptados oficialmente por el Vaticano como "milagros". Ellos son:

"Me salvó de morir en un accidente".Tiene 27 años y hace seis, un accidente automovilístico casi termina con su vida. Dice que lo salvó un milagro.  "Nuestro coche se metió debajo de un camión. Entonces, lejos de ponerme nervioso, vino a mi mente la frase clave del Papa: ‘‘No tengáis miedo''" Recuperado de las secuelas del siniestro, prefiere no dar su nombre, porque considera que el protagonista de esta historia es Juan Pablo II.

"Somos una familia gracias a él".Hasta 1989 Asun y Juanmi llevaban vidas separadas. Ese verano, la Jornada Mundial de la Juventud que Juan Pablo II presidió en Santiago en 1989 hizo que su destino cambiara, Llegaron como peregrinos, se conocieron y salieron como pareja. Ahora son una familia que recuerda con cariño aquella JMJ con sus hijos: Alba, Daniel y Pablo.

"El Rosario que me regaló hace mucho bien".Eugenio Lira Rugarcía, obispo  auxiliar de Puebla (México), considera abiertamente que los milagros de Juan Pablo II «suman muchos más» que el reconocido oficialmente por Roma. Él guarda un rosario que recibió del Santo Padre que ha ayudado a superar problemas graves a alguno de sus feligreses. Emocionado, evoca las distintas ocasiones que pudo verlo gracias a su vocación sacerdotal. "Juan Pablo II era impresionante, al verle descubrías a un sacerdote viviendo plenamente su ministerio. El momento culminante que viví con él fue durante el jubileo de 2000, cuando el Santo Padre me concedió una audiencia", revela. Le obsequió con un rosario que conserva en un estuche y que saca de vez en cuando para dar la bendición a la gente, un rosario que el prelado asegura que guarda detrás una historia milagrosa. Así lo atestigua al recordar cómo una mujer que se enteró que lo tenía lo buscó ocho días después de la muerte del Papa. Le contó, desesperada, sobre una migraña que padecía de años. Le rogó recibir la bendición con el rosario. Lo hizo. Tiempo después la volvió a ver y ella le dijo que un calor fuerte, pero no desagradable, rodeó su cabeza. Días después la enfermedad dejó de manifestarse. Lira dice que "tengo muchas historias similares», porque usa el rosario continuamente.  De ahí que recuerde la última vez que se encontró con él en 2004. «Estaba muy enfermo, pero lo admiré porque pasamos 192 personas y nos atendió a todos con bondad. Ya casi no hablaba. Después de que lo habíamos visto como atleta de Dios, fue impresionante. Era más grande espiritualmente, un hombre santo". Esta santidad también la vivieron de cerca Asunción y Juan Miguel en Santiago de Compostela en 1989. Ella, una veinteañera voluntaria en Cristianos Sin Fronteras. Él, uno de los miles de peregrinos que llegaron a la capital gallega para participar en la Jornada Mundial de la Juventud. Era la tercera visita de Juan Pablo II a tierra española. 

El proceso de canonización

El camino hacia la santidad tiene varios escalones: el primero es venerable siervo de Dios, el segundo beato y el tercero santo.

Venerable Siervo de Dios es el título que se da a una persona muerta a la que se reconoce haber vivido las virtudes de manera heroica.

Para que un venerable sea beatificado es necesario que se haya producido un milagro debido a su intercesión y para que sea canonizado (santo) es necesario un segundo milagro. Ese segundo milagro debe ocurrir después de ser proclamado beato.

El pronunciamiento de los cardenales y obispos llegó después que la consulta médica y la comisión de teólogos ya habían dado su beneplácito.

Opiniones (1)
18 de diciembre de 2017 | 19:32
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18 de diciembre de 2017 | 19:32
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