opinión

Orden: evitando el caos mental

Conforme el ser humano nace, sus necesidades de hambre, abrigo y cuidados, se manifiestan sin orden, solo en base a necesidad.

Orden: evitando el caos mental

 Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook

Existe la teoría que indica que la naturaleza y el universo en general no siguen un modelo previsible, es la denominada Teoría del Caos. El caos al que se refiere esta teoría no implica una falta de orden, sino que los hechos y la realidad no se ajustan a un modelo lineal, sin embargo lo caótico no puede ir más allá de ciertos límites. La teoría del caos, puede servir para explicar la enorme diversidad que se puede encontrar en cuanto a actitudes, puntos de vista, pensamientos y creencias. Existe una amplia variedad de circunstancias que transforman nuestra conducta y pensamiento, modelando el modo de vivir la vida.

Conforme el ser humano nace, sus necesidades de hambre, abrigo y cuidados, se manifiestan sin orden, solo en base a necesidad. Se podría llegar a decir que de niños existe una tendencia al caos, buscando y deseando la satisfacción inmediata de toda necesidad. Son quienes están a cargo del niño, a través de sus "Teorías del Orden", basadas en reglas de la cultura en la que han sido criados, quienes le proveen lo que estiman le hace falta. Los cuidadores establecen horas de sueño y vigilia, cantidad y momento de cada alimento, tipos y estilos de vestimenta, conductas deseables y desaprobadas. Es el adulto quien va cercando el camino, confiriendo un orden de algún tipo. Tiempos para cada cosa, lugares para otras determinadas y momentos para lo que fuere posible. Así se comienza a introducir en esquemas temporales y espaciales, que tendrán como eje la "postergación", y los primeros pasos en el entrenamiento de la capacidad de espera.

Más allá de las pautas culturales, cada uno va desarrollando su particular estilo de vida. Algunos tendrán rasgos más obsesivos, donde predomina el detallismo, la pulcritud, la simetría o el perfeccionismo. Otros en cambio, encontrarán lo que guardaron en su propio, único y particular orden. El cuestionamiento se centra en cuál sería la medida exacta de orden, qué es ser ordenado y por qué es necesario, si es que lo es.

El ser humano desde sus orígenes ha necesitado vivir con un cierto orden y pensando que puede prevenir y prever, pero generalmente falla prediciendo el futuro e interpretando el pasado. El cerebro humano tiende a sobrevalorar la explicación racional y subestimar lo aleatorio o impredecible, tendiendo a armar teorías ordenadas y estructuradas, para hacer frente a la realidad entendida como desordenada y caótica. Los hechos nuevos se encajan en teorías ya construidas, tendiendo de este modo a "inferir" la causa de aparición.

Armar teorías de orden, gatilla emociones positivas, otorgando cierta fantasía de control; pero cuando aparecen imponderables, inundan distintos niveles de estrés, miedo o frustración y el corazón se acelera, volviéndose caótico. Cuando se está rodeado de caos y desorden, las emociones se perturban. El orden aporta coherencia personal y vital. Una persona feliz suele tender al orden en sus relaciones y en sus contextos; esto a su vez, retroalimenta su bienestar, aportando claridad mental y ligereza emocional necesaria para afrontar lo impredecible de cada día. La persona equilibrada, mantiene armonía consigo misma, sus vínculos y sus pertenencias.

Parte del caos, es que acumulamos cosas que no usamos nunca. La sociedad de consumo lleva a acumular cosas "por las dudas", pensando que algún día van a servir. Cuando todo es importante, nada lo es y no se puede fijar prioridades, con lo cual se termina perdiendo el control. No tener un sistema para ordenarse significa no tener control, tomar malas decisiones, perder oportunidades y cometer errores. Para ordenarse es necesario aprender a eliminar. Cuando se ordena, se toma conciencia de todo aquello que ha permanecido en el olvido, desechando lo que sobra o ya no es de utilidad, eligiendo quedarse sólo con lo que es importante y otorga felicidad. Si a las cosas que desechamos les otorgamos un mejor destino (donación, reciclaje) el trabajo es más profundo y duradero.

La simplicidad es la clave para organizarse, resolviendo temas pendientes, recuperando la maniobrabilidad hacia la vida que se desea. El principio más importante que hay que seguir es elegir. De esta manera podemos ver que la necesidad de orden, deja de ser algo físico para ser algo mental. El orden pasa por asignarle un lugar a cada cosa. Pero también encontramos aquellas personas que tienen un gran desorden interior y pueden buscar entonces un excesivo orden afuera, a veces de manera compulsiva, sin embargo, el orden extremo no reemplaza ni asegura el interno.

Todos los pendientes generan al cerebro un gran consumo de energía, saltando de estímulo a estímulo, resultando difícil priorizar tareas. Seria comparable con abrir muchas ventanas en la computadora y dejar cada programa abierto. Esto llevaría a un uso desmedido de los recursos y a un agotamiento a la hora de efectivizar procesos. Círculos abiertos a los que no se da cierre (tareas, relaciones, trabajos, duelos, etc.) producen estrés mental, agotamiento y desgaste, provocando múltiples síntomas propios de los síndromes ansiosos. Ya que la mente, constantemente pasa por allí advirtiendo que hay algo sin concluir. La clave es encontrar pequeñas estructuras que permitan organizar rutinas para identificar tareas y definir prioridades. Sacar del cerebro el desorden, clasificando por urgencia e importancia, liberando la mente y filtrando la sobrecarga de información.

El hecho que la realidad sea múltiple y caótica, no implica que sea desordenada, sólo que es importante tener en cuenta que no es viable una previsión exacta y absoluta de todos los sucesos. La disciplina, en todos los órdenes, tendría la ventaja de dejar más "espacio liberado" en nuestro funcionamiento cerebral, necesario para tareas que generan verdadero desgaste y necesitan disponibilidad de recursos. El orden parece ser un elemento casi vital para nuestra salud. Decisiones trascendentes, hechos de responsabilidad laboral, acciones dentro del entorno familiar, optar, elegir, definir relaciones o sencillamente lo rutinariamente preponderante. Pero un orden constante y milimétrico, no da espacio a que las cosas fluyan, tomando el cauce propio.

La propuesta consiste en un verdadero equilibrio y combinación que oscila entre el orden y el caos. Entre un orden que nos permita sentir que la vida va por donde queremos que vaya, siguiendo planes de acción, ocupándonos de aquello que requiere nuestra absoluta atención y maniobrando a conciencia en aquellos terrenos que implican nuestra dirección. Para pasar luego a una sana y relajada fase, caracterizada por dar lugar al caos: delegar el timón al azar, al viento o a los vaivenes de la vida. Dicho así suena muy apocalíptico. Sin embargo, nada queda tan a la deriva, sabiendo que muchas cosas poseen equilibrio propio, así como el rio conoce su propio cauce. Esta combinación de "orden y caos", es lo que hace que la vida sea más relajada, gustosa, auténtica, espontánea y sentida. Un arte no sencillo de desarrollar, pero altamente eficaz para quien domina el equilibrio móvil entre uno y otro.

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