R. Valle

La burbuja empresarial versus la aguja de la realidad

En el #Wok! de hoy: Según el lado del mostrador, la Argentina se divide + Paciencia: todo en pausa hasta después del 22 + En Latinoamérica, el soborno garpa + Sí, las plataformas políticas también mutan.

{ Maridaje } Para musicalizar la lectura de esta columna, el autor propone Rain, por Kenny Barron & Dave Holland

 

Burbuja Buscar con Google

#Choque de burbujas. Debajo de la grieta más famosa, la de los K versus los anti K, sobreviven otras grietas, menos visibles pero igualmente reveladoras de cuánto cuesta en este país tirar juntos para el mismo lado. Y no se trata de las más previsibles, como las futboleras, interior versus Capital, borgianos & antiborgianos, pro Maradona o pro Messi, Susana vs. Mirtha y unas cuantas más que, de ser la Argentina un hipotético edificio, ya estaría al borde del colapso.

Una de esas tantas rupturas es la de los empresarios, a veces entre ellos mismos y otras respecto de lo que ocurre en la realidad más coyuntural. Muchos de ellos no difieren de los políticos en cuanto a la lejanía de lo que pasa "en el llano". El coloquio de IDEA, que por estos días se realiza en Mar del Plata, dio incontables señales de que muchos hombres de negocios permanecen ex profeso en una burbuja. Una actitud sustentada en un envidiable olfato para detectar hacia dónde corren los vientos y cuándo ponerse a reparo. Pero hoy los vientos han cambiado y pocos quieren darse por aludidos. La burbuja es un buen escudo protector en estos casos.

Que haya sido Jorge Lanata, un provocador tan admirado como denostado, quien en la cara de cientos de ejecutivos los tratara de "cobardes" por su inacción -o complicidad- en los 12 años de gobiernos kirchneristas, le dio visibilidad a lo que tantos argentinos piensan. Entre ellos, incluso, unos cuantos empresarios que no comulgan con esa mezquina visión de la Argentina. Empresarios que generan trabajo, invierten en el país y creen que la pelea hay que darla todos los días elevando la vara.   

La encuesta de D'Alessio, que viene haciendo desde hace 22 años a pedido de IDEA, dio este año los índices más altos de optimismo empresarial de su historia. Conocedores de los números como pocos, difícilmente subirían el pulgar si las cuentas no les cerraran; no lo harían sólo por sintonizar con las políticas de Mauricio Macri o como simples prendas de fe. Tienen, además del olfato, el expertise del mercado. 

Sin embargo, cuando el Gobierno -y sus equipos- salen a la calle las demandas más recurrentes son por mayor empleo, porque se frenen los aumentos en los servicios públicos y en los supermercados, por la inflación que baja pero no se detiene, por un combate más enérgico a la pobreza. ¿Qué falla en el medio, entonces? ¿Cuál es la grieta entre esos dos mundos para que no vean lo mismo, según de qué lado del mostrador se esté?

Por un "espíritu de cuerpo", el empresariado fue uno de los mayores impulsores para la llegada de Macri a la presidencia. Y basado en ese apoyo, el líder del PRO se confió en hacer anuncios de bonanza económica demasiado rápido que no llegaron en los tiempos previstos. Lógico, arreglar el desmadre de años -y aquí es donde pocos empresarios hacen su mea culpa- no era tarea fácil, pero también es cierto que no todos los formadores de precios, verdaderos estrategas de la economía, acompañaron este proceso de cambio. 

He aquí el punto: cuáles son las reglas del juego, quién las pone y quién las respeta. Que día a día sean más las organizaciones ciudadanas que monitorean el poder, o que desde el propio gobierno nacional se fomente la modernización del Estado generando mecanismos para abrir sus datos y que, además, en pos de la transparencia ya estén vigentes las leyes de Acceso a la Información Pública y de Ética Pública, son señales concretas de que se empieza a sintonizar con la demanda de muchos argentinos. Aunque después en las encuestas la corrupción no sea el rubro que más inquiete a la mayoría, no quiere decir que no importe o dé lo mismo. 

Hablar de cambiar no es un guiño al partido gobernante ni instar a votar a uno u otro el 22. Cambiar es, ante todo, romper la burbuja. Sea esta de políticos, empresarios o, por qué no, de periodistas. Si algún rol valioso cumplen hoy en día las indomables redes sociales es estar todo el tiempo con la aguja a mano para no dejar pasar por delante una burbuja impune más. 

Reloj+de+arena+roto

#Patear para adelante. Se sabe, en campaña todo es "después del 22" y la modificación de una ley esencial como la de Seguridad Vial no podía ser la excepción. La reunión de la familia de Alan Villouta (el chico que murió atropellado frente a La Barraca) con el gobernador Cornejo, concretada hace unos 15 días en Casa de Gobierno, parecía haber reactivado la discusión acerca de la aggiornada ley de tránsito, que ya tiene media sanción del Senado. En Diputados sigue pisada con la excusa del principal punto de discusión: la injerencia de los municipios en el control del tránsito. Como si no pudieran cruzar la calle y masticar chicle, los legisladores no mezclan coyuntura electoral con el trabajo para el cual se los votó, por lo que la norma vial sigue a la espera, al igual que la incómoda Ley de Acceso a la Información. Caso similar de punto muerto es el del meneado jury a la "fiscal viajera", Anabel Orozco, que también será -prometen- after urnas.

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#Mal, pero repuntando. Según el reciente informe de Transparencia Internacional en el país hubo algunos avances en la lucha contra la corrupción. Y pondera por lo menos dos hitos: la sanción de las leyes de Acceso a la Información y del Arrepentido. La radiografía de esta reputada ONG también revela que los latinoamericanos somos un tanto propensos a los sobornos, como bien lo grafica aquí Pictoline




#Mutación electoral. La doctora en Ciencias Políticas, Paula Clérici, analiza en el siguiente video de qué forma evolucionaron en el país a lo largo de los años las plataformas políticas de los partidos. Cómo se comunica es, según la investigadora, el principal cambio del '83 a esta parte. 

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#El resaltador

Marcados a fuego

"¿Por qué la violencia podía ser considerada una táctica y también una estrategia política para instalar una posición o una fuerza; para defender una causa -las libertades civiles conculcadas, la Constitución Nacional-; para resguardar la Nación, la nacionalidad, la religión católica; para salvar al país de la 'antipatria' o de los 'vendepatria'; para poder votar; para romper con un poder establecido y torcer el rumbo de la historia; para eliminar a los 'enemigos internos' que expresan una ideología diferente? En definitiva, la idea de la violencia como modo de resolución de un conflicto, social, económico, político, o antagonismos de intereses o de poder, fue una opción recurrente a la que apelaron distintos actores, con distintos fundamentos y modalidades, y marcó a fuego el siglo XX argentino, la historia del país".

{ Marcelo Larraquy, de su libro Argentina. Un siglo de violencia política }

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