opinión

Sociedad de diferenciación de capital y trabajo

Sociedad de diferenciación de capital y trabajo

En anterior momento, en virtud de mi candidatura a diputado nacional por Cambiemos Mendoza, puse a consideración del lector del MDZ, de la ciudadanía en general y a un grupo de expertos en el tema moneda, la creación de la unidad de cuenta Moneda Espejo (http://www.mdzol.com/opinion/747376-legislar-para-lograr-una-moneda-espejo/). En esta ocasión propondré a esos mismos públicos. la creación de sociedades de diferenciación entre capital y trabajo, a través de un proyecto base que consta de 12 artículos.

Desde el campo de la heterodoxia y la ortodoxia se reconoce que el núcleo del conflicto distributivo reside en la relación entre trabajo y capital expresándose de una manera nítida en la expresión salarial producto de un mercado de demanda y oferta del trabajo.

Desde el campo heterodoxo, múltiples son los diseños institucionales que desean lograr una aminoración de dicha tensión y son fuente de fuertes debates sobre todo en el campo socio laboral europeo y más precisamente en los países nórdicos. Fundamentalmente desde las corrientes del liberalismo igualitario y desde el republicanismo igualitario se suscitan debates que tienen muy en cuenta las interrelaciones entre los órdenes políticos-administrativos, socioculturales y económicos para sustentar sus diferentes posiciones dado que las crisis profundas derivadas del mercado laboral en permanente cambio, suscitan no pocas crisis de legitimación social (y/o crisis de integración sistémica y/o crisis de integración social como recurrentemente se han dado en nuestro país). La contradicción central se plantea entonces, entre la dinámica del modelo de acumulación, las instituciones que lo regulan, y la lógica de los arreglos operativos de dichas instituciones. Y dentro de esa contradicción, es imperioso estudiar las interrelaciones entre las políticas sociales que se implementan y las políticas económicas que favorezcan nuevos arreglos institucionales frente a la dinámica del mercado laboral.

Decimos entonces que, deben promoverse nuevos sistemas de protección social (que incluye el diseño de nuevas instituciones), junto a nuevas formas de relaciones laborales que conjuntamente sean mecanismos eficaces para promover el crecimiento y/o desarrollo económico.

Debe de propenderse a un modelo cuyo régimen de acumulación sea consistente y progresista en la interrelación entre: a) Distribución; b) Acumulación (el régimen de acumulación se analiza básicamente en torno a tres ítems: Ahorro, Tasa de acumulación y Exportaciones netas; c) Crecimiento y/o Desarrollo económicos.

Y para lograr ello se deben de pensar en nuevas formas de relaciones laborales existentes que alivianen la tensión salarial núcleos de conflictos distributivos dada la doble condición del salario (forma de subsistencia vs costo como factor de producción). Deben existir cambios en los arreglos institucionales que determinan el salario. Y no cualquier configuración de un sistema de normativas laborales es compatible con un régimen de demanda agregada liderada por salarios (RdLS). Nuestro país tiene una configuración institucional que vuelve inefectivo un RdaLS porque: a) El sistema de seguridad social está basado en seguros sociales y no en instituciones de cobertura universal de beneficios y su relación con los salarios es contradictoria y pro-cíclica. b) La inversión está determinada endógenamente por expectativa de ganancias y no por progreso técnico. c) Las ganancias de productividad también se determina endógenamente principalmente por ajuste de planteles. d) La propensión marginal a ahorrar de los capitalistas es muy baja, cercana a la del asalariado.

Hay que observar la reproducción del sistema económico y social. Es allí donde las diferentes estructuras institucionales combinan: un sistema de regulación del empleo y trabajo, una actividad fiscal y un régimen de demanda agregada. Es allí donde el régimen de acumulación se analiza en base a tres ítems: ahorro, tasa de acumulación y exportaciones netas. Seguimos insertos en un régimen que favorece la dependencia entre el crecimiento económico y la concentración del ingreso, por cuanto no se afronta de manera frontal la inestabilidad crucial que se da en la relación entre el acceso al consumo de los sectores más vulnerables y el régimen de acumulación de capital. En la articulación adecuada de distintos órdenes de prácticas sociales diferenciadas (los tres órdenes citados al principio de esta nota) se involucran el proceso de ahorro e inversión y las remuneraciones al trabajo (por empleo y moneda social).

No hay productividad más baja que la de un desocupado o subocupado, por lo tanto, el empleo actúa como intermediario de los derechos sociales y su carencia o precariedad significan pérdida de esos derechos y deterioro de los lazos de sociabilidad imprescindibles para mantener la integración social.

En el campo ortodoxo, las propuestas giran en torno a los subsidios al desempleo, los créditos fiscales y subsidios al ingreso, la reducción de los tiempos en el trabajo, etc.

En el campo heterodoxo y en el debate europeo las propuestas de sostenimiento de ingresos giran en torno a las siguientes propuestas: las "empresas de inserción", el ingreso mínimo de inserción", la "economía social" y la "empresa social", los "servicios de proximidad", las distintas formas de "economía solidaria", las formas alternativas de "asociación capital-trabajo" y el "ingreso ciudadano universal" (ICU).

El vocablo de moda en el norte de Europa es "Flexicurity"; un juego de palabras que combina el concepto de flexibilidad para que las empresas puedan contratar y despedir trabajadores prácticamente sin costo, con el de seguridad de que los trabajadores cuentan con un buen seguro de desempleo que hace que, desde el punto de vista de los ingresos, los trabajadores se garanticen un 90% del salario mínimo cuando la relación laboral finaliza. Los daneses comenzaron a implementar esta estrategia a principios de siglo y luego se sumaron el resto de los nórdicos, e incluso la Unión Europea empieza a discutir este paradigma. Los daneses crearon un sistema mixto donde el Estado asegura un piso de cobertura por desempleo y los sindicatos ofrecen planes de seguros de despido para que los trabajadores puedan ir comprando su derecho a mantener un ingreso estable, en el caso de ser cesanteados sin causa.

Algunos entienden que esta iniciativa busca eliminar las indemnizaciones, cuando lo que se plantea es cambiarlas por un seguro que se activará ante la eventualidad del fin de la relación laboral, justamente para que muchos no sufran la angustia de no saber lo que ocurrirá con sus ingresos. Otros se preguntan cómo haría el Estado para financiar esos seguros, que se explica en cuanto el fondeo proviene de los salarios. Mucha gente piensa que, si el costo se le impone al empleador, los trabajadores saldrían ganando, pero en la realidad el empresario mete en la misma bolsa todos los costos laborales y los contrasta con lo que le aporta cada nuevo trabajador, para decidir si lo contrata o no. De hecho, cuando una pyme toma a una persona, le ofrece un salario de, digamos 20.000 pesos, pero sabe que le costará mucho más, porque tendrá que pagarle los aportes a la seguridad social, las vacaciones, el aguinaldo, el seguro de riesgos de trabajo, y también una eventual indemnización. Si la empresa se exime de tener que pagar en caso de despidos, pues estará dispuesta a contratar más personal y subirán los salarios, de suerte tal que podrá ofrecerle al trabajador un paquete que contemple el mismo salario que antes más un seguro por si queda desempleado. Si presentado de ese modo resulta más atractivo, bienvenido sea.

Las pymes, que crean el 70% del trabajo necesitan incentivos para contratar y despedir sin costos. El sistema actual no genera empleo y no protege al trabajador.

El caso PepsiCo demuestra que en la realidad el régimen laboral, así como está, no le sirve a nadie. Más aún, como quedó evidenciado con la reacción en las redes sociales, a muchas personas les parece que las empresas no deberían tener libertad de contratar y despedir cada vez que su ecuación de costo- beneficio lo recomiende, incluso cuando cumplan con todos los requisitos legales en materia de indemnizaciones. No tiene sentido. Ninguna empresa contrataría personal si supiera que no puede terminar la relación laboral el día que deje de resultarle conveniente. Cualquiera que sea el sistema económico, debe facilitar la reasignación tanto de trabajadores como del capital para asegurarse que en cada momento del tiempo los recursos escasos están siendo empleados del modo más eficiente posible.

El sistema actual no genera empleo y no protege al trabajador. Propongo para mi accionar futuro legislativo y frente a las alternativas aquí citadas, ahondar en las formas alternativas de asociación capital-trabajo.

La Asociación capital-trabajo y la participación en la propiedad.

El concepto propiedad, es caro al sentimiento republicano igualitario. Esta propuesta original de James Meade, es retomada para nuestro país por el economista Rubén Lo Vuolo y si bien esta no es una propuesta generadora de empleo por sí misma, es interesante ver sus efectos positivos en: a) materia de distribución del ingreso b) las tasas de acumulaciones de ahorro (nuestro país tiene un paupérrimo mercado de capitales) y en c) los sistemas de ahorros previsionales.

El actual modelo consumista e inflacionario imperante en nuestro país claramente inclina la balanza hacia la continuación de un modelo de demanda agregada basada en la valorización financiera del capital que rige desde los 90. No es fácil desmontarlo.

Frente a ello, una de las alternativas para contrarrestar esa tendencia, entiende que los trabajadores participen como accionistas de las empresas y que tengan cierta forma de voz sobre las decisiones de inversión y distribución de resultados. El ejemplo más difundido se da en los EEUU a través de los denominados ESOP que muestran resultados francamente exitosos. Estos planes poseen franquicias impositivas y consisten en la constitución de un fondo especial de los trabajadores para adquirir acciones de la empresa y resultan de ser esquemas muy útiles para rescatar empresas en dificultades.

El enfoque teórico más difundido se basa en la propuesta de James Meade (Premio Nobel de Economía) que se conoce como Sociedad de Diferenciación entre Capital y Trabajo.

Se propone allí que los salarios de los socios trabajadores no sean pagados solo con salario fijo, sino también por un número apropiado de acciones de trabajo. Este tipo de propuestas, permiten que el salario fijo de los nuevos ingresantes a las empresas sea más bajo fomentando el empleo mercantil, de esta manera, el nuevo ingresante se asegura que sus ingresos van a crecer en el futuro como resultado de la tenencia de acciones. A diferencia de las actuales propuestas que atan eventuales incrementos del salario a la productividad del trabajo en el puesto de empleo, aquí se atan a los resultados.

Las ventajas son por demás evidentes, los resultados son más fáciles de medir que la productividad y su distribución depende de la gestión compartida entre trabajadores y capitalistas. Así el mayor beneficio sería absorbido por todos los participantes de la empresa.

Dado que las acciones del jubilado desaparecerían y las del nuevo serían menores, las ganancias se repartirían entre menos acciones y esto favorecería el ingreso corriente de los trabajadores. Esto no debería dañar la seguridad en torno a la continuidad de la empresa, porque aumentaría el interés en preservarla en tanto en tanto el futuro de uno de los socios, al menos depende en gran medida de eso. La propuesta de Meade, se complementa necesariamente con la aplicación universal de un Ingreso Ciudadano frente al avance implacable de la robótica en el mercado laboral.

¿Por qué? Para Meade, pretender que las empresas ajusten los problemas de eficiencia flexibilizando parte de la remuneración, implica la necesidad de atender gran parte de los problemas distributivos por fuera del ámbito de la unidad productiva. Desde esta óptica, se señala que el problema no es tanto la falta de empleo sino la falta de "inserción social" a través del tipo de empleo que ofrece el sistema.

Los debates del republicanismo económico igualitario son variados y por ello mismo no admiten pretensión de exclusividad. Podemos agrupar dichos debates en torno a los siguientes temas: Formas de propiedad; organización de la producción; grados de desigualdad aceptables; yl cómo regular los procesos económicos. Debates inexistentes en nuestro país en esta contienda electoral.

Las otroras seguridades en el mercado de trabajo, en el ingreso del trabajo, en el puesto de trabajo, en las condiciones del trabajo, y las seguridades en la representación de los intereses del trabajo van mutando a pasos agigantados. En función de estos debates es que se propone en un proyecto de ley de doce artículos, la creación de sociedades de diferenciación de capital/trabajo muy especialmente en el marco de las pequeñas y medianas empresas. Estamos abiertos al debate. Se escuchan alternativas.


Opiniones (2)
18 de noviembre de 2017 | 15:52
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18 de noviembre de 2017 | 15:52
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  1. Muy buena la nota. En mis experiencias como emprendedor hubiera sido una forma muy interesante de asociarse permitiendo distribuir el riesgo y aminorando el peso inicial de la inversión.
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  2. He leido la nota y la anterior. Son buenas propuestas legislativas. Bien articuladas y abiertas al debate. En esta nota me hubiera gustado mas un ejemplo practico de la propuesta y espero que en otra lo haga. Hasta ahora de todos los partidos politicos...Gutierrez es el unico candidato que ha presentado dos proyectos concretos. Como diria Ortega y Gasset ...argentinos a las cosas.
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