opinión

El nuevo Sistema de Defensa Europeo (Pesco)

El nuevo Sistema de Defensa Europeo (Pesco)

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), nació en el año 1.949 como fruto del acuerdo celebrado en Washington entre diez países (Bélgica, Canadá, Dinamarca, Estados Unidos, Francia, Islandia, Italia, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Portugal y Reino Unido). Posteriormente fueron incorporados otros países hasta llegar a los veintiocho actuales: Albania, Alemania, Bélgica, Bulgaria, Canadá, República Checa, Croacia, Dinamarca, Estados Unidos, Estonia, Eslovaquia, Eslovenia, España, Francia, Grecia, Hungría, Islandia, Italia, Letonia, Lituania, Luxemburgo, Noruega, Países Bajos, Polonia, Portugal, Reino Unido, Rumania y Turquía.

Con fundamento en el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas los miembros de la OTAN acordaron la defensa mutua en caso de agresión armada contra cualquiera de ellosi.

Desde 1949 el mundo, las alianzas y la geopolítica, han sufrido cambios dramáticos. Basta pensar en la caída del muro de Berlín, que significó el fin de la denominada guerra fría e introdujo modificaciones trascendentales en el mapa político europeo. Piénsese solamente en la transformación de siete estados multinacionales en veinte nuevos países y la incorporación a la UE de nuevos miembrosii, entre ellos algunos que estaban bajo la órbita soviética: Bulgaria, Hungría, Polonia, los países bálticos (Estonia, Letonia y Lituania), la República Checa, Eslovaquia, Croacia y Eslovenia.

El derrotero histórico siguió su curso y la próxima salida del Reino Unido de la Unión Europea (Brexit), la anexión de Crimea por Rusia, la crisis en Ucrania, el terrorismo y la presencia de Donald Trump en la Casa Blanca (figura que despierta desconfianza en la UE), han traído nuevamente al debate, puertas adentro de la Unión, la necesidad de un sistema propio de defensa sin que ello signifique la salida de la OTAN.

Ese sistema defensivo europeo ya estaba previsto en el Tratado de Lisboaiii (2.007) aunque nunca se había implementado o, mejor aún, nunca como ahora había surgido la necesidad de concretarlo por las razones ya expresadas.

En noviembre pasado, la ministro de defensa de la República Federal de Alemania, Ursula von der Leyen, anunció en Berlín la creación de la "Cooperación Estructurada Permanente" (PESCO, Permanent Structured Cooperation) de la Unión Europea en materia de defensa y seguridad. Dicha cooperación, dijo la ministro, "es un paso más para la creación de un ejército europeo". La ministro, tal vez para evitar roces con la OTAN, señaló que la nueva estructura de seguridad tendrá carácter ‘complementario' respecto de la Alianza Atlántica.

El pasado trece de noviembre, veintitrés de los países miembros de la UE, notificaron formalmente a la alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad, Federica Mogherini, su voluntad de tomar parte en la PESCO.

El próximo 11 de diciembre tendrá lugar en Bruselas (Consejo Europeo) la trascendental votación por la cual los jefes de estado y de gobierno de la Unión decidirán la creación de la PESCO.

Según lo ya pactado, los países firmantes, deberán incrementar su gasto en materia de defensa y garantizar la interoperabilidad de las fuerzas militares de cada país. La participación en la nueva estructura es voluntaria, pero una vez que se forme parte las decisiones tendrán carácter vinculante para los países miembros. Si bien no todos los países de la UE han firmado el compromiso, la invitación está formulada para todos; Irlanda y Portugal ya han hecho saber que en el futuro próximo ingresarán a la PESCO.

No bien conocida la noticia, la nueva estructura que deberá estar operativa para 2020, despertó críticas. La primera fue que muchas de las actividades de la nueva estructura de defensa europea se verían innecesariamente duplicadas con las de la OTAN y otra crítica, como podrá imaginarse, es el costo fiscal que traerá aparejado ya que, como se señaló anteriormente, los países miembros deberán aumentar sus gastos y contribuciones en materia de defensa.

La nueva estructura militar, un paso trascendental en la integración europea, también tendrá indudables efectos políticos. La UE tiene la imagen de ser un poder ‘blando'iv que sólo defiende los derechos humanos y brinda importante ayuda al desarrollo; de ahora en más Europa también tendrá un importante peso militar y la capacidad operativa suficiente para defender de inmediato su territorio sin depender del humor de la Casa Blanca.

Jorge Millán





















i Carta de las Naciones Unidas, Artículo 51: Ninguna disposición de esta Carta menoscabará el derecho inmanente de legítima defensa, individual o colectiva, en caso de ataque armado contra un Miembro de las Naciones Unidas, hasta tanto que el Consejo de Seguridad haya tomado las medidas necesarias para mantener la paz y la seguridad internacionales. Las medidas tomadas por los Miembros en ejercicio del derecho de legítima defensa serán comunicadas inmediatamente al Consejo de Seguridad, y no afectarán en manera alguna la autoridad y responsabilidad del Consejo conforme a la presente Carta para ejercer en cualquier momento la acción que estime necesaria con el fin de mantener o restablecer la paz y la seguridad internacionales.

ii https://eurasianet.es/2014/11/caida-del-muro-de-berlin/

iii Tratado de Lisboa (2.007), artículos 42, apartado 6, y 46.

iv http://www.lavanguardia.com/internacional/20171114/432874593624/entrevista-jorge-domecq-agencia-europea-defensa-pesco-ue.html

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15 de diciembre de 2017 | 04:03
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    Leopardo al acecho
    7 de Diciembre de 2017
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