opinión

Mandatos Familiares: la vida guionada

En cada familia hay una expectativa reservada para cada uno de sus miembros. Cuando alguien nace ocupa un lugar, como si fuera una pieza de un rompecabezas.

Mandatos Familiares: la vida guionada

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook

La familia es considerada la célula nuclear de la sociedad. En ella existen reglas, códigos, sistemas de creencias y significados. Tanto como escalas de valores, diferentes funciones, figuras referentes, relaciones y vínculos de distinto tipo. Es la base de un modelo relacional donde los miembros, por oposición o por similitud, se identifican al momento de crear otras relaciones: laborales, amistosas, pareja y hasta la construcción de una nueva familia. Siempre teniendo a la familia de origen, como matriz de intercambio.

En cada familia hay una expectativa reservada para cada uno de sus miembros. Cuando alguien nace ocupa un lugar, como si fuera una pieza de un rompecabezas, en el que cada rol está en función y en relación con el resto. Las creencias más significativas y determinantes se adquieren en la infancia, cuando este entretejido de "mandatos familiares" se acepta sin mayores cuestionamientos. Durante esta etapa del ciclo vital es positivo que los padres marquen con claridad lo que esperan del comportamiento de sus hijos, inculcando valores, criterios, comportamientos deseados y límites. Creando así el escenario propicio para que, con ese repertorio aprendido, comiencen a elegir según la expresión de sus gustos y manifestaciones de sus pensamientos. Todo ello conforma el camino necesario para despertar a una independización progresiva y gradual, que finaliza en los albores de la vida adulta, momento en que esas bases no tienen que seguir siendo sostenidas o conservadas, incluso hasta pueden llegar a cuestionarlas secretamente. Ese es el camino natural, para abandonar el barco familiar original y construir la propia embarcación con la que navegarán nuevos mares, oportunamente con nuevos tripulantes, que formaran su nueva familia nuclear. Pero desde un lugar original, auténtico y no repetitivo.

Hay una tendencia a dejarse llevar por la inercia de lo que se vio en la casa natal y lo que los familiares han trasmitido en relación a todos los órdenes de la vida. Se cuelan tras bambalinas, algunas sentencias silenciosas de ciertos patrones de conductas, tal como se desarrollaban en la película de la familia original. El argumento de esta película está guionado con una red de mensajes, transmitidos a través de distintas generaciones, adquiriendo fuerza de ley cuando son comunicados en forma directa, verbal o no verbal, de padres a hijos; en cuya construcción intervienen pensamientos, emociones e imágenes que suelen limitar de este modo la libre expresión. Uno se encuentra, en la familia actual, repitiendo esta fuerza intergeneracional, construyendo nuevas jaulas, potenciando y particularizando creencias, exigencias y expectativas. Ahí es donde está actuando el argumento que lleva a transitar siempre por los mismos caminos, en aparente diferencia pero igual al anterior, obedeciendo y perpetuando como autómatas lo que dictan estos mandatos hereditarios.

Se escucha hablar de los mandatos familiares que, con todas sus variantes, indican una suerte de surco, camino, legado o destino que hay que seguir. En las familias existen ciertos patrones, estilos o expectativas, que funcionan como líneas directrices o guías que, ya sea de manera explícita o implícita, delinean los pasos a seguir en la vida. Como toda guía ayuda a dar estructura, pero a la vez limita cuando impone formas rígidas y predeterminadas. Desde la elección de una carrera universitaria, el status social, la repetición de conductas prototípicas ancestrales, hasta la elección de determinado tipo de pareja, el modo de crianza de los niños, la práctica de una religión, etc. De este modo, los legados pueden llegar a condicionar el desarrollo, porque indican qué está bien o mal y cómo se debe actuar en cada circunstancia de la vida.

Los mandatos familiares son una constelación de códigos verbales y no verbales que es importante aprender a decodificar. Se trata de un contrato de lealtad familiar invisible, asumiendo ideas que nos parecen incuestionables, pero que en realidad deben serlo. Respondemos con miedo a perder el amor de las figuras de apego, ya que nadie quiere ser repudiado en su núcleo. Cortar con los mandatos familiares y sociales es saludable para no quedar cautivos de un plan de vida no elegido, pero romper con ellos no es fácil. Podemos asumirlos o no, pero ser familia no implica lealtad devota, solo por compartir la misma sangre. Desafiar los mandatos del clan familiar muchas veces más que una obligación se transforma en una necesidad. Llegado cierto punto de la vida se debe comenzar a cuestionar el mundo, ya que de niños no se tiene esa capacidad, pero de adultos se debe explotar.

Las neurociencias alientan en desarrollar la plasticidad neuronal, aprendiendo a "reciclarnos" y renacer cuantas veces sea necesario. Accediendo sin máscaras a lo que da la verdadera identidad, descubriendo que todos tenemos el poder suficiente para realizar lo que queremos genuinamente en nuestro interior. Esa es la clave para una vida plena.

Tenemos dos grandes desafíos a enfrentar: en un sentido hacia nosotros mismos. Mirarnos en ese espejo interior que nos refleja reminiscencias de nuestra crianza, revisando las propias elecciones, sin repetir acciones preprogramadas. Viviendo la vida con autonomía y libertad. Suele costar alejarse de lo conocido, de lo seguro, de aquellas voces internas que dictan qué debemos hacer de nuestras vidas. Pero es imperioso desprogramar los mandatos que recibimos, sin necesariamente estar en contra. Aprender a reconocerlos, saber que nada está inscripto de una vez para siempre, sino que tenemos la libertad de optar, siguiendo el llamado de una voz superior a la de cualquier antepasado, que es la propia voz, siempre más potente que la "voz de la sangre", para poder realizar elecciones libres, auténticas, genuinas, originales, únicas y propias. Más allá que coincida o se distancie de aquello que esperaban nuestros padres, abuelos y bisabuelos. Y un segundo eje, en dirección a nuestros hijos. Liberándolos de cuanto le hayamos inculcado día tras día, año tras año. Parece paradójico, enseñarles tanto, para luego decirles "...olvídate de todo lo que te dije, ahora, elegís vos". Se crean deseos y expectativas sobre los hijos. Pero hay una distancia entre anhelar y exigir, desear y condicionar. Es decir, un salto que va de lo sano a lo que entrampa.

Aterra pensar que venimos a la vida con ciertos condicionamientos, pero a la vez, de no haber sido por ellos, no existiríamos. Alguien desea nuestra existencia y es por ello que podemos asomar a este mundo. Pero no sólo alguien deseó nuestra presencia, sino que desearon un nombre y consecuentemente anhelaron un pensamiento sano, valores sublimes, amigos buenos, educación firme, criterios claros, estudios extensos y una descendencia prolífica. Y dentro de cada uno de estos aspectos, vendrán detalles y formatos únicos de cada núcleo familiar. Por lo que, curiosamente todo aquello que nos da la vida, nos condiciona, determina y perpetúa en muchas de sus facetas. Quizás, en la vida adulta, para seguir creciendo sea el ejercicio primordial: la autocrítica benévola, el darnos cuenta, escuchar otras opiniones, abrir la mente, revisar criterios, cuestionar certezas, probar caminos y desafiar historias. De eso se trata la libertad, de poder elegir, optar y reelegir. Solo así podremos torcer destinos o recalcular rutas. Haciéndonos a la mar de nuevas incógnitas y despojándonos de herencias no bienvenidas o al menos, atemporales, anacrónicas y vetustas. Es en ese preciso momento donde comenzamos a escribir nuestra varadera historia, convirtiéndonos en protagonistas de nuestra propia película. 

Opiniones (5)
12 de diciembre de 2017 | 14:19
6
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12 de diciembre de 2017 | 14:19
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  1. Biodecodificacion.
    5
  2. Por fin... coincido con usted, y felicito a sus padres.- No hay más grande gozo, que un hijo agradecido y bien aprendido, que continúe con las enseñanzas que recibió de sus padres.- Hoy... hay poco padre que pueda sentir ese regocijo.-
    4
  3. Cuantas cosas nos formaron nuestro Ego y nos alejaron del Ser. Pero particularmente un decreto me marco en el Ego y me acerco a mi Ser. La Estrella de mis padres guía mi camino. Gracias.
    3
  4. Su más grande error, es subestimar a los lectores... ¿porqué no publican mi primer comentario? Porque destrozo la nota de ustedes, y se supone que ustedes, son los que tienen el espacio para venderse como capaces................
    2
  5. Carina Saracco y Mauricio Girolamo: El que decidan censura previa conmigo, no sólo demuestra que tengo la razón, en todo lo que les dije en el comentario que no publicaron, sino que son, como dije en el comentario, gente débil de conocimientos y frágil de convicción. Ya que si lo hubieran publicado, al menos habrían aceptado el disenso, pero como excelentes teóricos de librito aprendido de memoria, o como una publicación mediocre, obtienen la satisfacción de los que son como ustedes, niegan que la vida es muy distinta, a la que ustedes pintan en su película de banalidades. Gracias, por censurar, ya que me otorgan toda la razón y lástima por ustedes, que admiten que en su oficio son unos inservibles, que ni siquiera, admiten la opinión de otro que les refuta, con más conocimientos y experiencia de vida. Sólo, les deseo, una vida como la que describo, para que les caiga el peso, de la vida, ¡de verdad, encima! No la muerte de un hijo, porque sería yo cruel, pero que en la escuela, o trabajo a sus hijos les hagan bullyng o persigan de adultos, con acoso laboral. Así, con los conocimientos de padres que ustedes tienen, nunca los sacarán de tales situaciones. Lo que relato en mi comentario que ustedes censuraron, es real, no es la película que cuentan ustedes, que es lo deseable, pero no la realidad. Es de imaginar, la clase de licenciados que son ustedes, los típicos "estudiosos" como los del conicet, que no aportan, NADA a la sociedad. Censuren de nuevo, ya me dieron la razón lo mismo al hacerlo la primera vez. Llegar a sus edades de foto, es tristísimo, ya que se creen profesionales y no saben NADA y aportan MENOS.-
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