opinión

Fanatismo: el fundamentalismo de los ideales

Cuando una persona ha construido su identidad, se convierte en alguien seguro de sí mismo y no precisa idealizar nada ni nadie.

Fanatismo: el fundamentalismo de los ideales

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook


En la primera infancia, la idealización de aquellas personas que dieron sustento vital para la supervivencia, es un hecho universal. Pero conforme avanza el crecimiento, sanamente se va dando paso a la individuación, como una manera natural y sana de construir independencia gradual y progresiva. Los padres comienzan a humanizarse a los ojos del adolescente, empiezan a "mostrar fallas" y se critican sus acciones. Pero las idealizaciones siguen otro rumbo, para pasar a admirar y ser admirados por sus pares. Se idealizan también deportistas, cantantes, actores o intelectuales. Este es el camino aun natural, para luego dar otro paso en el crecimiento y solo dejar circunscripta la idealización, a los breves meses que dura el enamoramiento.

Por lo general, cuando una persona ha construido su identidad, se convierte en alguien seguro de sí mismo y no precisa idealizar nada ni nadie. Pero hay quienes no renuncian a la idea de perpetuar tamaña idea de exaltar cuanto aspecto podamos pensar. Desde astros futbolistas endiosados, pasando por cantantes impunes de todo lado errático, hasta genios millonarios envueltos en halos de perfección sin detalles, ideas políticas acérrimas o creencias religiosas llevadas a su máxima expresión. El problema no queda o se sostiene solo en ese escalón de idealización máxima. El verdadero problema comienza en la escalada a niveles superiores de alabanza, cuando se salta al próximo estándar que sería la obsesión. Una suerte de ideal rígido y adherido pegajosamente a uno o varios aspectos, sin posibilidad de romper con ese argumento. De allí al fanatismo hay un solo paso. Un status que compromete la conducta completa de la persona, al punto de sentirse orgulloso de exponerse en extremo. Esto es fácilmente visible en los "barras bravas" de algunas hinchadas de fútbol, la adoración de un cantante, los fundamentalistas y cuanta actividad humana se le construya un altar para adorar y rendir honores a cualquier precio. El fanatismo es exclusivo de la especie humana y siempre ha estado presente, incluso antes que aparecieran las religiones. Se trata de una actitud o actividad que se manifiesta con pasión exagerada, desmedida y tenaz defensa de una idea, teoría, cultura o estilo de vida. Hacia una causa religiosa o política, un deporte, pasatiempo o hobby, o hacia una persona a quien se idolatra.

En el cerebro del fanático la dopamina juega un papel importante. Las neuronas que manejan la dopamina están muy relacionadas con las emociones que se experimentan cuando el organismo obtiene placer con alguna acción, lo cual podría jugar un importante papel en los procesos cerebrales que conducen a los comportamientos de los fanáticos, independientemente de la forma en que se expresen. Una de las zonas del sistema nervioso en las que más dopamina se produce es la llamada "sustancia negra", que está situada en el cerebro medio y tiene como una de sus principales funciones el aprendizaje. La repetición de las recompensas acaba por crear una señal permanente en los circuitos cerebrales, que invita a los individuos que viven tales satisfacciones a buscarlas de nuevo.

Mientras las personas no fanáticas tienen ideas, los fanáticos tienen creencias rígidas, que son funciones adaptativas para lograr certidumbre y seguridad. Desde esta perspectiva elevada al extremo en su mirada, el problema radica sustancialmente en la perfección atribuida a lo que admira. En estas instancias ya desbordadas de idealización, el fanatismo sobrepasa los niveles sanos de admiración. Y confiere un acercamiento patológico, enfermizo y grotesco al no poder mirar los costados naturalmente fallidos. Quizás el último escalón de este tipo de escalera fanática sería el pensamiento fundamentalista.

En el pensamiento fanático existe una sobrevaloración afectiva de las creencias, vividas con una intensidad tan alta que puede llevar a conductas violentas si se los contradice. Según explican los expertos, el fanático no es un enfermo psiquiátrico que padezca un trastorno cerebral de origen biológico, como esquizofrenia o psicopatías. Sino que se trata de aquellas personas con un trasfondo psicológico basado en errores en el procesamiento de la información, conocida como "distorsiones cognitivas". Tener pensamientos distorsionados es común, pero muchas veces no lo notamos. Solemos no cuestionar la veracidad de algunos pensamientos, considerándolos como verdad absoluta, sin recordar que es sólo un punto de vista. Muchas veces parados en este extremo, se tiende a agrandar y exagerar las cualidades de alguien o algo, perdiendo objetividad, realismo y polarizando pensamientos, emociones y acciones, donde la manifestación más grave lleva al fanatismo. La pregunta que surge es si se puede reprogramar la mente de estas personas. Algunos autores sostienen que resulta difícil pero no imposible. Se torna necesario trabajar en aprendizajes alternativos ya que el cerebro tiene cierta dosis de plasticidad.

Sentir pasión es positivo e incluso saludable, hasta que se convierte en una obsesión descontrolada llegando al fanatismo patológico de lo inalcanzable y sobreestimado. Requiriendo dosis cada vez mayores, en una adhesión cada vez más extrema, para conseguir el mismo efecto, como en los procesos adictivos. Lo sano estaría del lado de la admiración, el respeto, la identificación con valores, principios y conductas del modelo a imitar.

Repasemos: admirar, apreciar, estimar, valorar y hasta idealizar serían atributos o cualidades positivas que se pueden conceder a personas, grupos, instituciones u organizaciones dignas de tales características. Idolatrar, adorar, venerar, glorificar o divinizar, estarían apartadas para atribuirlas a las religiones que se profesen. Sin embargo, el fanatismo acérrimo, la idealización extrema, el fundamentalismo irracional aplicado tanto a las religiones como a cualquier aspecto de la vida, pasan a ser elementos peligrosos, ante los cuales se justifica cualquier conducta "en pos de esos ideales" superlativamente instaurados.

Muchas veces somos parte de la masa crítica que enjuicia los errores de instituciones, personalidades, organizaciones o lo que fuere. Sin embargo, quizás la sola posibilidad de encontrar errores, de ser críticos, es justamente lo que nos salva de la exagerada valoración de lo que se aprecia. Poder ver ambas partes en el mismo todo que contiene lo bueno y lo malo, es un verdadero método de solución que nos mantiene ecuánimes y protegidos de seguir con los pies en la tierra a la hora de mirar el resto.

Por lo que atribuirles características propias de dioses o "magia" a seres humanos, es en sí mismo una contradicción, y en última instancia, un error fatal. Es vestirlo de aspectos que no son reales. Es negarle su genética errática, su carácter fallido y su natural incoherencia. Pero en el fanatismo, esos aspectos se borran y se asemeja a un ser perfecto e incólume. Quizás el ejercicio sea, tanto para nosotros como en la enseñanza de nuestros menores, desarrollar la capacidad crítica, la mirada aguda, el discernimiento fino y la discriminación de aspectos. Herramientas que bajan a la tierra al más ideal de los seres. Que lo humaniza hasta sentirlo un par más de todos. Con sus aciertos y sus equivocaciones. Sus virtudes y sus defectos. Sus logros y sus fracasos. Como diría Nietzsche, "Humano, demasiado humano" 

Opiniones (5)
22 de enero de 2018 | 00:22
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22 de enero de 2018 | 00:22
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  1. El payaso con su careta es un buen ejemplo. Una cosa representa y otra es. Cuando se habla del Ser (la realidad que somos independientemente del pensamiento) no se refiere a decir para llegar a ser (careta, donde se necesita un pensamiento). Una cosa es llegar a ser lo que se piensa que es el Ego (careta) y otro tema es darse cuenta de lo que éramos y somos aun desde cuando no pensábamos( lo que realmente somos) Una cosa es no saber o saber lo que el Ego quiere ser ( que es un pensamiento que no estuvo, esta y no estará) y otra cosa es saber que lo que somos realmente que siempre estuvo, Es y estará
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  2. Para llegar a ser, debes pensar quién ser, por lo que necesitas del pensamiento para lograr lo primero.- Caso contrario, tu albedrío estaría contenido entre anteojeras psicológicas autoimpuestas y definitivamente sería a cada momento un "ser" distinto. Lo que éstos llaman fanático.- En realidad, el fanático es aquel al que alguien inteligente le anuló la capacidad de razonar por sus propios medios y lo limitó a sus deseos y necesidades como líder y así, lo hace hacer y decir lo que quiere el líder. El problema del albedrío, es que es tan amplio como tu capacidad de razonar, y las variables se multiplican exponencialmente si no sabes, quien quieres ser. Ej.: Puedes pretender "ser un investigador", y te limitarás en tu vocabulario, en tu conducta, en tu ser a ese título de catálogo; o puedes ser "ese el que se hace el loco", y el 99% de tiempo te comportas como las normas sociales lo establecen, pero cuando te conviene, sacas el loco afuera, y logras lo que el otro, no podría haber logrado.- Básicamente, en el mundo en que vivimos hoy, se debe sobrevivir, te pongan el título que quieran. Que no te importe, mientras logres lo que pretendías.- La teoría de los dos demonios, o aprender a "ser" como enseña "El Príncipe", dependen de tu pensamiento y al resultado al que quieras llegar, con tu ser.-
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  3. El pensamiento es una irrealidad. Solo el Ser da la plenitud!!!
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  4. Muy interesante la nota Comparto el comentario de brugevo. Clarisimo.
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  5. Muy buena nota, debería ser leída por muchos que evidentemente van a negar su condición como nuestro querido amigo a quién no le importan nuestros comentarios "macmacmac", que como su nick bien lo representa solo repite y repite. Habría que agregar además, y perdón por mi interpretación meramente política, que el fanático necesita imperiosamente de alguien a quién enfrentar, justamente porque eso enaltece su necesidad de defender lo fanatizado. Es por eso que muchos fanáticos K necesitan encolumnar a todos lo que no piensen como ellos tras un solo enemigo, que en este caso sería Macri. No aceptarán nunca la idea de que uno no esté con Cristina ni con Macri, o estás conmigo o con mi enemigo. Si estás conmigo has lo que te digo, si no estás conmigo eres mi enemigo a quien voy a insultar y denigrar hasta el hartazgo. De manual.
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