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San Martín y la última batalla: la libertad

San Martín y la última batalla: la libertad

Hoy recordamos un aniversario más de la muerte del General San Martín.

La muerte, que vislumbró a un grande y siempre lo tuvo como un permanente desafío, por eso que el General desde muy joven tuvo que luchar contra ella, venciéndola varias veces durante mucho tiempo.

Todos sabemos que la última batalla de nuestras vidas es contra la muerte. Ese fenómeno tan igualitario y democrático que devora a todos, pero en algunos, sólo en el plano físico.

En 1801, cuando galopaba solo y a la madrugada, en una zona boscosa y angosta del camino en los territorios españoles de Valladolid, cuatro bandidos interceptan al destacado Teniente San Martín - de tan solo 23 años - y le ordenan entregar su maleta (con dinero de los sueldos de sus soldados). Pero el Teniente, confiando en su habilidad marcial, desenvainó el sable y en lucha desigual, los asaltantes hirieron al futuro Libertador en la mano y lo derribaron con una estocada profunda en el pecho. Durante horas estuvo tendido en el piso desangrándose hasta que fue rescatado inconsciente.

En 1808, cuando las tropas de Napoleón Bonaparte invadieron la región de Andalucía, los franceses eran muchos y en ese entonces ya el Capitán San Martín con la infantería y 20 jinetes se lanzó contra los sorprendidos galos que no alcanzaron a reaccionar. Así como en San Lorenzo, en esa batalla corrió serio peligro al rodar su caballo, pero un soldado llamado Juan de Dios le salvó la vida cuando estaba a punto de ser sableado por un corpulento francés.

En 1811, antes de embarcar para estas tierras, tuvo un enfrentamiento cuerpo a cuerpo con un importante comandante francés Williams Carr Beresford.

Cuando febo asomaba a las 5 y media de la mañana del 3 de febrero de 1813, el Comandante San Martín, con escasa ayuda de Buenos Aires, marchaba hacia el Convento de San Lorenzo, y a 3 minutos de iniciado el combate su caballo cayó herido y lo aplastó, se dislocó el brazo derecho y esquivó un hachazo mortal que le dejó una cicatriz en la mejilla izquierda para toda su vida y el granadero Baigorria atravesó de un lanzazo al atacante. El soldado Cabral mientras sacaba a su jefe del apuro recibió dos balazos mortales por la espalda.

Luego, años más tarde, en su exilio, en Inglaterra siguió dando batalla a la muerte cuando sufre un grave accidente de tránsito que le ocasionó una profunda herida en un brazo por vidrios de la ventana que se le clavaron y graves traumatismos que lo tuvieron de reposo en cama varios meses.

En 1832 luchó contra la muerte disfrazada de epidemia de cólera y de complicación gástrico intestinal, que lo mantuvo cerca del sepulcro por siete meses, según las propias palabras del General.

Además sufrió de asma, paludismo y cataratas. Enfermedades venéreas, ulceras insoportables , reumatismo y mal de gota que le paralizaba su mano derecha.

Y sin embargo realizó junto a miles de héroes anónimos una de las epopeyas más grandes de la historia de la humanidad: El cruce de los Andes.

¿Cuántas batallas libró nuestro libertador contra el más feroz e imbatible enemigo?, y ¿cuántas para romper las cadenas de la corrupción, la desigualdad y la exclusión?

La libertad, es haber vencido todos esos grandes obstáculos.

Entonces no basta con recordar cuando murió.

Sino, reflexionar lo que está pendiente para continuar.

¿Cuántas batallas nos quedan por librar todavía?

Quizás, cuando hayamos vencido la gran batalla contra la injusticia vestida de corrupción, desigualdad, y pobreza, podremos recién levantar la voz y decir: General San Martín: somos libres y lo demás no importa nada.

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