opinión

Parque, escultura y pubertad

Parque, escultura y pubertad

Soy un admirador de nuestro magnífico Parque General San Martín, obra de expertos, en épocas donde los gobiernos encaraban ambiciosos proyectos, que, por suerte, lograban concluir. Hoy se encuentra en merecida y necesaria refacción.

Entre los tesoros que el Parque alberga, se encuentra una nutrida estatuaria, de alrededor de 58 obras, entre las que se incluyen dos de fama y calidad internacional; me refiero a la Fuente de los Continentes y al Monumento al Cruce de los Andes sito en el Cerro de la Gloria. Ambas originales, aunque quizás inspiradas en otras, tal el caso de la primera de las mencionadas, que guarda similitud con la Fuente de los Ríos, famosísima obra ubicada en la Plaza Navona y surgida del genio de Bernini.

Entusiasta de las artes pintura y escultura, aunque lamentablemente solo fotógrafo, realicé hace tiempo un meticuloso relevamiento fotográfico de las esculturas y al terminar me di cuenta que carecía de datos sobre autores, nacionalidades, fechas etc. por la simple y terrible razón de que si hubo cartelería alusiva fue destruida por maleantes o sufrió el daño del tiempo.

Me dirigí a la oficina de la Dirección de Turismo sita en la rotonda de los Caballitos de Marly, y ahí tuve la suerte de conocer a Adriana Roig, quien me brindo un trabajo de su autoría acerca de la historia del parque, que incluye los datos de la estatuaria, en pos de los cuales yo me encontraba. Mi idea (no desechada del todo), era completar su escrito con mis fotografías y regalarlo a la Dirección de Turismo para su difusión. Su fallecimiento inesperado, me impactó de tal forma que abandoné el proyecto. Hoy la recuerdo con la pena de haberla perdido, pero con la alegría de habernos conectado por pasiones similares.

Creo que el proyecto está nuevamente en marcha, al menos en mi mente. Así pues que indagando, descubrí otro trabajo sobre el mismo tema, esta vez de la pluma de la Licenciada en Historia del Arte Patricia Favre, a quien no conozco pero felicito por su valioso esfuerzo.

Niño sentado parque

Encontré entre esas hojas, detalles que ignoraba; uno en especial me llamó poderosamente la atención y es que la bella y humilde escultura del Niño Sentado, ubicada en el extremo norte del Rosedal, no es un niño sino una niña. La autora no explica, o por lo menos yo no lo leí, cual es la razón para tal afirmación. Hace menos de una semana fui expresamente a tratar de develar el misterio, y médico como soy, y con la ayuda casual del tenebrismo, descubrí la explicación, motivo de esta nota.

El tenebrismo o claroscuro, cuyo maestro indiscutido fue Caravaggio alrededor del 1600, y poco después lo sublimara Rembrandt, avanzado el siglo XVII, tenía, entre otras características, el objetivo de destacar detalles jugando con luces y sombras.

Venus urbino

Casi un siglo antes, el magnífico Rafael Sanzio, utilizó en una de sus obras supremas: La Venus de Urbino, un claroscuro muy particular, para destacar con una sutileza inigualable, la profesión de la modelo. Según los expertos se trataba de una calificada cortesana que ofrecía sus preciados servicios en su propia residencia:

Obsérvese la intimidad de la escena, con la dama sugestivamente yaciente, dos perros sinónimo de hogar, uno de los cuales duerme a sus pies y la criada que habría servido de receptora de la distinguida clientela.

El claroscuro al que me refiero, es el corte neto del negro de la pared con la claridad de la otra habitación, marcando una evidente vertical que pasa por el pubis de la dama, destacado, más que cubierto, por la propia mano de la retratada.

El perro, símbolo de la fidelidad, al parecer dormido, resulta una alegoría de su fracaso ante las reiteradas infidelidades de su dueña.

Se trata ciertamente de un retrato y se conoce el nombre y el apellido de la modelo, que incluso habría sido amante de Rafael.

Y bien, ¿cómo conectamos toda esta disquisición sobre estilos y autores pictóricos, con el tema del niño que en realidad es niña?

Descubierta la razón anatómica que la identifica como mujer, esperé pacientemente, hasta que la luz solar, y su contrapartida la oscuridad, pasaran exactamente por la mama izquierda de la escultura: 

Detalle escultura

Este evidente claroscuro, permite observar una clara telarca, palabra con la que se denomina el crecimiento inicial de la mama femenina, hecho fisiológico con que se inicia la pubertad. Etimológicamente viene de "thele", pezón, mamilo, y "arkhe", comienzo o principio.

La mama puberal tiene forma cónica y no pende como la mama desarrollada, sino que se encuentra perpendicular al tórax, tal cual la exquisita precisión del escultor ha logrado plasmar en esta obra.

Felicito a la Lic. Patricia Favre por lo minucioso de su estudio, y espero que este sea el detalle que le permitió asegurar el sexo de la escultura.

Dedico esta nota Adriana Roig en su recuerdo

Opiniones (1)
14 de diciembre de 2017 | 23:48
2
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14 de diciembre de 2017 | 23:48
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  1. Excelente puesta en valor de las obras de arte de nuestro parque! Que sea el inicio de muchas notas más.
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Leopardo al acecho
7 de Diciembre de 2017
Leopardo al acecho