opinión

Pequeños círculos: apasionante y precisa joyita

Ariel Blasco, director de notables puestas como las de "Reflejos" y "La felicidad", vuelve a lucirse con una obra de múltiples capas argumentales, ritmo sostenido y un atractivo juego de desplazamiento del poder.

Pequeños círculos: apasionante y precisa joyita

En estos últimos años, Ariel Blasco se ha transformado en uno de los directores más confiables de la escena mendocina. Frente a los altibajos que presentan las puestas de otros referentes de su generación, o bien de hacedores que ya cuentan con una larga trayectoria, Blasco se presenta como un sensible artesano, un trabajador cuyo ego no depende de que el público y la crítica lo coloquen en el pedestal de la genialidad.

En obras anteriores bajo su directriz, tales como Reflejos y La felicidad, ya se vislumbraba su inquietud por ese tipo de relatos construidos a partir de múltiples tramas y subtramas, con oscilaciones genéricas que pueden navegar del suspenso al melodrama, y conflictos morales de diverso calibre que se abren a múltiples lecturas, sin caer jamás en la bajada de línea; o la idea de dejar un determinado "mensaje".

Los textos elegidos por Ariel Blasco son siempre apasionantes. Dramaturgos porteños como Matías Feldman o Javier Daulte, han provisto la exquisita materia prima que el director ha sabido moldear con puestas y elencos sumamente precisos. Para Pequeños círculos, opta por un material del actor, dramaturgo y director William Prociuk, autor de Biónica, obra que también Blasco llevo a las tablas hace algunos años.

En los primeros minutos de esta nueva producción de la Comedia Municipal Cristóbal Arnold, vemos a Albert, un escritor de best sellers (Rubén González Mayo en su vuelta a las tablas mendocinas tras más de una década radicado en San Juan), entrevistado por una inquisidora periodista (Marina Candolino Przyklenk), quien intenta dilucidar cómo fue que este hombre, sin ningún tipo de antecedente literario en su haber; se transformó de la noche a la mañana en un auténtico fenómeno de ventas.

PEQUEÑOS CÍRCULOS

Con ese arranque podríamos temer lo peor: una obra construida alrededor del ego de un genio pedante, empecinado en controlar los hilos de sus confesiones; y escondiendo más de un hecho de su misterioso pasado. Pero pronto descubrimos que esto no es todo, Albert está obsesionado con la escritura de una obra de teatro, que no sólo esté a la altura de su producción previa; sino que también logre exorcizar todos los tormentos que ha atravesado.

A partir de aquí, Pequeños círculos ingresa en laberintos como el de la ficción dentro de la ficción, algún falso final; y varios procedimientos que tienden a jugar con los límites entre realidad y artificio. Ariel Blasco vuelve a levantar en alto las tres cartas de precisión que ha sabido jugar con tanta destreza en anteriores puestas. En primer lugar, encuentra el timing exacto para cada escena, sin apurar ni demorar situaciones innecesariamente; un aprendizaje ligado seguramente a su oficio como realizador audiovisual y cinéfilo apasionado. En segundo término, si bien Blasco es proclive a seleccionar textos con múltiples capas argumentales, jamás cae en la desmesura absoluta ni en la idea de dejar al espectador a la deriva; tratando de atar los múltiples cabos de las historias que lleva a escena. Y el tercer as bajo la manga es el más apasionante de todos. El director es adepto a los textos que transitan desplazamientos en el ejercicio del poder, de allí que de un momento a otro, tanto en sus anteriores trabajos como en Pequeños círculos; tengamos la chance de zambullirnos en exquisitos viajes escénicos en los que sus criaturas saltan de una actitud dominante al padecimiento más vulnerable.

En esta ocasión, el elenco no se muestra tan compacto como el de Reflejos o La felicidad, pero cada cual cumple su rol con eficacia, destacándose la contundente actuación de Rodrigo Casavalle; quien interpreta al editor de Albert. Si bien su personaje es el más histriónico y carismático, su performance da en la tecla justa, tanto en los momentos más orientados al humor; como en aquellos en los que queda absorto en las tinieblas de un mundo misterioso.

Pequeños círculos saludo final

Días y horarios: sábados de julio a las 22 hs. y domingos de julio a las 20 hs.

Lugar: Teatro Quintanilla (subsuelo Plaza Independecia).

Entrada: $ 80 (general); $ 50 (estudiantes y jubilados)

.Dramaturgia: William Prociuk. 

Dirección: Ariel Blasco

Actúan: Rubén González Mayo, Marina Candolino Przyklenk, Jorgelina Jenon Aimar, David Laguna, Rodrigo Casavalle

Diseño gráfico: estudioCOSO 

Diseño sonoro: Ariel Blasco y Fernando Veloso

Diseño escenográfico: Andrés Guerci 

Realización: Rodolfo Carmona

Iluminación: Noelia Torres

Asistencia de dirección: Marcelo Ríos Roig

Fotografía: Municipalidad de la Ciudad de Mendoza

Prensa: Mariela Encina Lanús • ARGOT Prensa 

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