opinión

Trump y Francisco: tan diferentes, tan parecidos

Trump y Francisco: tan diferentes, tan parecidos

 A diferencia del 99 por ciento de la percepción de la prensa argentina que vio a un Jorge Bergoglio duro y malagestado frente al presidente de EEUU, Donald Trump, el del Vaticano fue un encuentro entre dos personas más parecidas que diferentes. La contradicción entre ambos, en todo caso, coincide en que sus costados populistas chocan en un hecho puntual: uno usa la idea de construir un muro y el otro, de derribarlo. Pero en definitiva uno y otro agitan posiciones que parecen insalvables con el mismo objetivo: el inmediato aplauso de los suyos, la contención interna de quienes sostienen sus realidades y, en cierto modo, su sobrevivencia política en un ambiente adverso.

Los dos son producto de la emergencia de sus contextos. Trump es un emergente de la crisis de la clase media estadounidense y una vuelta rápida del péndulo hacia un extremo en una sociedad cuyos dirigentes creyeron que había llegado al otro y buscaron revertirlo. Un outsider de la política que llegó desde atrás para sostener -irónicamente- al propio sistema político que aunque los demócratas  estadounidenses se disfrazaban de izquierdistas, trabajaban para Wall Street.

Bergoglio fue papa Francisco recién cuando se hizo insostenible, inclusive, la continuidad de la Iglesia Católica, acosada en superficie por escándalos de abusos a niños y personas indefensas y el anterior pontífice, una eminencia de la Teología, Benedicto XVI, Josep Ratzinger, se vio obligado a dar un costado. El Vaticano dejó de reclutar religiosos y sus fieles se les escapaban de entre las manos tras dos mil años de contar con ellos a puño cerrado. Pero subterráneamente, el pequeño Estado romano sufría un quiebre de sus recursos y su propia banca resultaba una de las mayores oportunidades de lavado de dinero manchado con sangre en el mundo. Hizo falta un "hombre del fin del mundo" para sumar carisma y contener. Un outsider de la Curia Romana, odiado al extremo de sufrir "zancadillas de gestión" a cada paso. Pero se tuvo que ir a vivir fuera de los palacios pontificios para sobrevivir. Y esto último no es metáfora.

Los dos libran importantes batallas, pero creen ser la "última oportunidad" para los suyos y eso los convierte en líderes simples, sin complejidades a la vista y con un gran poder de su lado. Los dos dicen ser "el pueblo" y actúan por mandato más directo que por negociación política.

Allí están ambos. Más parecidos que diferentes. Y sus gestos exagerados lo confirman.

Opiniones (2)
19 de noviembre de 2017 | 08:11
3
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19 de noviembre de 2017 | 08:11
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  1. Conte y Magneto tan diferentes y tan parecidos.
    2
  2. Qué lastima que los periodistas que defienden la libertad de expresión no publiquen los comentarios. Con respeto expreso que personalmente considero que Conte debería dedicarse a otra cosa. Espero que al menos él lea mi comentario...
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