opinión

Dolores del alma: la arrolladora levedad del ser

El problema de los antiguos parecía ser el alma, el de los modernos el cuerpo. Pero no podemos reducir el alma al cuerpo, así como no podemos reducir la mente al cerebro.

Dolores del alma: la arrolladora levedad del ser

Por: Carina Saracco y Mauricio Girolamo

Licenciados en Psicología

Carina Saracco | Facebook

Mauri Girolamo | Facebook

Existen dolores que no surgen de los tejidos, ni de perturbaciones corporales, sino de memorias de sucesos dolorosos mal digeridos, de conflictos no resueltos o de brasas de incendios no extinguidos. Hablar de los dolores de la vida, es introducirse en ese mundo tan abstracto como real de la existencia humana. En este sentido, el dolor, según Descartes, "es cosa del alma", expresando la contrariedad del alma. El sentir más genuino del ser humano tiene que ver con el alma, se escucha hablar de ella como lo emocional o psicológico, pero el alma es la característica que define y convierte al ser, precisamente en "ser humano".

El problema de los antiguos parecía ser el alma, el de los modernos el cuerpo. Pero no podemos reducir el alma al cuerpo, así como no podemos reducir la mente al cerebro. Hace tiempo se ha estudiado cómo los dolores físicos tienen repercusiones emocionales y de un tiempo a esta parte se ha comenzado a estudiar el recorrido inverso, tratando de comprender la ruta que siguen las "heridas del alma" en la manifestación somática. Toda emoción negativa que invada la mente de modo persistente, tiene su correlato de impacto en el cuerpo. Así es como el dolor emocional se traduce en dolor físico. Cuando el alma duele, duele el cuerpo, la angustia ahoga la garganta, el corazón se estruja, la cabeza estalla, el cuello se agarrota, la boca del estómago se anuda. Lo emocional puede golpear en distintos frentes, desde el extremo de perder un ser querido, soportar el final de una relación o sentirse excluido socialmente. Las circunstancias de la vida atraviesan e impregnan sin distinción de sectores. Cuando sentimos dolor se activan un conjunto de áreas cerebrales. La neurociencia ha descubierto que el dolor corporal y anímico utiliza la misma matriz de conectividad en el cerebro para expresarse. Es decir que no estaríamos hablando de algo tan "metafísico". Las nuevas investigaciones han permitido confirmar que el sufrimiento emocional puede también doler físicamente, partiendo desde el mismo lugar anatómico del cerebro.

Los dolores del alma, no son bien recibidos. Mostrar estos dolores, parece no estar bien visto. Entenderlos como parte de la existencia humana, no parece tan obvio. Sin embargo, podríamos arriesgarnos a decir que quien pasa por esta vida sin sufrir estas heridas, estaría incompleto. Viviendo "por encima", sin pasiones, en un frio y simple transcurrir. Vivir realmente, implica animarse a sentir, arriesgarse, lanzarse, jugarse sin saber los resultados. Experimentar estar fuera del trampolín, dando un paso al vacío de lo que se va construyendo y definiendo sobre el andar, como los dados en el aire. Tendemos a negar, tapar y ocultar este vacío; existe la creencia y la necesidad de vivir con seguridades y estabilidades tangibles. Aterra sentir algo inesperado o no comprender lo que se siente y es ahí cuando, en ocasiones, aparece la desesperación, traducida en actos impulsivos, manotazos de ahogado o el triste abandono a la desidia.

Dependiendo de los aprendizajes vivenciados o inculcados, es como se reacciona ante circunstancias dolorosas. Existen personas que han tenido la "escuela del dolor", exhibiendo mayores y mejores herramientas para hacerle frente. Están también los que comienzan a dar sus primeros pasos, un tanto avanzados en su ciclo vital, por estos caminos y sienten que de repente cambiaron las reglas del juego, sin saber siquiera como afrontar tamaña sensación. Más allá de los esfuerzos milenarios del hombre por evitar y negar el dolor, hoy sabemos que no tenemos más que asumirlo, tolerarlo, vivenciarlo y eventualmente sanarlo. Con el dolor se madura, se aprende, se reconocen las fortalezas, sin por eso regodearse en él de un modo masoquista, inertes ante su presencia; sino permitiéndose atravesarlo, superarlo y capitalizarlo.

Es importante saber que el alma es sabia, y siempre sabe cómo curar sus dolores. Sólo hay q permitirse escucharla y ceder el paso para dejarla actuar. Los dolores de la vida no se resuelven con extremos, de ahí la importancia de gestionar nuestras emociones día a día, estableciendo prioridades y marcando plazos. Es importante comenzar con objetivos factibles, llevados a cabo a corto plazo, estableciendo metas viables. Pudiendo contactar con uno mismo y aprendiendo a reconocer los propios límites, en base a los recursos disponibles que nunca son infinitos. Ser conscientes hasta dónde se puede llegar y repartir adecuadamente el tiempo de acción para su ejecución, encontrando instantes de diario contacto personal, otorgando calidad a esos momentos de encuentro con uno mismo, aliviando la tensión entre el deber ser y el verdadero ser. Enriqueciendo también los vínculos con quienes rodean mi existencia y le dan un sentido particular y único. El contacto con los demás y el desarrollo de nuevos círculos sociales, también serán parte de la cura. Constituyendo la medicina necesaria que ayudará invariablemente a reparar los daños que impactaron en el alma. Compartir y sentirnos acompañados, tanto desde el dolor como desde el disfrute de lo sencillo y cotidiano, serán pociones primordiales para la recuperación.

Quizás tengamos que estar agradecidos de la contradictoria idea de sentir al alma penar. Pues hay quienes no sufren tanto. Esos son los que no se comprometen tanto, no se juegan tanto, no aman tanto. Richard Bach decía que "mientras más hondo cave la pena en el corazón, más lugar tendrá para la alegría". El dolor es trasgresor, no se deja doblegar y por eso cuando aparece se hace sentir de forma arrolladora, atraviesa el cuerpo y la mente, aunque algunas cosas se comprenden. Pero el dolor también enseña quiénes somos, de dónde venimos y dónde es que vamos, es un sensor que indica cuán cerca o cuán lejos se está de los propios deseos, necesidades, intereses y motivaciones. Todo indica q el dolor del alma es una suerte de guía o brújula, que denuncia los desvíos del camino. Consecuencia inevitable de avanzar teniendo que elegir entre las opciones, sin saber de antemano qué resultará. Lo que hay que saber es que el dolor pasa, nos deja exhaustos, mal heridos y hasta temerosos. Pero siempre es el preámbulo de un nuevo comienzo, partiendo de un aprendizaje más profundo del propio ser. Ese es el ciclo. Elegir, comprometerse, jugarse, sentir y oportunamente perder; para luego resurgir, rearmarse y volver a sentir la alegría de estar en el curso de la vida.

Opiniones (3)
24 de noviembre de 2017 | 22:20
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24 de noviembre de 2017 | 22:20
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  1. El alma no existe sino sólo en una corporización verbal de su existencia. No es real, no es posible definirlo científicamente, no es palpable. No existe y como hay aspectos sustanciales de la "mentalización" de los hechos que el ser humano hace, a los que no es posible ubicar dentro de un ámbito preciso de su "inteligencia" inmanente, entonces creó "el alma". Así como para otros factores imposibles de explicar se crearon sofismas tales como "paraíso", "dios", "religión". Igual de inexistentes, irreales y cercanos a expresiones de paranoicos. Quien esté más evolucionado tendrá más posibilidades de sortear los inconvenientes lógicos de la existencia humana. Luego hay comprobaciones científicas que determinan la existencia de más de un cerebro y ello es de fácil conocimiento hoy en día. Está el cerebro principal y ampliamente conocido y están los cerebros en los aparatos digestivo y circulatorio, con centro en el estómago y el corazón. Por lo que bien puede haber otro en el sistema reproductivo que esté ubicado cerca de los genitales. Todos interconectados y relacionados entre sí, con sus respectivas neuronas y fibras transmisoras-recetoras de información. Nada del otro mundo, nada para volverse loco. Simplemente reacciones físicas desde ángulos cerebrales diferentes. Si quien tiene alzheimer continuara con "alma" en su cuerpo, entonces seguiría sintiendo lo mismo que sentía antes de padecer dicha enfermedad, pero no es así. Todo lo aquí mencionado está determinado por ser cierto para humanos no evolucionados. Quien evolucione sentirá que lo analizado cada vez se aleja más de su realidad. Entre más cercano al primate, más cerca de creer en cosas tales como "alma", "religión", "dios", "paraiso" y tantas sandeces que le hacen muy mal a la humanidad.
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  2. Unidad sustancial de cuerpo y alma. Así definían al hombre los antiguos. Hemos tardado demasiado en darnos cuenta que sabían mucho los antiguos, aún sin tanto avance "científico" como el que creemos tener los modernos.
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  3. Así como estoy seguro de que el alma puede enfermar el cuerpo y el cuerpo al alma, no lo estoy de que puedan sanarse a la inversa.
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