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Tres técnicas para que no te desborden los problemas

Daniel Colombo, coach experto en CEO, Alta Gerencia y Profesionales, nos trae tres técnicas para evitar que los problemas nos superen e interfieran en nuestro desarrollo personal.

Tres técnicas para que no te desborden los problemas

En medio de las emociones encontradas y revueltas, los problemas irrumpen cotidianamente. De pequeños a muy importantes, a veces te cuesta priorizar y dar la relevancia apropiada para encarar las soluciones.

A continuación, encontrarás tres técnicas sencillas que te permitirán obtener mayor claridad casi instantáneamente para impedir que los problemas te desborden. Si las practicas, observarás que tendrás mayor claridad y consciencia a la hora de tomar determinaciones.

Técnica 1: Enmarca el problema

Aplicando la visualización creativa, toma un momento para cerrar los ojos y visualizar un mapa completo del problema o situación que te aflige en ese momento. Imagina que tomas un marco de madera, como los que se utilizan en los cuadros o espejos. Visualízate sosteniendo el marco con las dos manos, y que lo colocas frente a ti, a cierta distancia de tus ojos. Ahora, a través de él, ves el FOCO del problema, lo más acuciante.

Toma consciencia del entorno, y cómo éste va perdiendo potencia, porque tu FOCO está puesto en lo esencial. Lo demás es accesorio.

De esta forma, estás enmarcando el problema; automáticamente habrás detectado qué es lo más relevante para tomar acción. Y, desde este lugar de observación más preciso, podrás definir las mejores decisiones. Ahora lo tienes circunscripto a un espacio mucho menor que ese "problema gigante" que tenías en mente; ya no invade toda tu energía ni atención.

Resuelve lo que está enmarcado, y verás cómo el resto pasa a un segundo plano.

Técnica 2: Perspectiva

Por lo general, el 95% de los seres humanos definen una actitud positiva cuando las cosas van bien, y negativa, cuando sucede lo contrario. En el medio existe la actitud neutral, que es una alternativa para colocarte por un momento en el rol del observador consciente.

Sin tomar acción inmediata, imagina que estás remontando vuelo en un globo aerostático o un avión, y que vas perdiendo de vista el gran problema que invade todas tus emociones. Mientras asciendes, puedes ver eso que te preocupa tanto desde distintas posiciones. ¿Qué sientes? ¿Puedes ver algún punto de vista diferente? ¿Qué emociones aparecen? ¿Si le pusieras palabras, cuáles serían? ¿Si el problema te hablara, qué te diría? Observa cómo se va haciendo más diminuto, a medida que tomas altura, hasta que desaparece.

Toma consciencia de las distintas perspectivas que puedes ver al hacer este ejercicio. Su propósito es adquirir herramientas de información neutral, a través del desapego emocional a lo que estás viviendo.

Al observar el problema en diferentes perspectivas seguramente aparecen alternativas de resolución. Con el ejercicio constante, podrás entrenarte en tener esta visión dinámica de las situaciones, problemas y las cosas, para focalizarte en la solución, y no preocuparte en exceso.

También te ayudará pensar en forma práctica: ¿qué es lo peor que puede pasar en esta situación? Te darás cuenta que, en muchos casos, nuestras fantasías negativas son mucho más grandes que la realidad, o la forma en que puede resolverse.

Técnica 3: Comparación indirecta

Aunque cueste asumirlo, casi todas las situaciones que vivimos, en algún lugar interno muchas veces inconsciente, las hemos creado, provocado o permitido.

Sin ponerlo en términos de culpa, y sí de responsabilidad personal, necesitas observar los problemas incluyendo tu parte para que resulten de esa forma. Es más sencillo echar la culpa a otro. Sin embargo, en la mayoría de los casos hay una implicancia individual para que las cosas se desaten de cierta forma.

Esta técnica de comparación directa te invita a bucear profundo en lo que sientes en ese momento: cuáles son tus emociones; cómo está tu respiración; si hay alguna manifestación física extraña; si percibes algo diferente en ti cuando estás en medio del problema.

Luego, escribe el problema en el centro de una hoja en blanco. Traza líneas como te surjan, sin que tu mente intervenga, y escribe otros acontecimientos del pasado reciente o lejano, que pudieron desencadenar algo de lo que hoy de preocupa. ¿Qué observas? ¿Hay algo para aprender de ello?

Y yendo un paso más profundo en este ejercicio, observa si, por fuera de este problema, hubo en el pasado situaciones que pueden emparentarse con la actual. Traza líneas punteadas en los bordes de la hoja, y escribe esas conexiones con las demás ramas de este mapa emocional que estás dibujando.

Observa neutralmente lo que acabas de construir. ¿A qué conclusiones arribas? Seguramente aparecerá algo más de claridad sobre el problema actual; y también, alternativas de solución.

Escríbelas. Haz una lista, tan extensa como sea factible. Trabaja sobre estas posibles resoluciones para llevarlas adelante. Reconoce el estado emocional en el que estás: casi con certeza, de mayor claridad. Y ese es el objetivo de este ejercicio.

Daniel Colombo

Coach especializado en alta gerencia y profesionales; conferencista internacional; escritor y comunicador profesional

www.danielcolombo.com

Twitter @danielcolombopr 

Opiniones (1)
16 de diciembre de 2017 | 20:37
2
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16 de diciembre de 2017 | 20:37
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  1. Como hacen para escribir tantas pelotudeces. El q da consejo se ve q nunca enfrento un problema en su vida. Parece sacado de una coctelera este artículo, metemos unas cuantas palabras a ver q sale. Y me refiero a problemas tipicos del trabajo bajo presión constante.
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