R. Valle

Marche un baño de humildad tamaño baño

La pelea ombliguista de algunas figuras de los medios hizo perder el foco y obviar una regla de manual: el periodista nunca debe ser más importante que la noticia.

A Jaime Durán Barba, el ecuatoriano devenido gurú macrista, se le puede achacar cualquier cosa, menos que carezca de olfato y astucia para ganar pulseadas electorales.

Entre los 18 consejos que el exitoso asesor elaboró cual tabla de Moisés para triunfar en las elecciones de octubre, postuló un nuevo mandamiento: "Aprender a ser humildes".

En esa suerte de homilía, las principales espadas de Cambiemos escucharon atentamente la lección del politólogo: "La grandeza es hija de la humildad, no de las acciones. Tenemos que aprender a ser humildes para poder ser cada vez más grandes".

Como buen alumno, a los pocos días el presidente Macri aprovechó un reunión de gabinete para pedir, en plena campaña, "mantener la humildad, más aún cuando vamos mejor, para no caer en la soberbia".

A su turno, otra alumna aplicada, la gobernadora María Eugenia Vidal, pidió "defender los cambios que se vienen y trabajar con humildad cerca de la gente".

Para cerrar el tridente de discípulos, el Jefe de Gabinete, Marcos Peña, dijo en voz alta -como para escucharse y que lo escucharan-: "Quien piensa que tiene un cheque en blanco y apoyo incondicional puede estrolarse contra la pared".

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No es casual tanta invocación a la humildad, quizás por ese viejo y sabio refrán que desafía "dime de qué presumes y te diré de qué careces".

Mientras algunos políticos intentan aprender la lección (aunque en ese gesto haya también algo de marketing), en otros sectores los humos todavía están a la orden del día.

El ego que circula a borbotones por las redes sociales no es más que una exaltación generalizada del narcisismo de estos tiempos, del que nadie está exento. Mucho menos, los periodistas.

La reciente edición de los premios Martín Fierro de radio desnudó como nunca el alto nivel de ombliguismo de esta profesión en la Argentina. Superó, incluso, a las vedettongas de turno, a los futbolistas que copan Instagram y a esas raras avis que crecen bajo el ala de Tinelli y después se multiplican como Gremlins en cuanto programa de chimento los prohijen.

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Los insultos, pases de factura, chicanas y desplantes de reconocidas figuras de la comunicación (los Leuco, Lanata, Majul, Sietecase, Tenembaum, Andahazi, Fantino, etc.) confirmó lo que desde hace mucho se percibe a la vista de todos: a la mayoría se los comió el personaje. 

Con años de trayectoria y no pocos méritos, han logrado ser su propia marca y eso que debería ser una garantía de profesionalismo, credibilidad y responsabilidad no lo es en todos los casos.

Se quiso simplificar la discusión de fondo apelando -cuándo no- a la grieta y en que lado de ella se ubica hoy cada uno de los contendientes. Quienes esperan que los periodistas ocupemos un rol instrumental en el proceso de la comunicación, sienten que esos que aprovechan sus espacios en los medios para medir el tamaño de sus miembros y compararse no cumplen con su función básica. 

Ya ni siquiera militan una posición pro o anti, a su modo militan sólo por sí mismos.  

Tampoco salvan la ropa aquellos cuyo perfil es el de interpretar los hechos, analizarlos y ponerlos en contexto, porque también ellos dejaron que sus egos desbocados desdibujaran los argumentos.

Todo esto debería quedar en una anécdota si no fuera porque hubo munición gruesa, trabajadores y empresarios invocados torpemente, agravios discriminatorios y hasta amenazas propias de barras bravas. Un cambalache olvidable, por cierto. 

A manera de cierre, la mejor reflexión que leí acerca del tema vino de la siempre sensata Hinde Pomeraniec, una colega que sintetizó este alocado sainete con una sencillez demoledora: "Creo que si alguna vez el periodismo recupera algo de prestigio va a ser cuando los periodistas empecemos a dejar de hablar de... periodistas".

Porque creo que tiene razón, hasta acá llego.

Opiniones (1)
20 de noviembre de 2017 | 08:53
2
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20 de noviembre de 2017 | 08:53
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. No puedo estar más de acuerdo con lo expresado en esta nota. Harrrrrtos de periodismo haciendo notas de y sobre periodistas, dando "opiniones" en vez de noticias, haciendo propaganda en lugar de informar...un aplauso de pie para Usted, Sr. Rubén Valle. Vuelvan a las bases, vuelvan a ser periodistas.
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