G. Conte

La Feria del Libro de Mendoza: como un pelotero sin pelotitas

Nadie quedó del todo conforme con la última Feria del Libro en Mendoza. Una oportunidad para pasar de los simulacros a la acción.

La Feria del Libro de Mendoza: como un pelotero sin pelotitas

Escuchá un resumen de esta nota en el podcast de "Conte a las 6.50" por MDZ Radio:

 La Feria del Libro es uno de esos eventos esperados por los amantes de la literatura, los lectores, distribuidores, vendedores y compradores de libros, escritores consagrados y escritores que quieren consagrarse (anque autores que ya se sienten consagrados por estar en la agenda del evento), paseadores en eventos sociales y cholulos de autores famosos, entre muchos otros. Es (o debería ser) un encuentro ampliamente convocante, como puede observarse a partir de los múltiples intereses que se cruzan a su alrededor. Sumémosles otros beneficiados colaterales y legítimos: hoteleros, transportistas, gastrónomos, periodistas y os medios en los que trabajan, communities managers, sonidistas, iluminadores, fabricantes de stands, fotógrafos y camarógrafos ad hoc.

Sin embargo, la última Feria del Libro en Mendoza funcionó casi como un simulacro de tal. Como niños en un pelotero sin pelotitas, los asistentes (para hablar o para escuchar; para vender o comprar; para mirar o ser mirados) pucherearon por igual.

A fuerza de poblar la agenda no hubo una línea distintiva y la sección propiamente ferial fue una réplica de la de siempre: quien llegó hasta allí (y este tema de poder "llegar hasta allí" será otro punto de análisis) no encontró mayor novedad, se trate de un autor nacional destacado, de lector tipo en búsqueda de saciar su necesidad de literatura o de alguna familia tipo buscando un roce social diferente. No hay ánimo destructivo en esta opinión, sino una observación en torno a lo real y los posibles simulacros al respecto; en torno a lo que se cree y se quiere hacer y lo finalmente sucede.

El lugar. El espacio cultural Julio Le Parc es precioso, aunque para una feria parece tirar un poco de sisa. Hoy, con todo su alrededor copado de obras vialñes y subterráneas de envergadura, llegar en auto es una quimera. Ni hablar de hacerlo en transporte público. Es un lugar no muy lejano físicamente: está en el corazón popular de Guaymallén. Pero lo es simbólicamente: nadie pasa por allí cerca para hacer otras cosas, salvo que viva en la zona. Así, su actual desconexión vial de estos meses lo transforma en una referencia más bien de índole barrial que provincial, a trasmano. Y no hubo un especial énfasis en convocar a los vecinos de la zona a entrar, si no se hubiera notado en el público asistente que ni siquiera pareció ser el mismo que acostumbra ir a este encuentro anual.

Quiénes queremos que vayan y quiénes van. Una cuestión indefinida es quién cree el Gobierno que es el público al que dirige este hecho cultural, porque los académicos de la literatura no tuvieron en su radar ir a esta Feria y tampoco fue una opción para el "consumidor" habitual de eventos culturales. No hubo presencia masiva de autores locales, salvo los más conspicuos, que tienen en este encuentro anual lo que la Mendotaku representa para los amantes del manga y el animé, pero con la suerte diferente de que el encuentro de fanas de super héroes logran agotar entradas pagas y rebalsar las instalaciones, amén de conseguir un impacto cultural horizontal muy fuerte: todos los que tienen que estar, están y todos los que debieran participar, participan. Además, los cultores de la cultura nipona local consiguen que otros los vayan a admirar a ellos.

La agenda. Variada, pero sin sobresaltos, hubo momentos que pudieron ser mejores que otros, si se los resaltaba suficientemente. Cierto prurito pareció guiar a la homogeneización de la difusión: cualquier presencia y todo libro fue valorado por igual, en una igualación que finalmente jugó en contra de todos. Toda pretendida equiparación debería tener, al menos, mayores oportunidades para los que menos posibilidades de resaltar tiene. Pero el interpretar literalmente la igualdad de todo y todos llevó a la Feria a una chatura incapaz de conmover, movilizar y lo que es peor para un hecho cultural: de sorprender.

Los quejosos. Siempre hay gente que se queja de las ferias de este tipo y cada uno tiene sus razones. Lo que preocupa es la unanimidad de la disconformidad, que muchos no la expresan en público porque valoran el esfuerzo que se hace para contar con la Feria del Libro y temen hasta el replanteo conceptual por miedo a que la borren del presupuesto. Pero esta vez parece haber unanimidad: ni los funcionarios deberían estar satisfechos del todo porque no vale solo el "yo cumplí con hacerla", sino que debe ser un éxito y trabajar para que así sea; ni los libreros vendieron porque el público no fue; ni los autores locales pueden cantar victoria, salvo por los minutos de uso de magníficas salas con todos los recursos tecnológicos más la oportunidad de haber estado allí; ni las figuras convocadas por su impacto nacional, que se sintieron "abandonados" por la organización.

Los invitados. Hubo buenos invitados a la Feria del Libro. Los que se enteraron los disfrutaron, por cierto. Y cuando uno invita gente a su "casa", los trata de la mejor manera, como corresponde a un buen anfitrión. Hasta se podría decir, exageradamente bien. Pero no fue el caso. Entre ellos hay una enorme desazón por pequeños grandes detalles que fallaron: no los fueron a buscar y recibir en el aeropuerto ni tampoco a devolverlos, ni les pagaron los remises de llegada y de salida, aducen por lo bajo, sin querer escandalizar a los demás, pero escandalizados por cierto destrato. Pero la anécdota que pinta de cuerpo entero su situación es que se les entregó un vaucher para que comieran que consideraba dos categorías diferentes y nadie sabe por qué unos fueron elegidos para beneficiarse con una y otros, con otra. Consistió en comidas con plato de entrada y posibilidad de saborear un vino mendocino y otros que no: que si querían hacerlo debían pagarlo de su bolsillo. (Además: ¿a nadie se le ocurrió dejarles un vinito liberado en la mesita de luz como souvenir por estar en Mendoza?). Algunos señalaron que fueron "depositados" en hoteles que no tenían ni dónde y cómo tomar un café, encerrados a la espera de salir al coliseo literario cual gladiadores condenados pero a la espera de los aplausos. De más está decir que una nómina importante de autores recorre ferias de este tipo por todo el país y el mundo y la experiencia sufrida aquí no los transforma, precisamente, en buenos embajadores de Mendoza.

Las presentaciones. Si los autores no porfiaban a sus amigos y parientes por Facebook, la Feria del Libro de Mendoza hubiera mostrado salas con más gente en el escenario que en las gradas. Algo falló y hay que pensar en eso haciéndonos todas las preguntas que resulte necesario hacer, sin miedo. El problema es que los autores invitados, tal vez los "consagrados", no pudieron arrastrar hasta el Le Parc a la parentela: era cuestión de convocar puntualmente, de generar interés o al menos, calcularlo con antelación. ¿Para que ofrecer algo a lo que nadie quiere ir? O peor: ¿por qué organizar algo sin invitar eficazmente a los potenciales interesados en estar allí?

El futuro. Sería interesante replantear conceptualmente la Feria del Libro. A diferencia de la Vendimia, que se niega a cambiar porque se la considera "un género" en sí misma, la Feria no lo es en Mendoza: hay que "remarla" todos los años con ingenio y recursos. pero también podría servir de articulador de desafíos y debates, por ejemplo, sobre el futuro del libro y en torno al presente de la lectura, vinculando tecnología, espectáculos, educación, otras artes, trabajo y empleo: todo eso es cultura.

La frase de uno de los invitados que no quedó enojado pero sí con gusto a fósforo en la boca, debe ser verificada: "Si se repartiera la plata invertida para hacer la Feria del Libro entre todos los participantes, incluidos escritores, libreros y público, tal vez habría mejor ánimo que con el que quedamos todos, sin excepción, y hasta posiblemente se le hubiera hecho un aporte más concreto al sector literario y librero". Queda el desafío de pensar si seguir haciendo "como qué", o hacer lo que hay que hacer.

Opiná vos:

Opiniones (5)
24 de noviembre de 2017 | 14:46
6
ERROR
24 de noviembre de 2017 | 14:46
"Tu mensaje ha sido enviado correctamente"
  1. Con los resultados de la encuesta está más que claro que el periodista está equivocado.
    5
  2. El Le Parc está en un lugar feo y de difícil acceso. Fui a una sola Feria del Libro en él y no me gustó. Me gustaba más cuando se hacía en el ECA o en la Plaza San martín e Independencia. La agenda publicada era demasiado extensa y demasiado sin variantes. Es más, cuando más me gustaron las ferias del libro, fueron las primeras que hacían en los pabellones de la Terminal del lado sur hoy abandonados. Y encima, no exponen las editoriales, sino las librerías, por lo que uno consigue, los mismos libros, al mismo precio , en las librerías del centro y con acceso más cómodo.
    4
  3. Dejen de buscar el pelo al huevo!!! la Feria fue bien informada y con anticipación.....personalmente fui dos días, compre más barato, vi disertaciones y en horario según el programa......que ganas de joder todos con quejarnos de todo!!!!!.....disfruten de lo que tenemos.
    3
  4. "EL QUE MUCHO ABARCA, POCO APRIETA" DICE EL DICHO, REALMENTE FUE UN KILOMBO, DESORGANIZADO, UN DESPELOTE DE INFORMACION MAL HECHA, LA GENTE NO SABIA DONDE IR, QUIEN VENIA A DISERTAR, QUIEN ACTUABA A NIVEL ARTÍSTICO, GENERALMENTE SIN PUBLICO, UNA LASTIMA.- A VER ESTIMADO GARECA SI SE PONE LAS PILAS DE UNA VEZ POR TODAS, YA ME TIENEN CANSADOS SUS DESATINOS Y SU SOBERBIA QUE NO NOS LLEVA HACIA NINGUN LADO, Y RODEESE DE GENTE CAPAZ, HAY MUCHOS A SU LADO QUE NO SIRVEN NI PARA SERVIR CAFE....TA'?
    2
  5. En esta Mendoza sin Museos, esta claro que la cultura va de mal en peor. Palmeras y baratijas en chile. Con eso nos conformamos.
    1
En Imágenes
Grammy Latinos 2017
18 de Noviembre de 2017
Grammy Latinos 2017
Lluvias torrenciales en Grecia
16 de Noviembre de 2017
Lluvias torrenciales en Grecia