E. Gajardo

Igual que al vino, pongamos atención a otras cosas que pueden costar caras

El Gobierno mendocino en su totalidad se movilizó detrás de la causa del vino. Tal como se hizo con una industria, se debe hacer con algo que nos afecta todos y que seguimos escondiendo abajo de la alfombra, la preparación para las emergencias.

Soy insistidor, como un burro, según indica un dicho popular. 

Dio gusto ver como todos los funcionarios, actores políticos y sociales, además de todos los sectores económicos, se movilizaron para que el vino no tuviera un impuesto. Esa misma energía y preocupación sería bueno verla en otras áreas que están olvidadas y que, si no se toman en cuenta a tiempo, pueden traer consecuencias muchos peores que las que podría haber tenido un tributo a la bebida nacional.

Se aproxima la temporada de tormentas y aluviones, seguimos estando mal preparados para un eventual sismo fuerte o terremoto y la preparación a nivel estatal sigue siendo una cuestión secundaria, que no tiene una alta prioridad y que -lo peor- la población desconoce. Es que no basta con el Plan de Ordenamiento Territorial (POT), es necesario tener a todos y cada uno de los habitantes de la provincia preparados.

Si ponemos sobre la mesa los números, estar mal preparados para una emergencia puede costar mucho más que 3 mil millones de pesos. En dinero, y guardando las proporciones, los terremotos de 2010 en el sur de Chile (el que más fuerte se ha sentido en Mendoza en los últimos años) y el de Coquimbo en septiembre de 2015 (que también se sintió fuerte acá), dejaron pérdidas superiores a los 30.000 millones de dólares.

Si un país que está más avanzando en temas de emergencias y con normas antisísmicas aún más rígidas, tiene esas pérdidas, imaginen si Mendoza tuviera que enfrentar un sismo de mayor magnitud. Todo eso sin contar la mayor pérdida que puede registrarse en ese tipo de fenómenos, las vidas humanas. Es que la muerte de los habitantes no se puede dimensionar y es altamente probable que una población que no está preparada -aunque nos digan que acá si lo estamos no es cierto- tenga un alto número de víctimas.

Pongo el ejemplo de los terremotos, porque según el POT más de la mitad de la población de Mendoza vive en la zona con mayor riesgo sísmico, pero esto se puede dar en otras emergencias más frecuentes en Mendoza, como las tormentas, las granizadas, los aluviones y las inundaciones, las cuales también traen consecuencias económicas por el solo hecho de no estar preparados tanto en el factor humano como edilicio.

Muchos de los inconvenientes tienen que ver con los problemas que identificó el Plan de Ordenamiento Territorial, y que ojalá se vayan solucionando, pero otros tienen que ver con una voluntad estatal de que los habitantes de Mendoza tengan herramientas reales para la prevención y el cuidado. Eso se traduce naturalmente se traduce en beneficio para el estado que ahorra recursos y que tiene menos focos de atención en caso de una emergencia.

Plan de acción familiar

En un sondeo breve, en un complejo de 32 departamentos (donde la mayoría se conoce), menos del 10% tiene una mochila de emergencias y ese número baja si preguntás si saben cómo actuar en el grupo familiar y si tienen identificadas las zonas seguras de su complejo y su barrio.

El 6%, o sea dos familias, saben de la existencia del Plan de Acción Familiar de Defensa Civil, el cual tiene información muy buena y su finalidad también es fundamental para enfrentar emergencias. Con toda la maquinaria que se salió a defender el vino, también se debería salir a difundir este documento, el cual puede ayudar a salvar vidas.

Una de las grandes falencias que hoy tiene el Estado es que en temas de prevención trabaja en sectores puntuales y apostando que, si pasa algo, sea en horario de trabajo o de escuela. Es necesario que se avance en la calle, en los barrios y en cada cuadra para generar una conciencia que hoy se cree que se tiene, pero que no se logra si no es mediante la constante y permanente repetición de conceptos, logrando que el mendocino actúe más allá del miedo o la desesperación.

Una tarea pendiente que es necesaria para el bienestar y la tranquilidad de los dos millones de mendocinos.

Opiniones (1)
17 de noviembre de 2017 | 16:22
2
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17 de noviembre de 2017 | 16:22
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  1. Muy buena nota. En esta oportunidad, sí vale la pena decir a los funcionarios que corresponde, que el estado les pague un viaje a Italia y allí se enteren y vean de primera mano, cómo se hace prevensión de aluviones y descargas de materiales sólidos desde las montañas, en toda Italia. Es un ejemplo que no deben dejar de conocer, para entender cómo se previene, con obras que realmente son para siempre y en salvaguarda de la vida e intereses de los ciudadanos. Ya sea en rutas o en zonas urbanas, en el campo o en la ciudad, Italia es un lugar para ir aprender y volver a realizar obras de verdad.-
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