opinión

Abrazos, una dulce medicina

El contacto físico es el primer idioma que aprendemos y es el medio más rico de expresión emocional.

Abrazos, una dulce medicina

 Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Una conducta ancestral de la especie humana, es el contacto piel con piel entre personas, siendo el abrazo una forma particular de manifestación. Los neurólogos han descubierto cómo nos comunicamos a través del tacto. El contacto físico es el primer idioma que aprendemos y es el medio más rico de expresión emocional, antes se había estudiado la importancia de la comunicación no verbal, pero ahora se suma el poderoso influjo que ejerce el contacto físico. Cuando no se encuentran las palabras para expresar los sentimientos, es propicio hablar con el idioma de los abrazos. Un abrazo, una palmadita, un simple roce, dicen más que mil palabras. El abrazo es un idioma universal. Un abrazo es una muestra o gesto de afecto, que consiste en estrechar entre los brazos a una persona, "abrazar es medicina para el alma y el cuerpo". Significa entrega. Es una forma de comunicarse sin palabras. Ayuda a reducir el dolor, a trabajar mejor en equipo y a ser más convincente.

A través de numerosas investigaciones, se ha podido ir estudiando la importancia y el poder del contacto físico en el desarrollo emocional y cognitivo de los niños e incluso del propio adulto. El contacto físico, a través de los abrazos, puede transformarse en un puente de comunicación empática profunda y en los niños es una fuente de reconocimiento que aumenta la autoestima. El contacto inicial del ser humano con su madre, se considera el primer abrazo, el arrullo conforma literalmente un elemento crucial en la vida de todo bebé. Estudios específicos han demostrado que por más bien alimentado que se encuentre un bebé, si no es mecido, acunado y acariciado en contacto cercano con su cuidador, pueden sobrevenir consecuencias extremas. Consideremos que además de este contacto, en el crecimiento de un niño, los besos, la contención abrazadora frente a un llanto y las caricias, conforman una serie de elementos de nutrición emocional, que ayudarán a construir una sana autoestima. La importancia del contacto físico, también es factible de observar en la edad adolescente, cuando se observa cómo éstos usan el cuerpo. Los varones, con empujones, golpes exagerados, estrechez de manos, choque de puños y otros. En las chicas, el saludo con un beso, caminar abrazadas o peinarse entre ellas, manteniendo una cercanía física única en esa etapa de la vida. Todas estas conductas evolutivas podrían llegar a tener su corolario en el encuentro sexual, donde la cercanía física adquiere su máxima expresión. Sin embargo, no todo acercamiento físico implica sexualidad.

Podríamos decir que la mayoría de los contactos tienen que ver con expresión y manifestación de emociones y sentimientos. Un abrazo sincero produce una hormona denominada oxitocina, conocida como la "hormona del amor". Es un neurotransmisor que actúa en el sistema límbico, el centro emocional del cerebro, cuando la oxitocina está en la sangre, se desencadena en el cerebro una serie de reacciones que potencian las relaciones sociales, asociadas con el sentimiento de confianza y fomentando sentimientos de alegría, que reduce la ansiedad y el estrés. Esta hormona se libera cuando se toca a otro de manera intencional, se saluda con un consistente apretón de manos, se dan "palmaditas" en la espalda o se abraza a alguien cercano. Todas formas de decir "algo más", en el orden de lo emocional, en ese contacto físico. Un abrazo sostenido y cálido, podría ser una forma de expresar el amor y cariño genuinos, implicados en el gusto del encuentro, o en el dolor de una despedida.

Los abrazos reducen la producción de la hormona cortisol, presente en el estrés y aumenta la cantidad de serotonina que da la sensación de tranquilidad y bienestar. El aumento de los niveles de oxitocina y de serotonina, producen una disminución de la presión arterial y del ritmo cardíaco, mejorando la salud y el estado de ánimo. Al mismo tiempo que se relajan los músculos, al estimular la circulación en los tejidos blandos, calmando dolencias y liberando tensión. Si el abrazo es profundo, amoroso y tierno, puede hacer que las emociones de dolor o pérdida se alineen con sentimientos de amor, y puedan transmutarse en sosiego y calma.

Hoy en día, en el mundo de las nuevas tecnologías, podríamos decir que las redes sociales nos conectan más, pero al mismo tiempo, es una realidad que nos aleja físicamente, es por eso que no hay que abusar de la idea de la "unión virtual". Nada reemplaza la mirada, ver la expresión del rostro o apreciar el tono y gesto con que se dice algo. Los abrazos constituyen la versión más importante de todos esos acercamientos. Implica trascender la frontera del espacio personal y animarse a transmitir con los brazos, lo que el corazón siente. En términos generales, casi nadie logra resistirse a lo agradable que genera ser abrazado. Aun en el escenario de un enojo, el abrazo neutraliza de manera inmediata al ofuscado, permitiendo bajar a un nivel más tolerable de diálogo. Abrazar y ser abrazados, se podría transformar en una "droga con efecto adictivo", pero su frecuencia y exceso, en este caso, no genera daño. Por el contrario, mejora el estado anímico, incrementa la autoestima, equilibra el sistema nervioso, favorece el sistema inmunológico y baja las barreras que a veces se interponen entre las personas. Diluye tensiones y genera un clima cálido y relajado. Así pues, nada lo sustituye y quizás podría ser éste un replanteo sencillo, pero no por ello menos importante, para volver a mostrar esa conducta que se permite más entre adultos y niños. Extendiéndola al resto de las relaciones, mostrando cercanía sin escollos, ni sentimientos de vergüenza, contagiando su expresión, instando a otros a repetirla, dada la cálida sensación percibida. Volvamos a los orígenes del abrazo y recuperemos un poco del niño que fuimos, mostrándonos necesitados de los mismos. Hagámonos la idea de que, quien tengo en frente, también desea y necesita, como todo ser humano, de ese contacto tan preciado, como añorado. Y quizás así, podamos recrear un "ida y vuelta" en nuestro círculo de afectos, donde las emociones fluyan por la piel.

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