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Detalles cotidianos: cuando menos es más

Pasado un tiempo, caemos en la cuenta que ese "brebaje de la felicidad" no se sostiene en el tiempo, sino que se escapa entre los dedos de las manos.

Detalles cotidianos: cuando menos es más

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook

Quizás sea una pregunta retórica cuestionarnos acerca del hallazgo certero de aquello que concede la felicidad. Dónde se esconde el disfrute de la vida o incluso, cómo lograr un bienestar perdurable. Las respuestas no tardan en agolparse en una diversidad interminable de variables que sólo confunden yendo de un extremo al otro. Desde recetas magistrales, a consejos ancestrales. De la ciencia, a los misterios. Una interminable lista de aparentes hechos concluyentes que derivarían, invariablemente, en la más profunda y gustosa calma, regocijo y un estado casi digno del nirvana.

Pero pasado un tiempo, caemos en la cuenta que ese "brebaje de la felicidad" no se sostiene en el tiempo, sino que se escapa entre los dedos de las manos. Quedando nuevamente el gusto amargo de aquello que no se logra, de las frustraciones gratuitas, de las crisis inevitables, de las penas no bienvenidas. Sin ser tan extremistas, basta caer en el aburrimiento cotidiano, la rutina circular, el trabajo repetitivo, el tedio incomprensible o el hartazgo razonable. Hechos que hablan del sabor insípido que el día a día se encarga de brindar a repetición, de manera caprichosa. Sin embargo, se cree que existe un antídoto externo contra esos "males", probando cuanta fórmula mágica que venda el mercado para tapar tremendo vacío.

Se buscan grandes respuestas, un descubrimiento magnífico o un hecho místico que al fin traiga luz ante tantas tinieblas. Lo paradójico se describe en una frase: "menos es más". En lugar de ir a lo grande, ir a lo pequeño. En lugar de ir hacia afuera, ir adentro. Se tiende a descartar lo obvio (mientras está a la vista) buscamos el escondite. Se desconfía de lo sencillo. He aquí donde radica el trabajo diario de mirar finamente lo pequeño de tamaño pero grande en sensaciones.

El gran obstáculo para alcanzar momentos de felicidad, es no percibir los aspectos extraordinarios subyacentes de cada situación. Así como el mar está compuesto por millones de pequeñas gotas, los grandes momentos están compuestos por la suma de pequeños, pero trascendentes detalles. La verdadera riqueza de la vida se aprecia cuando se logran identificar esos detalles que hacen a los momentos únicos e irrepetibles.

Detalle es un término que se utiliza para nombrar las particularidades o circunstancias de alguna cosa específica. También puede utilizarse para nombrar aquello que se realiza con exhaustividad o minuciosidad. Una mirada detallada se orienta a los pormenores de algo. Muchas veces escuchamos que "son los detalles los que enamoran". Esos detalles que le puedo regalar a alguien, sin ser un día especial, siendo los forjadores de las grandes relaciones; no estamos hablando de algo material, sino en los detalles simples del día a día, aquellos a través de los cuales se conoce la calidad, educación y valores de las personas.

Tanto en el ámbito social como individual se presentan situaciones que reclaman nuestra atención, pero no las oímos, ni vemos, ni percibimos; excepto aquello que nos emociona. En un estudio realizado en el Reino Unido, se investigó cómo la atención se ve afectada por la emoción; tal es así que se presta más atención a los detalles considerados particularmente intensos, lo cual influye también sobre los aspectos a recordar de determinados eventos vividos, mostrando problemas para recordar la información de baja prioridad. Frente a un mismo hecho cada persona puede percibir distintos detalles, o incluso la misma persona ante un mismo hecho, pero en otro momento, puede arribar a diferentes conclusiones, dependiendo de los detalles que atienda. Así, cada fenómeno o acontecimiento, se va recortando y pegando de modo tal que el significado representado se convierte en algo único y particular en cada ocasión.

A pesar de estar todo el tiempo construyendo en base a los detalles, no hay conciencia de ello y numerosas situaciones se enmarcan en un todo naturalizado y objetivado. Se atribuyen características repetitivas o constantes, que impiden ver la naturaleza esencial y contextual de cada momento, asumiéndolo como obvio y normal. Se concluye que todo está en un sistema integrado sin llegar a la cuenta que cada cual es parte constructiva de lo que le pasa. A veces la rutina impregna toda la subjetividad y el propio ensimismamiento en alcanzar los logros y resultados objetivados, nublan la percepción. Es saludable desconectarse en algún momento cada día, recuperar espacios de introspección y relajarse, en esos espacios de tiempo es cuando se dispara la creatividad y aparecen los detalles relevantes del momento. Si se admite que la vida cotidiana está hecha de pequeños elementos llamados detalles, debemos otorgarles la atención suficiente. Vivir pesando en resultados, hace que se pierda de vista el recorrido y el valor de cada instancia en tránsito. Pues el verdadero disfrute, como suele decirse, está en el camino y no tanto en la llegada.

La vida se compone de la sumatoria de hechos de tamaño pequeño, que se reeditan cada veinticuatro horas, volviendo a comenzar con cada nuevo día. La posibilidad de enfocar, resaltar, enaltecer y quedarse en los detalles, sería un punto de inflexión de posible solución para la incógnita planteada. Dejar de buscar lo grandilocuente y aprender a mirar con otros ojos los detalles de la vida cotidiana; aquello considerado erróneamente como insignificante, trivial, "la cosa sencilla", lo de todos los días. Aprender a dimensionar aquello que pasa por delante de las narices sin siquiera percatarlo. Despertar en la mañana con la dicha de sentirse vivo, disfrutar un desayuno revitalizante, agradecer poder salir a trabajar, disfrutar del almuerzo o la cena en familia, compartir con diálogos de encuentro la rutina de llevar y traer los hijos de sus actividades, interiorizarse sobre cómo se siente quien está a mi lado, conversar con compañeros riendo de chistes absurdos, escuchar música estimulante, respetar la naturaleza, realizar un baño relajante, apreciar una sonrisa cómplice, un beso sentido, un abrazo estimulante, una palabra de aliento emitida o recibida a tiempo. Todo termina y vuelve a comenzar cada día. De la sumatoria de estos pequeños detalles es que está hecha la existencia, y al prestar atención a ellos es que se puede sentir que la vida entera cobra otro sentido. Apreciar los detalles en cada día, es vivir con pasión por lo sencillo, es otorgar grandes significados a cosas pequeñas y descubrir allí, enormes placeres; esos, que son posibles de cosechar todos los días

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18 de diciembre de 2017 | 01:09
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