opinión

The Mooch: anales de la comunicación política

The Mooch: anales de la comunicación política

El nuevo director de comunicaciones de la Casa Blanca, Anthony Scaramucci, era un tipo que venía precedido por una reputación peculiar.

The Mooch (el apodo por el que era universalmente conocido en Nueva York - y que quiere decir "el gorrón") empezó su carrera en Goldman Sachs, pero sólo se hizo famoso una vez montó su propio negocio, un "Hedge Fund" que se dedicaba a comprar participaciones en otros Hedge Funds. Si esto os suena a un potencial timo de la estampita, no vais del todo desencaminados, pero Scaramucci consiguió abrirse paso a base de salir mucho por televisión, sonar como un experto y parecer un tipo duro. Algo así como un Donald Trump de las finanzas, para que nos vamos a engañar.

Su nombramiento, por tanto, fue recibido con escepticismo. La tarea principal de un director de comunicaciones es hacer quedar bien a la organización para la que trabajas. De forma un poco contraintuitiva, un buen director de comunicaciones es alguien que debe estar más cómodo detrás de las cámaras hablando poco que haciendo el número delante de ellas. Su objetivo es que las personas realmente importantes de su organización (presidente, ministro, director ejecutivo, analistas...) estén bien preparadas, tengan mensajes claros y no se encuentren sorpresas desagradables. Tener cierto don de gentes con periodistas y editores es necesario; querer ser el centro de la noticia es contraproducente.*

The Mooch lleva años haciendo un trabajo excelente para ser el centro de la noticia tanto como sea humanamente posible. Resulta que este talento en especial no es especialmente útil o admirable cuando ocupas el cargo de comunicación política más exigente del país.

En las últimas 24 horas, The Mooch se las ha arreglado para acusar al jefe de gabinete del gobierno para el que trabaja de filtrar información secreta sobre él (no era información secreta - las declaraciones de bienes son públicas), pedir al FBI y al departamento de justicia que le investiguen (ilegal, un director de comunicaciones no tiene esa autoridad), conceder una entrevista delirante en CNN, interrumpir otra entrevista en el mismo programa llamando a un periodista por teléfono en directo y, en un acto de estupidez congénita de proporciones casi divinas, rajar salvajemente en una entrevista por teléfono sobre el jefe de gabinete (Rence Priebus) y Steve Bannon sin pedir que fuera off the record.

El artículo de Ryan Lizza explicando la conversación es difícil de describir con palabras; no sé si horrorizarme, burlarme o ponerme a llorar. Scaramucci llama a Priebus "un puto paranoico esquizofrénico", algo que creo que es ligeramente faltón. The Mooch también dice que él no es un hombre sediento de publicidad, ya que "No soy como Steve Bannon, no estoy tratando de chupárme mi propia polla".

Lo chungo es que esto es de lo más normal de la conversación. Scaramucci dice que quiere matar a todos los que hacen filtraciones. Ha alardeado de tener pruebas sobre quién filtra en la Casa Blanca gracias a sus contactos en el FBI y el departamento de justicia. Llama antipatriótico al periodista por no querer revelar sus fuentes. Y todo esto, insisto, cuando sabe que le están grabando, sin pedir en ningún momento que sea off the record.

En un planeta normal, en cualquier empresa normal, a Scaramucci nunca le hubieran contratado, y el tipo que le sugirió ficharle estaría cultivando patatas en Idaho muerto de vergüenza bajo una identidad falsa. En un sitio normal al Mooch le hubieran despedido tres minutos después de su primer tweet contra Priebus.

En la Casa Blanca de Trump, se rumorea que quieren que sea el nuevo jefe de gabinete, en substitución de Priebus, dentro de unas semanas. Imaginad.

*:Por cierto, mi trabajo ahora mismo es este.

- Roger Senserrich es politólogo, por mucho que insista en hablar un poco de todo. Dejando de lado una extraña obsesión con los ferrocarriles, su principal interés es la interacción entre sistemas políticos y economía, y cómo las instituciones favorecen o obstaculizan la elaboración de buenas políticas públicas. Actualmente vive en New Haven, Connecticut, trabajando como coordinador de programas y lobista ocasional en CAHS, una ONG centrada en temas de pobreza. Leé mas de su autoría haciendo clic aquí, en Politikon.es

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