Economía

Donde se acaba la magia, convenciendo al inversor y peleas de financistas

Lo que pasó, lo que pasa y lo que pasará. La columna de cada domingo de Carlos Burgueño, para MDZ.

Donde se acaba la magia, convenciendo al inversor y peleas de financistas

 Lo que pasó

Donde se acaba la magia

¿En definitiva, para que sirve un plan económico? ¿Cuál es su última finalidad? Más allá de cualquier escuela económica, tendencia político o ideológica que se defienda o adhiera, un plan debe buscar que mejoren dos indicadores básicos y que, en el peor de los casos, nunca bajen. Se coincidirá en que estos son dos: que la economía crezca y que haya más empleo. Luego, la combinación de ambos generará lo más importante para cualquier plan: que se reduzca la pobreza primero, y que la sociedad llegue a un nivel de redistribución de la riqueza óptimo después. La forma de llegar a este combinado de objetivos será lo que luego cada escuela, especialista y, en definitiva, político defenderá. Esta semana el gobierno recibió un durísimo golpe frente a esta fórmula: el índice de desempleo medido por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) subió a 9,3% de la población en el primer trimestre de 2017. Según el titular del organismo "es evidente que estamos ante una situación grave en el mercado de trabajo". El último dato oficial correspondía al tercer trimestre del año anterior, aún bajo la administración del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner, cuando se registró un nivel de 5,9% de desocupación. Este último dato no puede ser tomado en serio, como casi ninguna cifra estadística del anterior gobierno, pero sirve de base para considerar que el problema de los argentinos que no consiguen un lugar en el mercado formal de trabajo es alto. Muy alto. Alarmantemente alto. Y que tanto el programa económico anterior como, al menos en su inicio, el programa actual, fallaron. Asegura el gobierno que cuando se conozcan las cifras correspondientes al 2017 el porcentaje mejorará y que ubicará en cifras altas, pero al menos, no tan alarmantes. Será el desafío de Mauricio Macri. Su gestión se medirá, más que nada, por el objetivo de reducir ese 9,3%.

Lo que pasa

Convenciendo al inversor

Son días en que el gobierno está enojado con los empresarios. Los datos que llegan a todos los escritorios públicos, incluyendo el de Mauricio Macri, hablan de una realidad implacable: del 100% del total de inversiones que llegan al país (de locales y extranjeros), sólo el 10% va a la economía real y el 90% se dirige al múltiple supermercado financiero que ofrece hoy la Argentina, y donde las Lebacs del Banco Central son la vedette. La foto es lapidaria. De un lado hay peligros de todo tipo: problemas de competitividad, tipo de cambio, un sistema impositivo imposible de cumplir, juicios laborales estrafalarios. Del otro todo es más simple: tasas de retorno con un piso de 26% y que, en el caso de la bolsa y eligiendo bien a la acción candidata, puede superar el 40%. No hay inversión en el mundo que otorgue semejante retorno. Así las cosas, convencer a un industrial de que el camino es apostar a comprar un máquina, parece una quimera.

Lo que pasará

Peleas de financistas: clásicos vs modernos

Bancos tradicionales. Bancos virtuales. Fintech. Como muchos sectores de la economía, no sólo local, sino mundial, el sistema financiero está en plena renovación y cambio frente a lo que se conocía como la banca tradicional. La tecnología y el mundo virtual y digital cambiaron la realidad de toda la sociedad, y obviamente, la economía y las finanzas no pudieron estar ajenas a las modificaciones revolucionarias. Y la banca está en pleno debate sobre hasta dónde hay que aceptar que las tecnologías renovadas capturen el mercado. La pelea se da en el mundo, y también en la Argentina. Y el viernes pasado, en el Banco Central, se dio un capítulo inaugural de ese debate. De un lado se ubicaron los representantes de la banca tradicional. Los bancos de capital nacional y extranjeros más las entidades públicas, protestando por la aparición de un nuevo actor que, parece, viene a competir en posición de ventaja. Se trata de las fintech (financieras tecnológicas), que a base de recibir dinero a caudales tienen el suficiente efectivo como para pensar en comenzar a prestarlo. El ejemplo más claro es Mercado Libre, que ya está ofreciendo financiamiento a sus clientes, en base a la tremenda cantidad de dinero que circula por sus operaciones de compra y venta de objetos y servicios on line. La protesta de los banqueros es simple: Mercado Libre y su financiamiento no está alcanzado por las normas del Banco Central, no paga seguros de depósitos, impuestos distorsivos y no tiene que lidiar con la bancaria de Sergio Palazzo. En síntesis, tiene una ventaja comparativa imposible de frenar por parte de los bancos. Del otro lado, desde las fintech, se habla de un mercado natural que las entidades financieras desconocieron y descuidaron y que ahora quieren captar. Deberá resolver la entidad que maneja Federico Sturzenegger como lidiar con el conflicto. Pero algo es seguro: las tasas de interés son tan altas en un mercado como el otro. El conflicto se da cuando aún resta ingresar un tercer actor: la banca virtual. Bancos que sólo operan en internet, y que no tienen sucursales a la calle. Sería un intermedio entre los dos rubros en conflicto. Pagarían todos los gastos que impone el Central, pero no lidiarían con Palazzo. Ya hay dos de estos bancos en carpeta, que comenzarán a trabajar desde diciembre. 

Opiniones (1)
18 de noviembre de 2017 | 00:23
2
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18 de noviembre de 2017 | 00:23
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  1. Sea lo que sea, digan lo que les parezca y opinen, pero en economia el gobierno presente sigue siendo intervencionista, protector, sigue con dadivas y subvenciones y sobre todo con un creciente deficit improductivo del Estado. Tambien con exceso de emision monetaria y de deuda... y con todo lo dirigista que es le dicen "neoliberal..."?...dejen de joder
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