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Tucumán, 1812: heroico combate con la mano de Dios

Tucumán, 1812: heroico combate con la mano de Dios

La desobediencia debida

La Batalla de Tucumán fue un enfrentamiento armado librado el 24 y 25 de septiembre de 1812 en las inmediaciones de la ciudad de San Miguel de Tucumán, durante la Segunda Expedición Auxiliadora al Alto Perú en el curso de la Guerra de la Independencia Argentina. El Ejército del Norte, al mando del General Manuel Belgrano, a quien secundara el Coronel Eustaquio Díaz Vélez en su carácter de Mayor General, derrotó a las tropas realistas del Brigadier Juan Pío Tristán, deteniendo el avance realista sobre el noroeste argentino. Junto con la batalla de Salta, que tuvo lugar el 20 de febrero de 1813, el triunfo de Tucumán permitió confirmar los límites de las Provincias Unidas del Río de la Plata bajo su control.

Pero lo cierto es que, por aquellos tiempos, el Triunvirato había ordenado a Belgrano que retrocediera hasta Córdoba. Sin embargo, Belgrano no obedeció y se detuvo en Tucumán, donde la población estaba dispuesta a sumarse al ejército y acompañar heroicamente la defensa territorial. Recordemos que Belgrano se había hecho cargo del Ejército del Norte tras la derrota de Huaqui (Bolivia) y tenía su cuartel general en Jujuy.

"Son muy apuradas las circunstancias, y no hallo otro medio que esponerme á una nueva acción: los enemigos vienen siguéndonos. El trabajo es muy grande; si me retiro y me cargan, todo se pierde, y con ella nuestro total crédito. La gente de esta jurisdicción se ha decidido á sacrificarse con nosotros, si se trata de defenderla y de no, no nos seguirán y lo abandonarán todo, pienso aprovecharme de su espíritu público y energía para contener al enemigo, si me es dable, ó para ganar tiempo a fin de que se salve cuanto pertenece al Estado. Cualquiera de los dos objetivos que consiga es un triunfo y no hay otro arbitrio que esperarse. Acaso la suerte de la guerra nos sea favorable, animados como están los soldados y deseosos de distinguirse en una nueva acción. Es de necesidad aprovechar tan nobles sentimientos, que son obra del cielo, que tal vez empieza á protegernos para humillar la soberbia con que vienen los enemigos, con la esperanza de hacer tremolar sus banderas en esa capital. Nada dejaré por hacer. Nuestra situación es terrible, y veo que la patria exige de nosotros el último sacrificio para contener los desastres que la amenazan" (textual: Bartolomé Mitre en "Historia de Belgrano". Volumen II. Pág. 41- 2.).

La historia dirá que la inteligente "desobediencia" de Belgrano, peleando en Tucumán, salvó la patria.

CON LA MANO DE DIOS. HEROICA Y CURIOSA BATALLA. "El sepulcro de la tiranía"

"La providencial aparición de una enorme bandada de langostas, que se abatieron sobre los pajonales, confundió a los soldados y oscureció la visión, acabando de descomponer el frente. Las versiones tradicionales refieren que fue tal la confusión sembrada por aquel enjambre de langostas que hizo parecer a los ojos de las fuerzas españoles, un número muy superior de tropas patriotas, lo que habría provocado su retirada en la confusión". Crónica del relato del heroico triunfo en la Batalla de Tucumán.

Lo cierto es que en la mañana del 24 de septiembre de 1812, día de la histórica batalla, el General Belgrano estuvo orando largo rato ante el altar de la Virgen de Las Mercedes. Sabido es, la profunda fe cristiana de Don Manuel, e incluso la tradición cuenta que solicitó la realización de un milagro a través de su intercesión, pues era casi imposible vencer a las tropas españoles, quienes doblaban en número de soldados y armamentos al ejército patriota.

En esos mismos momentos, el General español Pio Tristán ordenó la marcha hacia la ciudad. Algunas fuentes indican que, en lugar de tomar el camino directo, rodeó la plaza desde el sur, intentando prevenir una posible huida de los patriotas en dirección a Santiago del Estero. Otras afirman que en el paraje de Los Pocitos se encontró repentinamente con los campos incendiados por orden del Teniente de "Dragones", Lamadrid, natural de la zona, que contaba con la velocidad del fuego avivado por el viento del sur para desordenar la columna española, ubicando a los españoles en un callejón sin salida.

Paradoja del destino, y más allá del coraje patriota y la inteligente acción de Lamadrid, Díaz Vélez, Paz, Dorrego, Warnes, Superi, esta vez ayudados por la diosa fortuna, o por aquel milagro pedido por Belgrano, una manga de langosta nubló la vista de los españoles quienes entraron en un hondo estado de confusión y pánico, dando los minutos precisos al Ejército del Norte para que el ataque en pinzas de las columnas patriotas diera su resultado.

En concreto, la Batalla de Tucumán representó el triunfo más importante de la historia nacional, y como dirá luego Bartolomé Mitre: "no tanto el heroísmo de las tropas y la resolución de su General, cuanto la inmensa influencia que tuvo en los destinos de la revolución americana. En Tucumán se salvó no sólo la revolución argentina, sino que puede decirse contribuyó de una manera muy directa y eficaz al triunfo de la independencia americana".

A lo que habría que agregar el comentario del historiador Vicente Fidel López: "Esta batalla fue la más criolla de todas cuantas batallas se han dado en el territorio argentino. Aunque el triunfo de Tucumán fue el resultado de un cúmulo de circunstancias imprevistas, le correspondió a Belgrano la gloria de haber ganado una batalla contra toda probabilidad y contra la voluntad del gobierno mismo".

Sostengamos también, que esta vez, y por extraordinaria y beneficiosa excepción, las langostas, plaga que desde siempre hacía estragos en nuestros sembrados, jugaron con nuestra camiseta, hasta convertirse en un factor importante en la estratégica victoria. Y para agregar conjeturas y supuestos, mencionemos que uno de los batallones realistas conducidos por Pio Tristán tenía como santo protector a San Gregorio de Ostia, el santo al que acudían los españoles para prevenir las mangas de langosta en sus terruños. Presagió que probablemente inmovilizó al ejército ibérico, quienes vieron en la aparición de las langostas una mala señal. (del libro de Gustavo Capone: "Las mil y una plagas". 2014).

CONCLUSIONES

Curiosidad heroica: Como referencia del anecdotario podemos citar una sencilla y gráfica comparación: el Combate de San Lorenzo duró menos de 20 minutos, gracias al genio sanmartiniano, y la Batalla de Tucumán duró dos días, mérito de la convicción de Belgrano.

Paradoja: Las batallas de Tucumán y Salta, son las únicas libradas contra los españoles en el territorio de Argentina.

Premonitoria visión: El 29 de septiembre de 1812, Belgrano escribió al Superior Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata el parte oficial de la acción del día 24 de septiembre, calificando a la batalla de Tucumán como "el sepulcro de la tiranía".

Trascendente relación: Empezará tras el triunfo en Tucumán una nueva etapa política, que tendrá como protagonistas a la Logia Lautaro y al recién llegado José de San Martín. Pasaran solo unos días, después del triunfo, para que sea derrotado el centralista Primer Triunvirato (comienzo del enconado oído entre Bernardino Rivadavia y San Martín) y se constituya un Segundo Triunvirato (8 de octubre de 1812). El camino en pos de la Independencia tomará un renovado e irreversible impulso donde el General San Martín y la Provincia de Mendoza serán un factor fundamental y determinante.




Opiniones (5)
21 de noviembre de 2017 | 08:18
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21 de noviembre de 2017 | 08:18
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  1. Profesor Capone, Valoro su respuesta y su invitación al debate. Creo, sin embargo, que no hay materia para un tal debate. No pretendo extender la coyuntura histórica sino darle marco al hecho que Ud. resalta en la nota para que se entienda, tan simple como eso. Belgrano era obediente y tenía un gran apego a la ley. De hecho, repito, empezó la retirada tal como le fue ordenado. Tuvo razones y muy válidas para cambiar de parecer y desobedecer una orden directa del Gobierno, hay que explicarlas. Es una nota para un medio de comunicación, sí, eso no lo habilita a contradecirse, como lo marqué, ni a priorizar hechos completamente anecdóticos a las explicaciones racionales. Si dispone de un número limitado de palabras, pues con más razón deje de lado lo secundario y explique lo fundamental. Contar la historia de manera sencilla no implica contarla mal. Por eso no se entiende qué pretende Ud. debatir, el hecho es claro como el agua. Saludos
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  2. Estimado cuyano de alma. Recuerdo su comentario sobre Güemes; en tal ocasión creí oportuno no responder, si bien reconozco haber sentido ganas de discutir algunas de sus posturas, no con afán de sentirme propietario de la verdad, sino con la idea de debatir sobre dicho importante tema. Con relación a la nota presente, con seguridad son muchas más las consideraciones que podríamos agregar, contextualizar, etc. Obviamente la nota no contempla esa extensión. No porque no fuera importante, o porque no sean ciertos algunos de sus planteos, pero considero que es una nota para un medio de comunicación. No necesito que me aclare cosas que conozco, aunque valoro su intención de extender la coyuntura histórica. Valoro su intención, y lo invito con respeto (sus comentarios demuestran su capacidad erudita en la materia) a proseguir la discusión. Mi nombre es Gustavo Capone
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  3. Profesor Capone, Recuerdo haber comentado en el pasado una nota suya, lamentable nota sobre Martín Miguel de Güemes. Mi comentario no será mucho mejor ahora. Aparte de la observación del forista Noimporta, muy justa por cierto, hay una sarta de incoherencias en este nuevo texto suyo. Olvida o ignora lo más importante de la desobediencia de Belgrano. La miopía del Primer Triunvirato le había ordenado retroceder hasta Córdoba para tenerlo a mano para defender Buenos Aires, no por otra razón. Error estratégico descomunal ya que, de haberlo hecho, el Ejército del Norte dejaba libre lo que se llamaba El Camino del Tucumán y los realistas hubieran podido disponer de un corredor entre su centro de mayor Poder, Lima, y la otra plaza realista fuerte de América del Sur, Montevideo. En esas circunstancias la caída de Buenos Aires era cuestión de muy pocos meses. De ahí la importancia de esa batalla, trascendental. De hecho, Belgrano acató en principio la orden y comenzó la retirada arrastrando consigo al sufrido pueblo jujeño. Lo hizo, entre otras cosas, porque no tenía cómo sostenerse más al norte. Se detuvo en Tucumán porque encontró refuerzos, tropas, municiones y oficiales de experiencia y especialmente porque estos oficiales lo convencieron de resistir allí mismo haciéndole ver el error. En ese momento los realistas estaban en una franca avanzada recuperando colonias momentáneamente independizadas y de caer Buenos Aires, la Revolución habría estado perdida. De todos modos, la Revolución pendió de un hilo ya que la batalla fue larguísima, muy sangrienta y de resultado incierto hasta el final. Hay que explicar bien las cosas. Dice además que el combate de San Lorenzo duró poco menos de 20 min (es lo que surge del parte de batalla del Gran Capitán) y luego dice que las de Salta y Tucumán fueron las únicas batallas contra españoles libradas en suelo argentino. Contradicción flagrante, San Lorenzo queda en la Provincia de Santa Fe, República Argentina. Ignora también el combate de Picheuta y muchos otros librados en territorio nacional, como por ejemplo las muchas batallas ganadas por su despreciado Martín Miguel. La enemistad entre Rivadavia y San Martín venía de antes, se habían cruzado muy feo en una tertulia en casa de los Escalada. A partir de la destitución del Primer Triunvirato, apoyada militarmente por San Martín y otros generales, fueron acérrimos enemigos políticos. Cabe recordar que Rivadavia no era uno de los triunviros sino solamente un secretario sin voto. Tampoco cabe decir que el Primer Triunvirato fue derrotado ya que no hubo combates, quiero creer que se trata de un error de tipeo y en verdad quiso Ud escribir derrocado. No sé si es Ud profesor de historia, espero que no. Saludos
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  4. Permítaseme un error. Sé que estamos en 2017, pero algo en el subconsciente me traicionó. Debe ser investigado este gafe por un psicólogo. ¿Será que no aguanto más el presente y ya mi cerebro se fugó para adelante? Puede ser.
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  5. Gustavo querido. Estamos en 2019, no se puede hacer jugar a Dios al lado de un ejército y en contra de otro. La inteligencia lo impide. Sé que lo hacés de buena fe, pero la inteligencia humana ya ha superado tamañas zonceras.
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