opinión

Militarismo y economía

"El poder de EEUU, político, económico, social y militar siguen en esta carrera bélica por necesidad", explica Orlando Ragusa en este artículo para MDZ.

Militarismo y economía

 Todos sabemos que Estados Unidos de America es un estado militarista. Sus fuerzas armadas renuevan periódicamente sus equipos, el personal profesional de cuadros y oficiales es abundante, reciben una paga razonable, es bien considerado por la sociedad que los nutre y al momento del retiro son requeridos por las empresas privadas para ocupar cargos relevantes.

Todo esto se da en un momento de la historia donde la humanidad busca la paz. Todos intentamos buscar soluciones pacíficas a los conflictos al recordar que las guerras recientes dejaron horribles cicatrices en el cuerpo social de la humanidad. Suponer que los hermanos del Norte hacen lo que hacen por un capricho o por querer dominar el mundo a la fuerza, es un pensamiento reduccionista.

El poder de EEUU, político, económico, social y militar siguen en esta carrera bélica por necesidad. Su economía abierta hizo que en pocos años, sus fábricas más importantes instalaran las factorías en países de salarios bajos y leyes laborales muy flexibles o inexistentes. Conseguir un buen trabajo estable para un ciudadano de EEUU es hoy una tarea complicada. Si además el postulante tiene un buen nivel técnico, la dificultad aumenta.

Así, el poder real encontró una solución a ese tema socio económico grave.

En el llamado rey del liberalismo económico, donde el Estado no se mete, los yanquis salvan del desempleo a sus mejores recursos a través de empleos estatales. Generan un aparato industrial militar alimentado por un presupuesto de defensa que es gigantesco y que necesita mano de obra calificada de origen estadounidense. En áreas sensibles como la defensa el estado requiere de trabajadores muy fieles. Que mejor que sus propios ciudadanos.

Además, esas fuerzas armadas de primera línea necesitan equipamiento. Las empresas yanquis encargadas de fabricar todo tipo de equipos militares festejan con champagne cuando ganan una licitación del Departamento de Defensa. Ese cliente es buen pagador y no se queja de sobreprecios. A modo de ejemplo, por una investigación del senado de EEUU se dio a conocer que la Fuerza Aérea había pagado por una máquina de hacer café instalada en un bombardero la suma de 5.000 dólares cuando en el super de la esquina costaba 300. Además, quien hará café en un bombardero.

Pero esta anécdota sirve para entender que no se trata solo de armas. Cafeteras, vehiculos, ropa, alimentos, instalaciones, carreteras especiales, trenes, buques de transporte, puertos, aeropuertos, etc.

El mundo de la defensa gasta mucho, enriquece a varios y usa de gran cartel de propaganda: "estamos protegiendo a la Patria".

En términos de éxitos militares, no les ha ido muy bien en los últimos 30 o 50 años. Viet Nam, Afganistán, los intentos de invasión a Cuba, las aventuras africanas, son hitos de derrotas. Pero el poder real cobró todas y cada una de las facturas por aviones, tanques, balas y curitas gastadas.

La guerra es un buen negocio y no hay libro de quejas para clientes insatisfechos.

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15 de diciembre de 2017 | 17:49
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    7 de Diciembre de 2017
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