polémica

Stiglitz vs Singer: artículos enfrentados sobre buitres y deuda argentina

Un artículo publicado por el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz y el argentino martín Guzmán fue respondido por el The Wall Street Journal con una entrevista a Paul Singer, dueño del fondo Elliot. Guzmán habló con MDZ Radio en el programa "Hacete cargo" y señaló que Singer "ganó con el pago de la deuda argentina un porcentaje de 1.200%". Te ofrecemos los artículos en pugna sobre Argentina originales en inglés y un traductor online disponible por si no comprendés ese idioma.

A Rule of Law for Sovereign Debt

A Rule of Law for Sovereign Debt

The Lessons of Our Bond War

The Lessons of Our Bond War

¿Quién tiene razón?

Resultado parcial
Votá al final de la polémica

 Governments sometimes need to restructure their debts. Otherwise, a country’s economic and political stability may be threatened. But, in the absence of an international rule of law for resolving sovereign defaults, the world pays a higher price than it should for such restructurings. The result is a poorly functioning sovereign-debt market, marked by unnecessary strife and costly delays in addressing problems when they arise.

We are reminded of this time and again. In Argentina, the authorities’ battles with a small number of “investors” (so-called vulture funds) jeopardized an entire debt restructuring agreed to – voluntarily – by an overwhelming majority of the country’s creditors. In Greece, most of the “rescue” funds in the temporary “assistance” programs are allocated for payments to existing creditors, while the country is forced into austerity policies that have contributed mightily to a 25% decline in GDP and have left its population worse off. In Ukraine, the potential political ramifications of sovereign-debt distress are enormous. Continuá leyendo desde aquí.

Algunos puntos del artículo de Stiglitz y Guzmán:

El Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz y su ayudante de la Universidad de Columbia, Martín Guzmán, escribieron una columna en el New York Times en la que afirman que el acuerdo con los fondos buitre y el gobierno argentino representa “una mala noticia para el mundo”, más que nada a la hora de pensar en futuras renegociaciones de deuda soberana.

“El que fue tal vez el juicio más complejo de la historia entre una nación soberana y sus bonistas llegó a su fin cuando el Senado argentino ratificó un acuerdo”, iniciaron su columna. Y enseguida adviertieron: “La resolución fue una excelente noticia para un pequeño grupo de inversores bien conectados, y fue una terrible noticia para el resto del mundo, especialmente para los países que enfrenten crisis de deuda en el futuro”.

Tras hacer un repaso de la crisis económica de 2001 y las reestructuraciones de deuda de 2005 y 2010, los economistas de Columbia se centran en el conflicto con el 7% de los bonistas que no aceptaron esos canjes, los holdouts o fondos buitre que acordaron recientemente con el gobierno de Mauricio Macri. “Dentro de la pequeña minoría que rechazó aquel acuerdo había inversores que habían comprado muchos de esos bonos con un descuento enorme, luego de que el país defaulteara e incluso después de la primera ronda de reestructuración. Ese tipo de inversores se ganaron el mote de fondos buitres por comprar deuda afectada y después, con la ayuda de abogados y lobistas, tratar de forzar un arreglo. Estas compañías fueron algunos de los más conocidos fondos buitres, como NML Capital, una subsidiaria de Elliott Management, un fondo buitre codirigido por Paul Singer, un gran donante del Partido Republicano; como así también Aurelius Capital y Dart Management”, repasaron.

Stiglitz y Guzmán repasaron las estrategias de los buitres, desde el embargo de la Fragata Libertad en Ghana hasta la sentencia favorable a sus intereses del juez distrital de Nueva York Thomas Griesa que impidió el pago a los bonistas reestructurados hasta que no se arreglara con los holdouts. “NML va a recibir un retorno total del 1.180% y Argentina también va a pagar las cuotas legales de los buitres”, remarcaron.

Las consecuencias del acuerdo

“Esta resolución”, señalaron Stiglitz y Guzmán, “va tener un precio alto para el sistema financiero internacional, al incentivar a otros fondos a convertirse en holdouts y hacer virtualmente imposible cualquier reestructuración de deuda.¿Por qué habrían los bonistas de aceptar un recorte si pueden esperar y ganar retornos exorbitantes por una pequeña inversión?”.

“De alguna manera, Argentina se desmarcó. Peleó agresivamente por los mejores términos con el grupo inicial de bonistas y configuró el escenario para una recuperación espectacular: desde 2003 hasta 2008, cuando llegó la crisis internacional, el país creció 8 puntos por año y el desempleo declinó hasta el 7,8 habiendo partido de más del 20”, subrayaron.

“Gran Bretaña y Bélgica han legislado sobre este tipo de demandas ilegales de los buitres. En septiembre del año pasado, las Naciones Unidas aprobaron de manera impresionante nueve principios que deberían guiar la reestructuración soberana de deudas. Sólo seis países votaron en contra, pero como son las mayores jurisdicciones para el préstamo soberano estos principios no van a ser muy efectivos. Muchos países tienen leyes de quebranto. Pero no hay un equivalente para los quebrantos soberanos, ni siquiera algo cercano a eso. Las Naciones Unidas se pusieron a la cabeza del desafío de resolver este vacío y,como el caso de Argentina prueba, la iniciativa es más importante que nunca”.

 On April 22, a unique chapter in the history of the international bond market drew to a close when the Republic of Argentina settled with the largest remaining holders of the bonds unresolved from its 2001 default on more than $80 billion. Elliott Management, the firm I founded and manage, was one of these holders, having purchased bonds both before and after the default. Leé más desde aquí.

Claves del artículo de Singer:

En el diario financiero The Wall Street Journal, el líder de los fondos buitre que litigó contra Argentina durante más de diez años, publicó hoy “Lecciones de nuestra guerra de bonos”. En la polémica columna de opinión, Singer comete el desliz de olvidar leyes fundamentales de las finanzas y se pinta frente al lector como un adalid de los mercados emergentes.

Una explicación previa para entender sus argumentos: en el caso de los fondos buitre contra Argentina, dos fallos del juez de Nueva York Thomas Griesa hicieron pensar a la comunidad internacional que las futuras reestructuraciones de deuda podrían dificultarse mucho.

El primero fue la original interpretación de Griesa de la pari passu (una cláusula genérica para tratar a todos los acreedores por igual), que le permitió obligar a Argentina a pagar a los buitres.

El segundo, bloquear en 2014 los pagos con que el Gobierno atendía los vencimientos de títulos reestructurados en 2005 y 2010, haciendo que Argentina entrara, a su pesar, en una especie de segundo default.

¿Qué bonista aceptará una quita en su bono en futuras reestructuraciones? ¿No será mejor esperar a que un juez como Griesa fuerce el pago total? Esa sería la pregunta a la que responde Singer en su columna de hoy.

“Si no fuera posible ejecutar los acuerdos, los bonos soberanos de países con historial de crédito cuestionable se derrumbarían hasta niveles cercanos a cero en cuanto aparezca el primer problema. Después de todo, ¿quién va a querer quedarse con esos bonos cuando sus tenedores no pueden hacer valer sus derechos y los emisores pueden pagar el precio que deseen y a los acreedores que deseen?”, escribió.

Singer parece haber olvidado en su argumentación que la decisión de un default no es ligera ni alegre: los países que se ven forzados a tomarla saben que tendrán que pagarlo con creces, en forma de mayores intereses la próxima vez que quieran pedir prestado, cuando no directamente de bloqueo al mercado internacional de deuda.

También se olvida de que los altísimos intereses que ofrecían los bonos argentinos poco antes de entrar en default estaban directamente relacionados con el riesgo de impago en que incurría quien los comprara. Poca gente entró en 2001 a comprar títulos de deuda argentina y los que lo hicieron, como Singer, sabían perfectamente a qué estaban jugando.

En el párrafo siguiente, el dueño del fondo Elliott se refiere sin rodeos a lo que le da miedo: “Algunos países quieren incluir cláusulas en sus bonos que obliguen a los bonistas minoritarios a seguir el acuerdo votado por la mayoría”.

Se refiere a las cláusulas de acción colectiva que desde 2014 se están incorporando en las emisiones de deuda para blindarse frente a los buitres (siempre minoritarios).

Singer admite el derecho que tiene cada país para diseñar los títulos de deuda como le parezca mejor pero les advierte, como si lo hiciera por ellos, de que será perjudicial: “Muy probablemente el mundo verá cómo se achican los préstamos soberanos”.

Si fuera cierto su pronóstico, se tendría que haber achicado el crédito también dentro de todos los países donde existe la bancarrota, esa regulación que permite al deudor en problemas aliviar parte de su carga. Una legislación que también interesa al acreedor (de otra forma, no sería tan universal): gracias a ella consigue al menos parte de lo que se le debía.

El crédito no se seca, como vaticina Singer, sino que sube de precio. Para evitar ese costo, que se mide en miles de millones de dólares, los países no incumplen con sus acreedores cada vez que lo desean. Y Singer lo sabe bien. El default es su negocio.

¿Quién tiene razón?

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Stiglitz y Guzmán
Paul Singer
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20 de octubre de 2017 | 13:59
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20 de octubre de 2017 | 13:59
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