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Adiós a las armas

Adiós a las armas

El martes 31 otro loco arrojó su auto contra un grupo de personas en Nueva York y dejó una estela de al menos 8 muertos varios heridos. Hace un tiempo, no mucho, un chiflado en Las Vegas disparó con armas automáticas y se cargó cerca de 60 personas más un número mayor de heridos. En esa oportunidad, medios, políticos, opinadores de todo tipo y los que dicen saber de estos turbios asuntos, clamaron a los cielos por un estricto control de armas de fuego. Los más duros pidieron que las mismas fueran prohibidas o muy limitadas. La pregunta del millón es si ahora, por el incidente en Nueva York, pedirán que prohiban los autos. Luego tocará el turno a cuchillos, hachas, martillos, venenos, fuegos, y todo elemento material que se pueda transformar en un arma letal.

Hay que concluir que las armas no matan. Los humanos matan con armas de todo tipo. Los romanos eliminaron a toda la población de Cartago con armas de hierro forjado. En el relato homérico, los aqueos destruyen Troya y matan a casi la totalidad de sus habitantes con armas de bronce.

Las armas son herramientas. Quienes le dan un uso destructivo, criminal y masivo son los humanos que las empuñan.

Lo que debemos cambiar para evitar estos actos horribles es la cultura de las sociedades donde se producen. Los muchachos del Norte aman la violencia. Sus deportes son violentos, sus películas son así, premian al matón y humillan al manso. En una sociedad con esas cualidades no es raro que surjan tiradores, atropelladores o incendiarios que buscan eliminar tantos semejantes como puedan. Algo falla en esa sociedad respecto del uso de la fuerza.

Existen países cuyos ciudadanos están muy armados y no salen a matar gente a las calles. Casos emblemáticos son Suiza, Canadá y Finlandia por nombrar tres.

En nuestro país la gente de campo tiene armas, pero no andan matando a sus vecinos.

Los casos policiales que detallan un homicidio, en Argentina, muchas veces señalan que el arma utilizada fueron las manos, un elemento casero, fuego o veneno. Muy pocas veces un arma de fuego.

En esa línea de pensamiento, debemos generar diálogos sensatos con adolescentes y jóvenes para alejarlos de todo tipo de violencia y acercarlos a las más elevadas formas de comunicación pacífica y provechosa-

Porque la violencia está en nosotros, no en las herramientas que utilizamos para ejercerla. 

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16 de enero de 2018 | 08:28
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