opinión

Seguridad vial: más que cambiar las leyes, empecemos por cumplirlas

A propósito de las modificaciones a la ley de Tránsito, entre ellas la educación vial obligatoria y el endurecimiento de las sanciones, el principal cambio debe arrancar por uno mismo.

El que cuenta la anécdota es un abogado del foro local. Y el protagonista, un amigo suyo que el año pasado viajó a Estados Unidos en plan vacaciones. Ya en el país de Donald Trump, pasa unos días en la casa de un argentino radicado en Boston. Unas de esas noches, lo invitan a una fiesta a la que decide ir en un auto alquilado. En medio del jolgorio generalizado, no se privó de tomar unas copas de más y mucho menos previó un regreso con más de 0,5 gramos de alcohol surfeando en sus venas.

A la vuelta, como si lo hubiera olfateado un labrador, lo paran en un control policial como a cualquier hijo de vecino. Como corresponde, le hacen el test de alcoholemia y, como era de esperar, había superado por lejos el límite de lo legal. De ahí a la cárcel hubo un solo -y traumático- paso. Al rato, media hora como mucho, calzaba un mameluco naranja como los que había visto cientos de veces en las películas. Justo él, que era un fanático de Orange is the new black, la serie que muestra la intensa vida en una cárcel de mujeres.

Al otro día, con una resaca en inglés y más temor que curiosidad, el argentino quedaba libre, pero se le había iniciado una causa por la que todos los meses -sí, leyó bien- debe regresar a Estados Unidos y presentarse ante un juez.

Por si no quedó claro, en otros países manejar borracho no es grave, es gravísimo. Para los bebedores sin escrúpulos, la condena legal y social no hace distinción entre ignotos y famosos. Desde el expresidente George W. Bush, los actores Mel Gibson y Keanu Reaves y hasta el ídolo pop Justin Bieber, entre tantos, pueden dar fe de que ante los muchachos uniformados no pudieron hacer el 4 decorosamente. 

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Acá a la vuelta, la jactancia del borracho vernáculo es conocerse todos los caminos alternativos para escaparle a los puestos fijos. El "conductor designado" la parece una mariconada del primer mundo y tomarse un taxi para no manejar es propio de "flojitos". 

Paradoja, vivir en una provincia vitivinícola, rodeados de bodegas y con constantes propuestas de catas, todavía no nos ha enseñado a disfrutar de un buen vino sin que esa fiesta de los sentidos muchas veces termine en una tragedia vial. 

Ajustar las leyes para ponerlas en sintonía con los cambios que produce una sociedad es necesario. Vale dar el debate y contar con normas acordes con estos tiempos, pero si no empezamos por lo básico -no manejar si se tomó de más- difícilmente sean todo lo efectivas que esperamos que sean.  

Opiniones (3)
16 de diciembre de 2017 | 20:38
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16 de diciembre de 2017 | 20:38
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  1. en un todo de acuerdo estimado. Fuera de las fronteras, el primer mundo nos ensela, aunque nos duela, como te debes conducir respecto del tránsito, así seas un simple peatón. Dificil es ver en inglaterra alguien cruzando la calle si el semáforo está en rojo.., aunque no venga nadie.. La reprobación viene de los mismos peatones.... E igual ocurre con los conductores de vehículos.., están acostumbrados a cumplir, no a cancherear, algo tan propio e inigualable de los argentos.., eso que nos hace tan únicos, tan piolas.., tan pelotudos
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  2. Tuve que hacer el curso de seguridad vial online (por mi edad y para renovar la lic de conducir).He conducido durante medio siglo -afortunadamente nunca tuve un solo incidente. Pero lo que aprendí en el curso es impagable. A quien quiera y tenga ganas, hágalo, no se va a arrepentir. Muy ameno, ilustrativo y didáctico.
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  3. Por fin alguien que no quiere cambiar la ley sino cumplir la que hay. Aquí lo único que importa es la multa, es solo recaudatorio.
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