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Invitación a encontrar charcos

"Cuando cambiás la forma en que mirás las cosas, las cosas que mirás, cambian", cita el autor del siguiente texto, inspirado por nuestra ciudad.

Invitación a encontrar charcos

El título sale de una frase que le vengo robando hace un tiempo a Wayne W. Dyer, un maestro que nos dejó en 2015. La reproduzco porque me parece una verdad y a la vez una propuesta: "Cuando cambiás la forma en que mirás las cosas, las cosas que mirás, cambian". 

No sabe muy bien cuándo se volvió tan consciente del aquí y del ahora. Debe haber sido algo progresivo, deduce. 

Plaza Independencia lluvia charcos

Su capacidad de percepción de las señales del entorno lo sorprende en cada vereda, en cada bocacalle que le ofrece su opción de cuatro rumbos. Siente como una espiral de estímulo-respuesta que se va haciendo cada vez más ancha y más compleja. Se maravilla por su nueva inserción en ese escenario ayer grisáceo de la calle y de la vida. 

Camina con energía desafiando a la llovizna, aunque sin rumbo predeterminado. Parece que dobla en cada esquina que lo invita y sigue de largo en la que no lo llama. Hasta que en un cordón de vereda casi en Las Heras y Mitre un hallazgo lo paraliza. Lo que desde siempre fue un charco, un pobre y efímero charco en la calle, en ese momento es un espejo. Desanda tres o cuatro metros su camino y lo vuelve a mirar. Es un espejo, frágil pero nítido donde puede ver todos los detalles de la imagen que refleja: el poste indicador con los nombres de las calles, la marquesina iluminada de los comercios, la gente esperando el micro... 

Charco palmeras

Lo vive como una revelación. Camina una cuadra más o dos y en cada porción de calle donde encuentra lo que durante toda su vida había sido un charco, ahora lo aborda como espejo. Lo admira, lo respeta y lo investiga. 

Hasta hoy, los charcos eran la expresión misma de la uniformidad, de la chatura. Ahora son mundos cambiantes y vitales. Ninguno se parece a otro. 

La gratitud lo inunda. Algo superior le ha dado el don de ver espejos en vez de charcos. Se va calmando mientras saborea su descubrimiento y va dejando que se dibuje con más claridad esa incógnita gigantesca que lo invade, hasta aceptarla. 

Ya lo tiene decidido. Va a publicar el relato en Facebook y preguntarle a todo el mundo si ellos también tardaron tanto en darse cuenta.

Víctor Esains

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16 de diciembre de 2017 | 05:01
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16 de diciembre de 2017 | 05:01
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