Versus

Dos obras póstumas de escritores latinoamericanos

En un año con muchas publicaciones de autores fallecidos, dos novelas resaltan por su calidad narrativa y las temáticas de indiscutible raíz regional.

La introducción

"La introducción"

Aquiles o El guerrero y el asesino

"Aquiles o El guerrero y el asesino"

¿Quién tiene razón?

Resultado parcial
Votá al final de la polémica

La introducción (Alfaguara) es la última obra del fallecido escritor argentino Rodolfo Fogwill (1941-2010), que narra una rutinaria jornada de un hombre porteño de buena posición económica que dedica esa tarde al ejercicio y el relax en un idealizado complejo termal llamado Las Flores. En el transcurso de las horas, este personaje irá planteándose distintas reflexiones sobre la vida, tanto propia como de los demás, mientras se cuestionará ciertos conceptos que están muy presentes en la sociedad contemporánea.

Desde que toma un colectivo a pocas cuadras de su casa hasta que retorna en un auto compartido, este hombre (cuya identidad no es revelada) de mediana edad y clase media acomodada intentará evitar profundizar en pensamientos trascendentales para enfocarse en cuestiones más banales, como medir las pulsaciones mientras toma una clase de ejercicios o está pendiente de sus movimientos cuando nada en una pileta climatizada. Sin embargo, le es muy difícil sustraerse, lo que queda más evidenciado cuando llega a la ciudad y retoma sus actividades.

Fogwill utiliza los contextos y ciertos pasajes reflexivos de su protagonista para mostrar una aguda crítica sobre la sociedad, en este caso la Argentina del nuevo milenio: la idealización del cuerpo humano, el trastorno social, la desigualdad entre clases económicas, la necesidad de mantener las apariencias.

Otro de los temas destacados en La introducción es el amor. Abordado desde una posición más metafórica, el protagonista trata de conjeturar cuál es el significado del amor, en el contexto de una relación peculiar con una mujer casada pero en permanente crisis matrimonial y un oculto deseo hacia una jovencita. "¿Qué es el amor?, se preguntaba pensando en que debía existir algo como lo que se suele llamar 'amor' y liga a uno con la mujer tal como muchos se ligan el olor del café, o del pan".

Siendo su última obra, que estaba corrigiendo hasta poco antes de su muerte, Fogwill nos dejó una impecable narración que exalta lo más profundo de la mente humana con un retrato muy preciso sobre la realidad que nos rodea.

Aquiles o El guerrero y el asesino (CFE - Alfaguara) es la novela póstuma del célebre escritor y ensayista mexicano Carlos Fuentes, fallecido en el año 2012, la cual narra, desde la volatilidad novelesca, la historia de Pizarro Leongómez (también conocido como "Comandante Papito", por su galantería y hermoso rostro), uno de los guerrilleros más célebres de Colombia y líder del Movimiento 19 de Abril, a quien el sutor le asignó el nombre homérico de Aquiles, ese héroe mitológico de la Antigua Grecia alabado por su hermosura y fuerza, pero con una debilidad que sería su condena.

Este Aquiles de la Colombia sumida en la violencia deja las comodidades y el amor de su familia para perseguir una utopía revolucionaria campesina, junto a otros tres jóvenes que el autor también renombró como figuras de una Guerra de Troya en plena selva montañosa: Diomedes (Jaime Bateman), Pelayo (Álvaro Fayad) y Cástor (Iván Marino Ospina), cada uno con su historia de tristezas, anhelos, pérdidas e ideologías, que confluyen en medio de una naturaleza rural que otorga placeres y temores al mismo tiempo.

El autor no se resignó en su empeño de trazar los vaivenes de una América Latina tensada por las desigualdades y la dureza de una clase política elitista y desdeñosa. "¿Será cierto qué solo nos parecemos en lo bueno -la cultura, la lengua, la simpatía, el abrazo, la identificación misma- pero no en lo malo, cada país con sus propios problemas [...] Argentina azorada de que la sociedad más rica y más educada pudo engendrar los peores monstruos militaristas y el asombro de la miseria del basurero [...] ¿O será que solo nos parecemos en lo malo y nos distinguimos, cada uno, por lo bueno?".

No es fácil establecer si Aquiles o El guerrero... hubiese quedado con el mismo resultado si Fuentes hubiera llegado a finalizar por completo esta obra. Aunque puede ser que la mano de Ortega se vislumbra entre la historia (dado que ejerció como editor y, aunque sostiene su fidelidad a las indicaciones escritas por el autor, debió ordenar un texto fragmentado), el estilo versátil y dinámico de Fuentes se hace sentir en varios pasajes de la obra. Por ejemplo, al colocarse como testigo presencial del asesinato de su Aquiles, o al intercalar la narración entre la primera y tercera persona, complejizando la técnica narrativa sin perder la delicadeza del lenguaje y la frescura de un relato profundo y desgarrador.

Esta obra conjuga una hibridez literaria fascinante, que combina la crónica, el relato periodístico, la lírica, la ficcionalización histórica y la reflexión sociológica. Los personajes oscilan entre la realidad y el subconsciente; a veces no se sabe si están hablando, pensando o soñando, o si de hecho son ellos quienes intervienen en la narración. La tragedia se entremezcla con la espesura de la selva y los recuerdos de la juventud, los sonidos de la música costera suenan en los oídos al compás de las caminatas guerrilleras y el zumbido de una bala.

¿Quién tiene razón?

Resultado parcial
10 votos
Fogwill
Carlos Fuentes
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20 de agosto de 2017 | 22:22
1
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20 de agosto de 2017 | 22:22
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