En foco

La justicia, la prensa y la fábula triste del perro y el "indigente"

La pulsión el aplauso instantáneo mina la posibilidad de llegar a la verdad. Pero hace falta más transparencia concreta que gestos simpáticos.

La justicia, la prensa y la fábula triste del perro y el indigente

Comentá esta nota con tus amigos subiéndola a tu red social

La justicia tiene al menos dos formas de actuar ante la opinión pública: satisfaciendo con sus fallos, su accionar, sus procesos y sus gestos a las hordas o conformando a la ciudadanía. En el primero de los casos, la difusión anticipada y en forma solapada de información, o bien el encuadramiento de sus investigaciones en forma erróneamente consustanciadas en el clamor popular, resultan de una herencia populista histórica, exacerbada en algunas épocas. Inclusive, esa actitud tal vez les sirva para tapar con los aplausos recibidos errores cometidos: una distracción. En el segundo de los casos, estaría conservando una distancia prudente de la pulsión permanente por el reconocimiento público que marca a este tiempo; ese un gesto individual de diferenciarse de "los otros", los no probos, en todo caso, ante la imposibilidad de aportar al cambio institucional con su grano de arena en medio del reclamo por acceder o entender a la justicia.

En esto, puede haber más de dos posibilidades, por cierto. La tentación maniquea está siempre al alcance de los análisis, inclusive cuando se pretende desbancar su omnipresencia constante en la Argentina en cualquier tema que sea abordado. Pero lo importante de esto es definir qué se espera de los poderes del Estado y, en particular, del Judicial. Sin dudas que la respuesta es "que haya justicia". Pero de inmediato aparece en el camino qué interpretación de "justicia" hay a nivel masivo. De allí que siempre esté presente la tentación de ceder al reclamo de instantaneidad judicial, el linchamiento o el juicio sumarísimo que ante casos estridentes se multiplica en la sociedad con los medios de comunicación como propaladores de esas voces.

Aquí aparece inquietante paralelo de los magistrados: nosotros, los periodistas. No somos jueces bajo ningún motivo, pero sí podemos ser fiscales de la realidad. Tenemos el mismo problema: aceptar la acusación contra alguien como suficiente para condenar o bien, aguardar la conclusión de los procesos judiciales que implican considerar acusaciones y defensas. Para que este último caso, el esperable, hay que aguardar que se conjuguen varias cuestiones que resultan clave: que se cumplan los pasos legales plenamente, que todas las partes actúen seriamente, que no haya contratiempos y, con esto, que el fallo final (tranquilizador o no) de la justicia no se demore sin necesidad o por acción de algún interés en que eso suceda.

Derecho uncuyo

De la tensión existente entre estos dos parientes que alberga esta gran familia que es la sociedad (con todos los inconvenientes que pueden surgir en un gran encuentro familiar) hablamos en un amistoso debate que se realizó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo (UNCuyo) con el ministro de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza Alejandro Pérez Hualde. Fue el cierre del marco del curso de Razonamiento y Decisión Judicial, organizado por el Área de Ciencia y Técnica, que conduce Carlos Diego Martínez Cinca, con la moderación de Diego Lavado y el aval y presencia del decano, Ismael Farrando y la secretaria de Extensión, Sandra Casabene.

Debate

Surgió allí el acicate importante -entre muchos otros casos concretos- con el que pudo abordarse la fruición por la respuesta instantánea no solo del lado del periodismo, sino también del costado judicial: la rapidez con que algunos van presos y se lo exhibe a la prensa como un presunto "éxito" del sistema jurídico mendocino, y el desfasaje existente con casos que no consiguen quiénes los movilicen socialmente y condena a los expedientes a quedarse debajo de la pila. Se trata de la comparación ("triste", "inoportuna", "alevosa" o "exagerada" para algunos) entre los casos de un perro agredido y el de una persona "sin techo" a la que le prendieron fuego. Fue planteado en MDZ como una provocación al debate, cuando se sostuvo que "si el indigente al que le prendieron fuego fuera un perro, ya habría una marcha y justicia". Cuando se ataca a un perro, se le han suministrado hasta abogados, se han realizado marchas en su defensa y el Poder Judicial se ha sentido empujado a resolver rápidamente. Cuando se trató de Jesús Contreras, el hombre que vive en las calles de Mendoza y que fue prendido fuego en calle Las Heras, poco y nada. Inclusive, la justicia lo secuestró en su laberinto burocrático, al caratular su expediente por la consecuencia palpable del hecho ("lesiones leves") y teniendo en cuenta la potencialidad del acto criminal ("tentativa de homicidio") como sí lo hace, por ejemplo, cuando se aplica la legislación teniendo en cuenta los reclamos de género: el sólo hecho de decir "te voy a matar" ya implica la posible intención de hacerlo y merece todo el peso de la ley, inclusive la privación inmediata de la libertad.

No resolvimos nada en un solo encuentro para el debate un sábado por la mañana, pero sí pudimos -ante un auditorio rebosado de operadores judiciales- poner las armas sobre la mesa, reconocer los errores de periodistas y miembros de la "familia judicial" (jueces, fiscales, empleados, abogados). Pero quedó en claro que el objetivo de unos y otros también los emparenta: es acercarse lo más posible a la verdad, a los hechos reales. Y ambos -periodistas y magistrados- tenemos una enorme responsabilidad cuando privan de la libertad o privamos del honor a las personas involucradas en hecho de interés público.

Como tarea pendiente queda la desclasificación de la información que no debiera estar oculta. Todos seremos más claros y atinados cuando los datos estén a la vista, sin protección preventiva en función de intereses particulares y con libre acceso a todo el mundo. Para ello, también hay que derribar los muros lingüísticos: el Poder Judicial y sus integrantes propios y satelitales, tienen sus dialectos que los mantiene dentro de un círculo de pertenencia y privilegio al que el resto de los mortales no pueden acceder, salvo cuando terminan siendo sus "presas". La idea de ser víctimas, todos, del sistema judicial es contraria a la del derecho a la justicia, pero ese espacio de confort creado por los operadores del sistema los transforma en algo muy parecido a una "amenaza" más que una "solución". De allí, probablemente que, cada tanto, quieran abrirse al aplauso del público para luego volver al interior de su ostra a cultivarse cual perla inaccesible.

La justicia es otra cosa. No la hacemos los medios y queremos que esté en manos del poder correspondiente, pero corriendo los velos para que entre la luz. La apertura de datos y la accesibilidad a todos ellos es fundamental y puede ser el principal camino para que nos encontremos todos, cara a cara, y con la única "amenaza" en nuestra contra de que nos están viendo cómo, cuánto, cuándo trabajamos con qué temas, de qué manera y bajo qué premisas.

Esconderse para ofrecer placebos informativos con cuentagotas es un engañapichanga viejo y perimido. Y además, no solo no acerca "a la justicia con la gente" -ese tan remanido objetivo enunciado en tantas conferencias- sino que tampoco demuestra que haya una "justicia justa" para todos y no de acuerdo a la cara del cliente (o a su poderío, sea este el lobby o el carisma social capaz de conseguir).

Comentá esta nota con tus amigos subiéndola a tu red social

En Imágenes
Grammy Latinos 2017
18 de Noviembre de 2017
Grammy Latinos 2017
Lluvias torrenciales en Grecia
16 de Noviembre de 2017
Lluvias torrenciales en Grecia