opinión

Ganar o Perder: la victoria en las derrotas

El cerebro está "programado" para sobrevivir, valorando más lo que tiene, antes que evaluar la posibilidad de perderlo.

Ganar o Perder: la victoria en las derrotas

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook

Podríamos decir que la búsqueda del éxito, en el sentido de ganar, se ha convertido en una presión de esta sociedad, donde el exitismo es la norma y ser mejor que los demás el objetivo. Cumplir con una meta, lograr un trabajo, concluir un proyecto, alcanzar un sueño o conseguir popularidad; otras veces proyectando, el anhelo de ganar, en aquellos con los que uno se siente identificado: equipo favorito, líderes, o ídolos elegidos, vivenciando sus logros o derrotas como propios, ya que el cerebro no distingue completamente la diferencia. Todo se transforma en una competencia que busca en última instancia, el bienestar y la afirmación de la autoestima. Dicho así parece bastante banal, vivir corriendo en pos de objetivos como ganarle a los demás o incluso a uno mismo. Y es que ganar se siente muy bien, mientras que perder se puede sentir muy mal. En ocasiones, no se hace otra cosa que correr "carreras secretas" en busca del podio, en las que nadie se entera de dicha competencia.

El cerebro está "programado" para sobrevivir, valorando más lo que tiene, antes que evaluar la posibilidad de perderlo. Esto lleva a preferir no perder antes que ganar, temiendo el riesgo de una pérdida, incluso aunque signifique perder la oportunidad de adquirir un beneficio mayor. Por eso si se desea ganar, hay que aprender a tomar conciencia de esto y superar el miedo a perder. Desde los juegos de pequeño se busca imponer jerarquía, buscando ganar y sufriendo con la derrota. En todos los grupos se reconocen jerarquías y estas obedecen a las fortalezas que demuestra cada persona. Naturalmente se está diseñado para competir y diferenciarse en los grupos sociales.

Están quienes tienden a abandonar los intentos antes de tiempo, por temor a perder, y es que existe en los seres humanos una "aversión a la pérdida" muy potente que puede inhibir a tomar decisiones beneficiosas. Generalmente el ganar depende de apostar a un cambio, y esto representa al cerebro un mayor consumo de energía, entonces es que se torna importante poder planificar los cambios paso a paso, y de este modo relajar la mente.

Existe un lugar ineludible donde se gana o se pierde y este es en el cerebro. Cada vez que se toma una decisión, ésta tiene un componente racional y otro emocional. Ganar o perder, de acuerdo a los estudios de las neurociencias, está ligado con emociones que generan descargas químicas. Las emociones tienen un papel fundamental, ya que se despiertan, al igual que los instintos, antes que la razón. Ganar está ligado con la descarga de testosterona, que está asociada con la dominación tanto en hombres como mujeres, generando el sentimiento de poder y potencia. Cuando se gana estos niveles son más altos, produciendo una cascada de neurotransmisores como la dopamina que es una sustancia química que influye en la experiencia de sentir emociones positivas, activándose cuando se obtiene una victoria. Como así también, la norepinefrina que regula las experiencias negativas, influyendo en la sensación de agonía que se siente ante una derrota.

Más allá de las reacciones biológicas, nos encontramos con la experiencia social y lo culturalmente aprendido, que enseña a interpretar la experiencia de ganar y perder con diferentes "filosofías". Entender lo que yace detrás de perder o ganar puede ayudar a reflexionar sobre el tipo de perdedor y ganador que se es. El peor defecto de un ganador es justamente no saber perder. Por esta razón es que queremos poner el foco en los tipos de perdedores, y cómo el miedo a perder, muchas veces es lo que impide ganar. Pues la vida está constituida en su gran mayoría de errores, fallas, caídas y pérdidas, antes que aciertos. Aprender a perder es quizás un nutriente que debería estar incorporado en la dieta emocional de toda persona desde la niñez y por siempre. La necesidad de aprender a soportar y tolerar la frustración de aquello que se anhelaba y no se pudo conquistar.

Aprender a perder es quizás un acto heroico en el que el orgullo de caer está íntimamente ligado al hecho de pararse nuevamente. Pues caer es inevitable. Y levantarse es la actitud ante la circunstancia inmanejable de no acceder a lo deseado. Levantarse es la decisión deliberada ante aquello que no se pudo manejar, lo que esta fuera del alcance de las propias maniobras, lo imponderable. Quizás allí radique el significado del éxito: ser perseverante, constante, tesonero y obstinado con el objetivo, más allá de los "no" que la vida depare. Esto no significa ciegamente, pues también participa en este terreno, el arte de aceptar cuando el "no" es inquebrantable. Pero antes de llegar inteligentemente a este punto de aceptar la claudicación, habría que pasar redundantemente por el terreno de las acciones insistentes, que será el preámbulo de la tranquilidad de haberlo intentado todo.

La perseverancia es clave para no resignarse ante los posibles fracasos del camino, considerándolos pruebas y base de experiencia para continuar en el proceso de aprendizaje. Walt Disney dijo que "la diferencia entre ganar y perder a menudo consiste en no abandonar". Las personas perseverantes son optimistas, reconocen sus emociones y persiguen sus metas. No se garantiza el éxito con la constancia, pero claramente sin perseverar no se podría ganar ninguna meta.

Se intenta muchas veces antes de lograr un acierto. Un mecanismo presente desde el nacimiento y que no se abandona hasta el último día, pues consiste en ensayar y errar en un proceso continuo que se da en la base de la evolución y de todo aprendizaje. Por tanto, inculcar el arte de saber perder, resulta ineludible. Permitir tanto en uno, como en los demás, la posibilidad del error, retractación, disculpa y arrepentimiento, es el paso inicial para comprender y aceptar que perder es un elemento constitutivo del aprendizaje humano. Un permiso contrapuesto con la dirección que lleva la sociedad. Aceptar con honra los embates desafortunados de logros frustrados, de batallas perdidas o de éxitos marchitos. Porque quizás el logro mayor sea haber apostado a pesar de las bajas probabilidades, haber empeñado las ultimas riquezas o jugado las más profundas emociones, sin garantías de provecho o éxito. Pues en el difícil arte de vivir, el éxito significa despojarse de los resultados para transitar coherentes, sensibles y emocionalmente conectados con los propios designios.

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16 de diciembre de 2017 | 00:10
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    7 de Diciembre de 2017
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