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El poder blando es papel mojado

El poder blando es papel mojado

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El concepto de poder blando no es nada nuevo, pero fue Joseph Nye quien lo llevó a la teoría académica en un libro homónimo publicado en 2004, convertido al instante en best seller. La idea de que se puede reducir el gasto en defensa destinado a la fuerza militar y optar por convencer en lugar de coartar -proveer de manera generosa para comprar paz, estabilidad y prosperidad- casaba bien con la Administración de Bill Clinton. De hecho, este libro puede ser considerado como la doctrina extraoficial de la administración demócrata.

Esto influyó en muchos líderes europeos y en la postura de la Comisión Europea. Con el final de la Guerra Fría y ningún enemigo en el horizonte y con muchos miembros de la Unión Europea limitados por sus Constituciones y su estatus neutral, el poder blando supuso un nicho útil para el desarrollo de políticas en materia de seguridad y política exterior a nivel individual y comunitario.

La abolición o suspensión del servicio militar obligatorio en muchos países de Occidente, junto con la profesionalización de la mayoría de Fuerzas Armadas, llevó a una reducción lógica de su tamaño. Aunque oficialmente las Fuerzas Armadas tienen las mismas competencias -la defensa nacional y territorial-, estas han sido en gran medida reemplazadas por una combinación de alianzas militares, como la OTAN y su inherente paraguas nuclear. Muchas Fuerzas Armadas europeas se especializaron en proyección, asistencia humanitaria, antiterrorismo, protección de infraestructuras críticas, inteligencia y fuerzas especiales, todas definidas en las doce misiones de Petersberg, todas ellas bajo el umbral de la guerra.

Poder inteligente significa... poder duro

Nuestro autor, Joseph Nye, escribió otro libro diez años después de Poder blando. Este nuevo libro, publicado en 2011, se tituló El futuro de la fuerza -The Future of Power- y recogía un nuevo concepto: el poder inteligente. A la vez que defendía una combinación de poder blando y duro, podría haber llevado un subtítulo: "El poder blando no funciona sin el poder duro". Aunque parte de una visión idealista, es una vuelta a una visión pragmática y realista de las relaciones internacionales. Nos recuerda a las palabras del presidente Teddy Roosevelt: "Speak softly and carry a big stick" -"Habla suave y lleva un garrote"-.

Durante la década del poder blando, tuvieron lugar dos genocidios: uno en Bosnia Herzegovina y otro en Ruanda. El número de conflictos armados a mediados de los 90 se elevó hasta 18, el doble que en las décadas precedentes. Esta cifra llega a doblar la media de conflictos durante la Guerra Fría. Así, aunque no puede decirse que el poder duro signifique paz, sí puede estipularse que su ausencia es una causa de la multiplicación y la prolongación de conflictos armados.

¿Proliferación blanda o dura?

Durante esta última década, la República Democrática de Corea -del Norte-, invocando el capítulo 10 del Tratado de No Proliferación Nuclear, se retiró del mismo el 10 de enero de 2003, dentro del periodo legal estipulado de seis meses. Fue entonces cuando organizó una prueba nuclear subterránea al disparar un dispositivo atómico el 9 de octubre de 2006. En esos momentos, el Grupo Internacional de Contacto estaba ocupado presionando a la República Islámica de Irán para que desmantelara su programa nuclear militar y renunciara al desarrollo de armas atómicas y misiles balísticos.

Este ejemplo muestra los límites del poder blando. En el primer caso, la comunidad internacional implementó considerables medidas de desarrollo y ayuda. La vecina (Corea) del Sur inició una serie de medidas de acercamiento denominadas, de manera bastante acertada, "política del sol". Nada de esto funcionó a la hora de influir sobre el régimen norcoreano.

Podría sugerirse que si bien las recompensas no funcionaron en Corea del Norte, el castigo -el uso de duras sanciones económicas y políticas y el despliegue de fuerzas convencionales en Oriente Próximo- fue más efectivo para lidiar con la proliferación iraní, ya que se llegó a la firma de un Plan de Acción Conjunto y Completo el 14 de julio de 2015.

Intervencionismo liberal

Mientras que muchos liberales estadounidenses abogaban por la limitación del uso de la fuerza y el desarrollo de una política exterior basada en el poder blando, muchas de esas voces piden hoy una actitud más firme y una capacidad de intervención más rápida. La responsabilidad de proteger, adoptada como una ley blanda en la cumbre mundial de Naciones Unidas de 2005, se interpreta hoy por algunos como una responsabilidad de intervenir.

La teoría del poder blando se ha ido convirtiendo en la práctica en una postura cada vez más propensa a la intervención y más favorable a un poder duro intensivo. Si los fantasmas de Vietnam sirvieron para disuadir de una intervención con fuerzas armadas en conflictos extranjeros, los fantasmas de Ruanda y Bosnia llevan a que los órganos decisorios en Estados Unidos intervengan.

Al hablar sobre el comienzo de la operación Amanecer de la Odisea en Libia el 19 de marzo de 2011, el entonces presidente Barack Obama resumió en Brasil su motivación política: "Estás condenado tanto si intervienes como si no". Por todo ello puede decirse que hoy hay más presión para intervenir que para mantenerse al margen. La cuestión ya no es si se debe poseer poder duro, sino cuándo debe utilizarse y por qué razón.

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- Alexandre Vautravers. Doctor y experto en seguridad en el Instituto de Estudios Globales de la Universidad de Ginebra. Editor jefe de Revue Militaire Suisse (RMS). Director del Centro de Historia y Prospectiva Militares (CHPM).

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