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Efectos psicológicos de las prácticas corruptas

Efectos psicológicos de las prácticas corruptas

La medida de la corrupción se correlaciona con la calidad del marco institucional de cada país, Concretamente se asocia a un bajo grado de eficiencia y control en el manejo de las cosas del estado por parte de los gobiernos, a deficiencias en el manejo de la justicia y al grado de desarrollo social alcanzado

Si nos enfocamos en evaluar la corrupción en América Latina, vemos que los resultados no son muy auspiciosos. Solamente Chile, Costa Rica y Uruguay son países con menor nivel de corrupción porque poseen un marco institucional bastante sólido y un sistema económico y social con reglas claras. El resto de los países de la región, tiene un alto nivel de corrupción y baja puntuación en el nivel institucional entre los cuales Venezuela y Haití se llevan los peores puntajes.

¿Qué nos pasa a los individuos en este contexto?

El ser humano necesita relaciones que le aporten seguridad, garantía, afirmación y reconocimiento además de la satisfacción de sus necesidades inmediatas y pulsionales.

Uno de los ingredientes psicológicos que producen las conductas corruptas naturalizadas y hasta sistémicas, como vemos a diario, es que las sociedades y su dirigencia no avisoran un futuro. Las autoridades están paradas en una inmediatez que las lleva a aprovechar todo lo que puedan ya, ahora, no fomentando la actitud de renuncia a gratificaciones inmediatas a favor de ganancias futuras, trasmitiendo a la población la misma noción de presente y con dificultad para proyectarse en el tiempo.

Dichas prácticas estructuran relaciones de desconfianza entre las partes, lo que lleva a una cultura de fragmentación y aleja la empatía entre las personas.

La desconfianza aumenta la ansiedad y como consecuencia de ello se piensa que hay que cuidarse permanentemente de los otros, ver como uno se defiende y si es posible adelantarse para ganar beneficios no pactados. "Madrugar" a los otros. Se inicia así una escalada de malos tratos que puede motivar acciones de creciente sadismo que erosiona la experiencia de seguridad de todos los ciudadanos, lo que nos lleva al otro costo asociado a la corrupción, que es el aumento de la violencia, o dicho en otros términos, la paz social se daña con actos de corrupción, ya que al no ser respetadas las leyes se favorece el todo vale.

Corrupción y violencia

Está comprobada la relación directa entre corrupción y aumento de la violencia social. Las personas buscan alternativas similares a las criticadas, donde el respeto a las leyes se evalúa como ser tonto y trasgredir se vivencia como ser vivo. Generando una ambivalencia en el interior del sujeto que critica y admira al mismo tiempo. Lo que produce vinculaciones primitivas entre los ciudadanos.

Predomina la lógica de la pandilla que sojuzgan los aspectos maduros de la sociedad.

Se establece un sistema personal o de grupos de evaluación de las culpas. Que se piensa como: "Yo no soy muy bueno pero ellos son más malos que nosotros"

En las vinculaciones arcaicas predomina la ley del más fuerte, y el imperio de una ley que busque la igualdad para todos los ciudadanos se convierte en una utopía.

Se consigue esa fortaleza teniendo dinero, o amigos que abren puertas que se deberían abrir solas.

Se produce así un aumento de la sensación de desamparo y de ser vulnerable y de estar a expensas de arbitrariedades. Paradójicamente cumplir la ley aumenta la sensación de aislamiento ya que "Yo no voy a ser el único" que obedezca.

El que respeta la ley adquiere así una imagen devaluada de sí mismo. Cumple por falta de inteligencia , o por intereses ocultos dentro de la misma lógica de la desconfianza, lo que genera un estado deliberativo que ocupa gran parte de nuestras mentes y acciones.

Si las autoridades no se rigen conforme a la ley , ¿por qué pagar los impuestos, si estos se derivan a los bolsillos personales de los gobernantes?

El fenómeno pasa de ser criticado a ser admirado y naturalizado, lo que genera en las personas un horizonte de desaliento y desesperanza de y la sensación que nunca vamos a salir de esto. Somos así, confundiendo actitudes adquiridas a partir de prácticas cotidianas con un cierto gen nacional. Se busca triunfar de la misma manera que se critica.

La gente no considera la violación de las leyes como un fenómeno en sí mismo , se convierten en un problema solo si son sorprendidos violándolas.

Otro efecto psicológico es el que lleva a torcer la ley como acto de protesta silenciosa .

¿Qué podríamos hacer con esta situación tan compleja?

Desde los gobiernos generar buenas prácticas de control institucional, y desde lo individual ir pensando que cada vez que transgredimos una ley no estamos haciendo algo individual que no afecta a nadie, o que si no me vieron no pasó nada.

Tendríamos que empezar a pensar que sí transgredimos una ley, sí pasan cosas. Que afectamos a los otros, que a nivel individual ingresamos en un clima de ansiedad creciente, de evaluación deliberativa nos preguntamos y nos respondemos respecto de cosas que no tendrían que ser motivos de nuestra preocupación, perdemos tranquilidad y productividad entre otras tantas cosas y socialmente apuntalamos un sistema que nos empobrece.

Educarnos y educar en la corrección constante para ir saliendo de la transgresión e ir muy lenta pero sostenidamente en el respeto por las normas. Todas, desde las más triviales a las más complejas.

María Jesús Estevez. Psicóloga

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16 de diciembre de 2017 | 14:11
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