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Dos por uno: Rosatti fue ministro de Kirchner, pero "Macri gato"

El tema es demasiado serio para ser abordado desde la irresponsabilidad. Uno de los firmantes del "2 por 1" fue "amigo de Néstor y Cristina Kirchner". Pero las acusaciones van en contra del presidente Macri.

Dos por uno: Rosatti fue ministro de Kirchner, pero Macri gato

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La repudiable decisión de la Corte Suprema de Justicia mediante el voto por mayoría de sus miembros a través del cual se permite aplicar el beneficio llamado "dos por uno" a personas que cometieron delitos por lesa humanidad, representa un retroceso y anota una derrota para los verdaderos demócratas, en un país que había adoptado como canon nacional el "Nunca más" que pronunció ante el histórico juicio a las Juntas Militares el exfiscal Julio César Strassera.

Pero no solo genera ruido en el funcionamiento del sistema democrático. Además alimenta sospechosamente la hipocresía con la de aquellos que asumen posiciones de acuerdo a la moda del momento, les importa poco la estabilidad democrárica si no son ellos los que conducen los hilos del país y practican la construcción de posverdades en su beneficio, como es el caso de la expresidente Cristina Fernandez de Kirchner. Su orillera participación tuitera en la discusión de un tema tan grave denota que esa decisión de la Corte representa, al menos para ella, una oportunidad para hacer partidismo y hasta se anima a decir que acortó su agenda en Europa porque el país "la necesita aquí".

La decisión de la Corte es horrible y repudiable, pero no nos devuelve al pasado automáticamente. Lo ha determinado un poder de la República y están vigentes las instancias normales revertirla, que no pasan por el declaracionismo o la convocatoria al caos, sino lo que indica la Constitución. Repasando lo que sucedió en la semana que terminó, la mayoría del alto tribunal, constituida por los ministros Highton, Rosenkrantz y Rosatti, declaró aplicable la ley 24.390 (conocida como "Dos por uno"), que estuvo vigente entre los años 1994 y 2001, hoy derogada, que reduce el cómputo de la prisión, porque se trata de la ley más benigna. En disidencia, votaron los jueces Lorenzetti y Maqueda, quienes señalaron que esa reducción no es aplicable a los delitos de lesa humanidad.

Frente a esto, confundiendo su rol con el del actual presidente ante el funcionamiento de los poderes del Estado, Cristina Kirchner culpó al Ejecutivo por la decisión del Judicial. Pero no hace nada con sus acólitos desde el Legislativo para repararlo. Su eco consecuente y sistemático en las redes repite consignas como "Macri gato", "Macri dictadura" o "Panamápéipers", sin profundidad ni consistencia: les importa un comino la decisión de la Corte, sino que les viene bien para asomar la cabeza la escasa oportunidad que la Justicia no habla de alguna nueva causa contra ellos.

Esta aparición de la expresidenta, lejos de aportar a un debate de altura, genera espuma propagandística, una vez más. Como lo dijo Graciela Fernandez Meijide, esto delata que era ella quien conducía a la Corte en sus tiempos de presidenta, el más largo que un partido haya tenido en la historia y en el que menos se hizo por cambiar la corrupción en cualquier ámbito, incluido el judicial.

Rosatti kirchner

Pero además, la hipocresía imperante que todo lo vuelve tema del maniqueísmo de campaña, permite que pocos anoten que si bien uno de los firmantes del fallo de la Corte, Horacio Rosatti, fue nombrado en el máximo tribunal por sugerencia de Macri, antes que todo fue intendente peronista de Santa Fe, fue Procurador General del Tesoro y ejerció nada menos que la titularidad del Ministerio de Seguridad, Justicia y Derechos Humanos con Néstor Kirchner. En síntesis, al hombre de Kirchner que hoy repudian por su apoyo a una medida que afecta el proceso de esclarecimiento de los crímenes de la dictadura, se lo endilgan a Macri.

Rosatti asumió en esa área cuando el expresidente tuvo que elegir entre el espía Jaime Stiuso y la vieja "promesa" de la política argentina, Gustavo Beliz. Él era el ministro hasta que violó la ley mostrando en TV una foto del espía. Kirchner optó por el espía. Beliz se tuvo que ir del país. 

Rosatti estuvo al alcance de la mano de Néstor Kirchner para convalidar la continuidad de Stiuso en el aparato de espionaje y extorsión, y se quedó con el sillón de ministro. La prensa de aquellos días decía que Rosatti era "hombre de estrecha amistad con el presidente Nestor Kirchner y su esposa". 

En su voto, que conforma con sus fundamentos la mayoría, el ahora juez Rosatti expuso el dilema moral que plantea en el juzgador la aplicación de un criterio de benignidad a condenados por delitos de lesa humanidad, para concluir que este dilema debe ser resuelto con la estricta aplicación de la Constitución y las leyes. Afirmó que si el legislador no previó un régimen diferenciado que excluyera la aplicación de la ley penal más benigna a los delitos de lesa humanidad no lo puede hacer ahora el juez, pues de otro modo éste se convertiría en aquel, violentándose el principio constitucional de división de poderes.

Agregó el magistrado que tal conclusión no supone desconocer que los delitos de lesa humanidad expresan el estadio más degradado en que ha caído la naturaleza humana, y tampoco conlleva ignorar que el régimen durante el cual se perpetraron los ilícitos probados en la causa descendió a niveles de inhumanidad nunca vistos en nuestro país desde la sanción de la Constitución Nacional, tal como lo describiera en sus votos en las casos "Villamil" y "Alespeiti", de marzo y abril pasados.

Pero un Estado de Derecho, agregó el juez Rosatti, no es aquel que combate a la barbarie apartándose del ordenamiento jurídico sino respetando los derechos y garantías que han sido establecidos para todos, aun para los condenados por delitos aberrantes. La humanidad contra la cual fueron cometidos estos crímenes exige del Estado de Derecho la necesaria imparcialidad en la aplicación de las leyes referidas a su juzgamiento, pues de lo contrario se correría el riesgo de recorrer el mismo camino de declive moral que se transitó en el pasado. En su argumentación no hay más que conceptos repetidos como loros por los integrantes de la agrupación judicial kirchnerista Justicia Legítima.

Es tan bajo el rol que está cumpliendo la expresidenta, y tan hipócrita el tono asumido, cuando ni siquiera quiso traspasar el mando al presidente electo por el pueblo que lo único que le falta tuitear es adjudicarle a Rosatti responsabilidad ninguna en el fallo, como diciendo "para que me invitan a la Corte si saben cómo me pongo".

Está más que claro aunque no para todos, que después de tantos años de vivir sumidos en la propaganda, nuevamente cuesta conseguir que se hable con la verdad en todos los casos y no someterse a una competencia de mentiras, para que gane la mejor diseñada. 

Allí es donde la sociedad tiene que pasar a ejercer un rol de ciudadanía y abandonar el de clientela definitivamente.

El macrismo tiene sus culpas y sus logros. En todo caso, es víctima de su extrema ingenuidad de querer cambiar todo esto qué pasó con el kirchnerismo manejando resortes de poder. Dejó adentro a sus dirigentes en vasos comunicantes y eso lo condiciona en numerosas acciones. Pero nadie puede alegar en su defensa su propia torpeza: ya les pasó con el cuadro tarifario del gas, en cuyo ente regulador dejaron a una figura determinante de La Cámpora, o en Desarrollos Social, en donde el paradigma del empleo es combatido desde adentro a diario con el de "prebendas o piquetes". Pasa en la Anses de Mendoza en donde reincorporaron a los que habían echado y manejan detrás de escena todo. O los marcó con fuerza cuando Juan José Gómez Centurión -sin ninguna ingenuidad- enarboló un negacionismo del terrorismo de Estado inédito en la función pública.

En definitiva, hay todo un debate que dar y hay más argumentos serios que superficiales. La política y el país gana con lo primero, pero se sumerge en una espiral hacia la nada si opta por la argumentación oportunista para pretender sacar tajada rasgando las vestimentas de la República.


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