polémica

Dos miradas sobre el show de Ricky Martin

Elegí la que coincide con la tuya. Un show extraordinario y dos puntos de vista de periodistas de MDZ que estuvieron allí.

La gran bestia pop

La gran bestia pop

Mi visión minita

Mi visión "minita"

¿Quién tiene razón?

Resultado parcial
Votá al final de la polémica

 Ricky Martin se presentó anoche en un colmado Arena Maipú. Más de cinco mil personas generaron el ambiente propicio para un espectáculo que estuvo al nivel de una de las estrellas internacionales más importantes del mundo, en la primera de la dos funciones que dará en Mendoza en el contexto de su gira "One World".

La estrella del pop no modificó, en sus aspectos generales, el espectáculo para esta parada en nuestra provincia. Mantuvo el gran nivel de calidad musical, técnica y bailable que ha venido demostrando desde el comienzo de esta gira en abril del año pasado en Australia.

A las 21.30 las luces se apagaron para dar comienzo con la primera de las tres etapas en las que se divide el show. Luego de un amplio juego de luces, el cantante apareció sobre una plataforma desde lo alto que descendió hasta el escenario donde se pudo observar la magnitud de lo que Ricky nos tenía preparado: cuatro impactantes cubos de pantallas de led colgaban del centro del escenario, el cual estaba dividido con dos escaleras laterales y una gran tarima de fondo, grandes columnas de iluminación a los costados, nueve músicos en escena y ocho bailarines.

Vestido elegantemente, como ya nos tiene acostumbrados, dio comienzo a un repertorio de 20 canciones con la intensidad y su sello característicos: "Adrenalina", "This is Good", "Drop It One Me" y "Shake Your Bon Bon", formaron parte de una introducción donde dejó bien en claro que entiende a la perfección su profesión: cantar, bailar y sonreír. Ricky se lució con una seguidilla de temas en los que sus bailarines tuvieron el mismo protagonismo que él.

"Buenas noches Mendoza, ¿cómo están? Muchas gracias por estar aquí esta noche. Yo lo único que quiero es pasarla bien y poder al final de la noche decir que estoy feliz", expresó antes de pedirle al público olvidar los problemas y ser felices. "Tenemos que poder ser libres, tenemos que poder arriesgarnos, hoy nos vamos a enfocar en el poder de la felicidad", expresó en su saludo al público antes de interpretar "Tal vez", que lo colmó de ovaciones y gritos ensordecedores.

Los primeros acordes de "Livin’ la vida loca" lo encontró nuevamente con su público, esta vez, sobre un clásico Mustang que ingreso hasta el escenario. Las trabajadas coreografías, a cargo de sus bailarines y del mismo Martin, hacen del show un punto aparte, volviendo mucho más vistoso el desempeño sobre el escenario.

Uno de los momentos más emotivos de la velada llegó cuando en las pantallas se proyectó un llamado de conciencia sobre la lucha que el músico, junto a su Fundación, llevan a cabo contra la trata humana. Con estas imágenes introdujo "Asignatura pendiente".

De esta forma dio comienzo a la segunda parte del show, incursionando en clásicos románticos de su carrera. Si bien las interpretaciones más bailables de su repertorio, hacen delirar a las fanáticas, no hay nada que pueda con sus clásicos románticos. "Disparo al corazón", "Tu recuerdo", "Te extraño" y "Vuelve", finalizando con un Martin que provocando preguntaba, "¿Una más?".

La tercera y última parte del show, explosiva y bailable, inició con "Adiós", y continuó con "Lola", "María" y"La bomba". Con "Por arriba, por abajo" los niveles de euforia llegaron a su punto máximo, sobre todo con la competencia con el público, ya un clásico de sus shows. La banda, dirigida por el guitarrista David Cabrera, dimensionó aún más el espectáculo.

"Pégate", "La copa de la vida" y "La mordidita" cerraron una noche en la que el boricua logró ese objetivo que planteo al comienzo del concierto: hacer feliz a su público.

 Ricky Martin tiene una simpatía estremecedora y una sensualidad pocas veces vista.

Definitivamente, no estoy aquí para transmitirles nada de OneWold Tour, MDZol ha mandado al rocker Gonzalo Arroyo, que bien ha sabido hacerlo. Yo quiero brindarles el costado femenino, eso que hizo que las 3.500 personas presentes en el primer show de Ricky Martin en Mendoza no se fueran con gusto a poco.

Lo que brilla en el escenario no son las 10 pantallas led, ni los músicos que lo acompañan, tampoco su docena de bailarines perfectamente coordinados. Lo que brilla sobre el escenario es el puertorriqueño, que bien podría pararse solo y refulgir de la misma manera, abusando de su deslumbrante belleza y sex-appeal.

Las luces se encendieron y un elevador permitió que el cantante saliera a escena desde lo más alto del Stadium del Arena Maipú. Con la sonrisa tímida que lo caracteriza y lo hace parecer un niño, aún a sus 44 años, invitó a todos sus fans a bailar Adrenalina. Subió la adrenalina.

A menos de 5 metros de distancia pudimos apreciarlo y, sin temor a equivocarme, les aseguro que jamás, en ningún lugar del mundo, vi una cara tan simétrica y perfecta. Pero si sólo fuera eso podríamos decir que la vida es la justa, ¡pues no! Además, baila como los dioses, tiene movimientos suaves y acabados: Mira un punto imaginario, gira a 360 grados y vuelve al punto imaginario, estira los brazos en líneas rectas, casi medidas con escuadra, logra una impecable disociación en el movimiento de la parte superior e inferior del cuerpo y levanta la pierna a centímetros de la cara sin perder la línea. ¿Qué más se le puede pedir?

Las que no leyeron el libro 50 sombras de Grey y querían saber qué genera, bueno, genera lo mismo que este hombre dos horas arriba del escenario. Sonríe ingenuo, como cuando cantó “El amor de mi vida”: “Eres el amor de mi vida, te lo dice mi corazón, que no te olvida…” pero no pudo seguir, porque se olvidó la letra. También es sexy, y eso nadie lo duda cuando se para con la mano derecha en el bolsillo, agita la izquierda y mira de reojo. Sabe que ellas enloquecen.

Habló poco en el show, hace 5 días que está en Mendoza, sabemos que disfrutó de nuestros vinos en la bodega The Vines, cosechó junto a sus hijos y enloqueció con la provoleta, pero no hizo referencia a nada de esto frente a su público. Sólo invitó a “olvidarse de los problemas”, y realizó su típico juego desde el escenario, donde divide al público en dos y lo hace bailar y competir entre sí.

Luego quiso hacer algo similar nuevamente, pero dio las indicaciones en inglés y no logró que el público se sume. Por cierto, ¡en Argentina “La Copa de la vida”, se canta en español. Ojalá alguien se lo advierta para el show de esta noche!

El espectáculo está diseñado para que Ricky logre 6 cambios de vestuario, siempre con pantalón negro, primero lo vimos con un remerón negro con detalles de cuero del mismo color, luego deleitó con una camisola blanca casi hasta la rodilla, más tarde un blazer satinado bordeaux, que se sacó y dio paso a la camisa del mismo color, para pasar a un look más descontracturado, de remera blanca apretada al cuerpo y cerró con musculosa negra, cantando “La mordidita”.

Obsesivo con su jopo, tanto que lo acomodó constantemente, hasta en el momento de la despedida, para las últimas fotos, cuando el cantante salió de escena gracias a una pantalla que descendió y lo cubrió, hasta la próxima. 

¿Quién tiene razón?

Resultado parcial
114 votos
Gonzalo Arroyo
Ana Saldaña
Opiniones (1)
23 de agosto de 2017 | 09:02
2
ERROR
23 de agosto de 2017 | 09:02
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Estuve en el show, y si bien fue impecable.... me quedé con gusto a poco, la verdad que ante la gran ansiedad de sus fans, 3 o 4 temas más, podría haber cantado, era como si todo estaba tan sincronizado que no se podía desviar ni un segundo más. El grupo soporte que trae, es justamente para justificar el tiempo del espectáculo, teniendo en cuenta el valor de las entradas... El resto sin discusión un artista que hace vibrar desde todas sus aristas.
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