opinión

Un pasito hacia adelante y dos para atrás

Un pasito hacia adelante y dos para atrás

A una semana de las elecciones y al filo del cierre de la campaña, prevalece en los candidatos el pase de facturas por sobre propuestas concretas y sobre todo verosímiles de llevar adelante, tanto a nivel nacional como provinciales.

El ciudadano de a pie está cansado de que le "vendan" píldoras milagrosas, quiere gestión y resultados, y no carpetazos que vuelen de un lugar a otro. Tampoco quiere que le planteen el paraíso de un lado o el abismo del otro.

Los argentinos hemos renacido de entre las cenizas muchas veces - algo que desde muchos países hermanos no llegan a comprender- pero alguna vez deberíamos madurar, creciendo y desarrollándonos en lo estructural , más allá de los signos políticos y de los designios de las diferentes fuerzas o coaliciones.

Mucho se ha dicho desde la reinstauración de la democracia hasta nuestros días; mucha tinta y palabras han sucumbido en la vida real. Como en la canción ...un pasito hacia adelante...dos pasitos para atrás.

Las mezquindades, la viveza criolla, los que pretenden vivir eternamente del cargo, no cesan en su intención, no importa vender pescado podrido, recetas mágicas y por ende difíciles de cumplir en la vida real. Lo importante es "llegar" o "mantenerse". Y como suelo repetir incesantemente, los argentinos adolecemos de una frágil memoria histórica, tanto desde la dirigencia como desde el llano, postura que nos juega en contra a la hora de tomar decisiones.

Hace más de 30 años que recuperamos, con creces pero sobre todo con valentía, el sistema democrático, con el compromiso de la institucionalidad, soñando con el aprendizaje de una vida con discrepancia, en la diversidad, reconociendo al otro con tolerancia (qué palabra...tolerancia!) . Sí, después de procesos opresores debíamos reeducarnos en lo que significaba vivir en libertad y con to-le-ran-cia ( a ver si a fuerza de repetirlo asumimos esta necesidad).

Y a partir de ahí, afianzarnos en esta forma de transitar la libertad en toda su dimensión, que no es otra cosa que tener derechos pero también obligaciones ( igual que en la familia, la escuela, la universidad, el trabajo, en las responsabilidades políticas y dirigenciales, en el empresariado...). Pero poco hemos aprendido. Muchos políticos no se han dado cuenta que pasaron más de tres décadas y siguen con el clientelismo; muchos empresarios que no quieren dejar de tener pingües ganancias; otro tanto sucede con quienes no entienden que no se puede vivir sin estudiar y trabajar para avanzar; están los alumnos que en aras de esa libertad de la que hablábamos, creen todo método es válido aunque no se respete las mayorías; también están quienes bastardean los derechos propios conculcando los ajenos. Y así podríamos seguir ejemplificando sobradamente.

Es decir, pasamos de la opresión al desborde; de la libertad al todo vale. Y en ese marco se inscribe nuestra Argentina hoy en el tiempo electoral ( digamos que vivimos en ese estado en forma permanente ya no las legislativas del 22 sino en las presidenciales del 2019. Una locura!!!!!).

El cuadro que vemos es con candidatos, legisladores, funcionarios , todos metidos en la parafernalia de los últimos días de campaña, levantando niños por doquier, besando jubilados y repartiendo besos acá y acullá, compitiendo a ver quién es más popular!

En tanto, el Congreso, las legislaturas, los concejos deliberantes... bien, gracias, con ausentes sin aviso. Deberían pregonar con el ejemplo, ocupando sus bancas y sillones resolviendo la vida ciudadana. Esto produciría un efecto dominó, pregonando con el ejemplo por aquello de los derechos y obligaciones, pergreñando políticas de estado y no acrecentando las chicanas políticas como vemos en la recta final hacia los comicios del domingo.

Ni qué hablar de los recursos destinados a las campañas, que alguna vez deberán repensar y replantear seriamente. La mentada reforma política, nunca llega.

Estas y muchas reflexiones más surgen frente a cada proceso electoral. Sin embargo todo cambia para que nadie cambie. La política como tal es un intrumento maravilloso pero que al igual que sucede con el desarrollo tecnológico, no se trata del qué sino del cómo. No hay bastardearla sino dignificarla.

Quizás, ha llegado la hora de madurar en democracia y recordar aquello que nos propusimos en 1983: democracia, libertad, tolerancia en la discrepancia, pero por sobre todas las cosas vivir en y con políticas prioritarias de Estado que vayan más allá de los períodos de gobierno y los signos políticos.

Norma Abdo 

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18 de diciembre de 2017 | 03:51
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18 de diciembre de 2017 | 03:51
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    7 de Diciembre de 2017
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